Una nueva forma de colonizar

junio 9, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

No hay recetas ni fórmulas que tengan la aceptación mundial para que un país emerja del subdesarrollo al progreso rutilante como lo lograron en su momento dos naciones ejemplares como son Taiwán y Singapur. Ambos países tuvieron como denominador común el tipo de gobierno, Taiwán con el Generalísimo Chang Kai Chek y Singapur en el líder Lee Kuan Yew, prototipos de dictadores democráticos que sostuvieron una línea de gobierno a largo plazo, con 25 años al frente de la dirección de cada país. Ambos gobernantes le declararon la guerra a la corrupción pero para lograrlo establecieron normas cuasi dictatoriales a las que los ciudadanos de los dos países se adherían en forma obligatoria.



Al mismo tiempo, Taiwán y Singapur, además de apostar por la educación, adoptaron el capitalismo como sistema económico, sin ninguna clase de resistencias ni mutilaciones y aunque con ciertas regulaciones no tuvieron controles absolutos, con lo cual los inversionistas extranjeros al ver aquellas democracias pragmáticas apostaron sus capitales al encontrar horizontes seguros en ambos países. Taiwán y Singapur hoy son naciones prósperas, con desarrollo económico garantizado por la seguridad jurídica que garantiza desde un principio que los inversionistas no tengan encima el control absorbente de los mecanismos autoritarios.

Caso sorprendente es el de Cuba, cuyo gobierno de corte autoritario acogió una zona especial de desarrollo en el Puerto de Mariel, donde una gran cantidad de empresas extranjeras se instalaron desde hace varios años, gozando de la independencia que les otorga el gobierno de Cuba, logrando un desarrollo impresionante en el que se favorecen: gobierno, empresarios y ciudadanos. El gobierno cubano de corte comunista no le puso reparos a la inversión extranjera, y desde un principio le dio la bienvenida a la Zona de Desarrollo de Mariel, que ahora luce esplendorosa y cada vez más extendida. Ningún gobierno es tan receloso para cuidar su territorio como el cubano, todo aquello que huele a colonización no tiene cabida en la isla. Sin embargo e gobierno cubano no hizo alharaca en contra de los inversionistas, por el contrario les abrió las puertas y hoy la ZEDE de Mariel luce impresionante.

En Honduras, donde el sistema democrático tiene distintas formas para autorregularse, a la vez tiene la enorme debilidad de que las críticas públicas y privadas se vuelven contra el interés nacional, cuando todo es visto a través del prisma política, con el fin de impedir que proyectos de gran dimensión se concreten, porque la cuestión es que si no se da participación a los mismos de siempre los nuevos proyectos no sirven y hasta terminan declarándolos como inconvenientes para el interés nacional.

En El Salvador, el gobierno de Nayib Bukele se propone desarrollar una ZEDE gigantesca pero como tiene el control mayoritario en la asamblea, nadie se lo impedirá. En Honduras, el gobierno autorizó varias zonas de desarrollo, en medio de una andanada de críticas, la mayor es que el territorio se está vendiendo por pedazos, y que en las ZEDE no habrá garantía para los trabajadores. Y, como no se permitirán sindicatos, las ZEDE están siendo demonizadas como un infierno. Y de remate la ONU, con su enorme poder supranacional se ha pronunciado en contra de este tipo de inversión, con un alarde de hipocresía insuperable porque entre los países que integran este organismo están China, Rusia y Cuba, sobre todo este último, que no tendría razones de oponerse a las ZEDE en Honduras, teniendo en la zona de Mariel una ZEDE de gran tamaño.

Este pronunciamiento de la ONU no es inocente, porque desde el consejo de seguridad se ha creado una estrategia contra todo lo que huele a capitalismo, aunque varios de sus miembros de la forma más hipócrita no pueden ocultar que viven del capitalismo. No hay moral en la ONU para calificar de colonización a las grandes inversiones internacionales que se acogen a los beneficios y atractivos que encuentran en los países que buscan crecer atrayendo capital extranjero de gran nivel. La ONU se caracteriza por el manoseo que hace de los asuntos internos de los países que tienen el derecho de realizar sus proyectos nacionales con la participación de capital extranjero. Estos inversores buscan, además de seguridad jurídica, que los gobiernos les concedan beneficios que sean atractivos para desarrollar empresas que se convierten en fuente generadora de empleo.

Por supuesto que toda relación entre el gobierno y las ZEDE debe ser transparente en lo que se relaciona el poder político con el sector empresarial, pero lo que debe escribirse en blanco y negro para que no quede ninguna duda es que las ZEDE se rigen por un esquema legal que no permite intromisiones que interfieren en el funcionamiento de las empresas. Ningún inversionista querrá traer capital a Honduras o a cualquier país en el momento que sepa que la empresa quede supeditada a las directrices de un sindicato.

La ONU, con sus puertas giratorias de las que solo tienen llave China y Rusia, hace mal en interferir en las decisiones que corresponden por asunto de soberanía a las autoridades de un país. Querer manosear el destino de los países que hacen lo propio por buscar salidas a su subdesarrollo es una pésima tarjeta de presentación, sobre todo en una época donde una crisis sanitaria sin precedentes agravada por fenómenos naturales imprevisibles como los huracanes, hacen difícil la recuperación económica sin el apoyo internacional de los grandes países que supuestamente son nuestros aliados, no digamos de organismos como la ONU que son verdaderos elefantes blancos que no aportan ni apoyan a los países pequeños como el nuestro.

Hace mal la ONU en internacionalizar la intromisión, esta clase de intervencionismo es incompatible con la necesidad que tienen estos países de generar riqueza por medio de la actividad comercial en gran escala para generar empleo para la gente.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 9 de junio de 2021.

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