Un somocismo con Ortega a la cabeza

junio 4, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La población joven seguro que no sabe quién fue Anastasio Somoza en los años 60 y 80, y como su dictadura incidió dentro y fuera de Nicaragua. Una revolución impulsada por jóvenes marxistas lo derrocó con bastante apoyo internacional, que sentía fastidio contra una dictadura oprobiosa que por décadas mantuvo sometido a los nicaragüenses, a vivir en un país que funcionaba como una hacienda privada de la familia Somoza. 43 años después, Daniel Ortega, que fue uno de los líderes de la revolución sandinista que derrocó a Somoza, comete las mismas atrocidades somocistas, y se perpetúa en el poder usando las mismas artimañas, eliminando a la oposición, controlando los medios de comunicación y persiguiendo y encarcelando a los líderes que le pueden sacar del poder.



La última atrocidad que ha cometido Daniel Ortega con su mujer Rosario Murillo, es enfilar las baterías acusatorias contra Cristiana Chamorro, la candidata opositora que lo podría sacar del poder en elecciones libres, que es imposible que puedan darse teniendo Ortega el control absoluto de todas las instituciones de Nicaragua. Ortega tiene algo peor que no tuvo el dictador ‘Tacho’ Somoza, tiene a su lado como esposa a Rosario Murillo una mujer que es apasionada por el poder y la brujería, y quien además de manejarse en un comportamiento sumamente extraño, está verdaderamente enloquecida por tener el poder absoluto para manosear a su antojo todas las instituciones y el dinero del país.

Para Rosario Murillo, Nicaragua es un club familiar, en el que nadie puede coser un calcetín sin el consentimiento de ella y de Daniel Ortega, ambos han hecho de aquel país un monopolio cerrado donde la oposición está abolida, de manera que el poder es un ejercicio exclusivo de concentración de controles de todo lo que hay en Nicaragua. Cada año los Ortega han venido regulando los estamentos electorales al grado de que no pueda surgir un adversario que sea capaz de vencerlos y sacarlos del poder. Pero, esa misma obstinación tenía Somoza en los años 60 y 70, de manera que cuando uno llegaba a Managua sentía el olor a opresión. La persecución era constante y de manera abierta, y los que llegaban a Nicaragua y tenían la osadía de criticar a los Somoza, de inmediato eran recriminados por los agentes somocistas que estaban camuflados por todos lados.

Ese mismo vapor se esparce hoy por toda Nicaragua, nada más que los dictadores de ahora son los que en los años 70 odiaban a la dictadura de Somoza. Hoy, de perseguidos, Ortega y Rosario pasaron al papel de implacables perseguidores, no queriendo dar la mínima oportunidad a Cristiana Chamorro de que los pueda vencer en las elecciones. La paradoja de la vida, es que el padre de Cristiana Chamorro, el periodista Pedro Joaquín Chamorro, ofrendó su vida por apoyar la revolución sandinista encabezada por Daniel Ortega, siendo asesinado por un esbirro somocista que le disparó a quemarropa en pleno centro de Managua por orden del dictador Anastasio Somoza.

A la vuelta de los años los papeles se han invertido, Somoza fue asesinado en Asunción, Paraguay por grupos extremistas afines al sandinismo, y su perseguidor revolucionario Daniel Ortega ha asumido el papel de dictador implacable, impidiendo que la hija de Pedro Joaquín Chamorro, pueda postularse como candidata para las próximas elecciones, en las que Cristiana Chamorro podría derrotar a Daniel Ortega en las urnas. No conforme con acusarla con una sarta de falsedades, Ortega y su mujer ordenaron a los tribunales que mantienen bajo su absoluto control, que dictaran orden de captura contra Cristiana Chamorro para asegurarse que desde la cárcel quede inhabilitada.

Hacemos referencia a esta pesadilla dictatorial que de nuevo ensombrece la vida de los nicaragüenses, para sentirnos dichosos en Honduras, por estar a seis meses para elegir a un nuevo gobierno mediante un proceso democrático en el que mediante el voto los hondureños acudiremos a las urnas en absoluta libertad para votar sin presiones por el partido o por el candidato que nos simpatice. Esta es la diferencia que los hondureños debemos saber apreciar: disfrutar de un sistema de vida en el que no hay persecución contra nadie por sus ideas ni por su militancia política. Ese orgullo de pertenencia que nos permite la democracia debemos defenderlo participando en los procesos electorales, no cometiendo el error de quedarnos en casa, rehuyendo la responsabilidad cívica. Estamos seguros que los nicaragüenses nos envidian, porque quisieran tener la oportunidad que tenemos los hondureños, de elegir a nuevas autoridades en un clima de absoluta libertad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 4 de junio de 2021.

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