Trump, el retorno: los blancos y los evangélicos

febrero 1, 2021

Juan Ramón Martínez

Tal como se ha insinuado, Donald Trump buscará la nominación republicana. Querrá lograr lo que solo Cleveland ha conseguido: regresar a la Casa Blanca, después de haber perdido la reelección. Aunque los pronósticos son reservados y faltan más de tres años para ello, es seguro que, el movimiento, como él lo llama, seguirá entusiasmado durante un tiempo más. Especialmente si los demócratas no hacen las cosas bien; o, los republicanos se sienten amenazados en sus ideas tradicionales por un socialismo a la americana, que Biden y su equipo, le impongan a los Estados Unidos.



La base política de Trump es fácilmente identificable. Son blancos, evangélicos y racistas. Lo primero no es su culpa. El miedo que experimentan – que puede compararse con el que sintieran probablemente los partidarios de Leclark, de Sudáfrica ante el avance negro de Mandela – tiene que ver con su reducción relativa, frente al crecimiento poblacional de otros segmentos raciales de los Estados Unidos. Los blancos serán una minoría en 25 años, superada por los latinos, los negros e incluso, por los musulmanes. Por ello, sus posturas políticas los aproximan mucho a los evangélicos: supremacía de lo sexual frente a lo social, e incluso a los latinos que establecidos en Estados Unidos han abandonado los valores católicos de la piedad, la misericordia y la comprensión hacia los más pobres. Frente a estas posturas, los evangélicos latinos – igual que los blancos pobres y un segmento mínimo de negros – apuestan por la teología de la prosperidad. La tesis de la salvación, inspirada por Calvino en gran parte, es que Dios, aunque nos ama, no nos llevará a su lado, a todos. Y como no se conoce de su voluntad porque es inexplicable, la única señal es el éxito en la tierra, de modo que, los que tienen resultados económicos singulares, tienen de consiguiente, asegurado el cielo en la ilimitada vida eterna.

Aparentemente, esto no tiene nada que ver con nosotros. Sin embargo, hemos visto que nadie es una isla. Lo que pasa en un lado, tiene efectos en todo. Por ello, los temores ante el católico Biden, más interesado en los pobres, en el medio ambiente y en la igualdad entre los hermanos, los evangélicos no pueden evitar sentirse amenazados. Y ni siquiera en Honduras, donde en los últimos 8 años, han tenido un crecimiento espectacular, tanto en feligresía, como en su influencia en la dirección del gobierno. Dos hechos valen la pena para sostener este análisis: el primero es que Solórzano, que desde jardinero, ha pasado a influyente vocero del actual gobierno para recalar en una desconocida jerarquía que lo eleva a la categoría de Obispo, cargo que los evangélicos hondureños, no sólo rechazaban hace algunos años, sino que responsabilizaba por todos los males de la praxis cristiana. Ahora, JOH tiene a su lado, un obispo no consagrado; pero obispo al fin y al cabo, que le orienta, lo anima, le da legitimidad y le permite vincularse con el influyente entramado evangélico fundamentalista de los Estados Unidos. No debe sorprendernos que, frente al distanciamiento de los católicos que se han mantenido alejados e incluso confrontados con el régimen actual, ahora tienen en la Casa Blanca a un hermano suyo, el Presidente Biden, con el cual presionar e incluso arrinconar, a la actual administración de Hernández Alvarado.

El segundo hecho que vale la pensar considerar, es la premura con que el Congreso Nacional blindo el tema del aborto que, en nuestro país su práctica legal, solo es apoyada por una minoría y cuenta con el respaldo de los órganos de las Naciones Unidas. Oliva es posible que, incluso, no le de importancia política. Solo quiere cerrarle el paso a quienes le descalifican como candidato del Partido Nacional. Pero esto no es todo. Relacionado con el tema, lo que más llama la atención, es la conversación con Almagro, secretario General de la OEA, que efectuarán los evangélicos encabezados por Osvaldo Canales – uno de los grandes del protestantismo hondureño – para anticipar, –a mi juicio, en un lugar equivocado–, una barricada para oponerse a los que pretendan evitar que la medida aprobada en el Congreso, pueda tener larga vida. El temor no me parece extraño. Lo que no entiendo es porqué ir a la OEA, cuando la oposición no está allí, sino que en la ONU.

Finalmente, lo que hay que esperar es que, mientras los evangélicos, emulando a los seguidores de Trump, se hacen un nudo alrededor del aborto, los católicos hondureños, le harán segunda al departamento de Estado de los Estados Unidos, en el tema de la lucha contra la corrupción. Y aquí, contrario a los Estados Unidos, los católicos hondureños, tienen más respaldo. El que puedan retomar una segunda acción de ¡Basta Ya¡, puede ser muy dañina para los evangelicos, porque si pierden el espacio político que han ganado hasta ahora, tendrá que ubicarse cada día más a la derecha, afectando su membresía y dejando vacío el cómodo espacio en donde han navegado en estos últimos dos periodos del Partido Nacional.

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