Nueva política exterior

marzo 22, 2021

Juan Ramón Martínez

Honduras enfrenta dos retos que le obligan a responder en forma creativa. El primero, es de carácter externo absolutamente: el escenario internacional, como efecto de la elección de Joe Biden para dirigir a los Estados Unidos, ha provocado un retorno al multilateralismo y dentro de este, regresó a una bipolaridad que, en algunos momentos dan la impresión que hemos regresado a los tiempos de la guerra fría y del obligado alineamiento. La segunda, aunque la respuesta es externa, tiene que ver con el desprestigio de nuestros líderes, la poca confianza que provocan las instituciones a los analistas internacionales, de Estados Unidos y de Europa. Tanto del plano gubernamental, como en los sectores privados, especialmente analistas, expertos profesionales y medios de comunicación.



Aunque lo primero es fruto de un cambio y lo segundo de la incapacidad para cambiar y ganar el respeto internacional, las dos situaciones apuntan al diseño de una nueva política exterior que defina nuestros objetivos, aclare las visiones deformadas que provocamos y que se hagan rectificaciones profundas, incluso sacrificando idealizaciones infantiles, para obtener respeto internacional. Sin el cual, el país no tiene futuro, y su población, orgullo y fuerza para recuperar la iniciativa y fortalecer la soberanía popular.

Todo lo dicho anteriormente es fácil. El problema es que la Cancillería hondureña, en vez de crecer en dirección hacia el profesionalismo, se ha convertido en una capilla de autocomplacencias y en un fondo para darle gusto a las necesidades familiares de los hombres y partidos que gobiernan y han gobernado el país. Si la Cancillería tuvo sus buenos momentos con Esteban Mendoza; y logró su nivel más alto en 1992 con el triunfo en la Haya, ahora tenemos una empleomanía “amanerada”, leal a sus privilegios, enamoradas de sus anticuadas visiones y, lo peor, sin compromiso con objetivos nacionales claros que lograr. Hasta 1992 y posiblemente unos años más, tuvimos claro que el objetivo era definir los límites fronterizos y ocupar espacios en los organismos internacionales, para defender los intereses de la población más frágil. Desde los 80 del siglo pasado, nuestros intereses se confundieron con los de Estados Unidos. En el principio, el objetivo que partía de una unicidad de objetivos entre la gran potencia y nosotros, el enemigo era el comunismo. Ahora, es el narcotráfico, y los que lo usan para enriquecerse.

En los ochenta del siglo pasado, pusimos a nuestras Fuerzas Armadas y nuestras autoridades, al servicio del apoyo a la contra revolución nicaragüense y para la protección de la retaguardia del ejército salvadoreño. Nadie fue acusado de estar haciendo doble papel. O recibiendo sobornos de los sandinistas nicaragüenses; o de sus aliados castristas, soviéticos y libios. Más bien, Álvarez Martínez, Paz Barnica y Suazo Córdova fueron señalados como demasiado entregados, con el ánimo de ir más delante de donde Estados Unidos quería llegar. Mientras ellos querían obligar a los sandinistas para que hicieran elecciones, algunos líderes nuestros, de repente con mayor acierto anticipatorio, querían eliminar al sandinismo. Al final, se impuso el pragmatismo estadounidense y Honduras se quedó con las sobras, sin firmar un pacto que diera continuidad al apoyo económico, después que los sandinistas dejaran el poder. Y Álvarez, retirado del mando, porque se había creído, el líder que podía determinar los objetivos de Honduras, sin consultar a los Estados Unidos. Fue considerado exagerado, neurótico y paranoico; pero leal.

Ahora las cosas son juzgadas en forma diferente. Los amigos más fieles de Estados Unidos en el país, dudan de la sinceridad de los líderes gubernamentales, encabezados por JOH, insinuando que han jugado a los dos bandos: trabajando para Estados Unidos y también para los narcotraficantes. A Alvarez Martinez lo defenestraron sin afectar el estado de derecho, porque se presentó como un tema de las barracas y no del estado de derecho. En cambio, ahora, la disputa es quien sirve mejor a los Estados Unidos en su lucha en contra de los narcotraficantes: si las autoridades gubernamentales actuales; o sus enemigos que, sin parar mientes, están dispuestos incluso a defenestrarlas, o entregarlas a los fiscales de los Estados Unidos, para ellos tomar el poder. Justificados en la creencia que no lo podrán sacar del poder, mientras siga contando con el respaldo de los Estados Unidos.
Frente a esta situación, es necesario, una nueva política exterior. El problema es que la Cancillería, tiene al frente de este asunto a una persona, incompetente que, ni siquiera logra conseguir el respeto, de los pocos compatriotas que conocen de su existencia personal.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *