Nueva política exterior

abril 12, 2021

Juan Ramon Martínez 

Por enésima vez, insistimos que Honduras debe desarrollar una nueva política exterior. No por
capricho, sino por dos razones: el entorno internacional ha cambiado y el discurso que hemos
manejado hasta ahora, es inadecuado. Porque reclamar favores por lo hecho, en una actitud de
inferioridad, pidiendo en forma implícita que nos perdonen los pecados de ahora, por los
servicios como sirvientes en la defensa de los Estados Unidos, tiene poco valor y dignidad. Y,
además, porque ese cobro posterior al servicio cumplido,- que ni las hetairas rurales se permiten-
– tiene un error básico: descuida los intereses de Honduras. En cualquier política exterior, se parte
del supuesto que todos los negociantes tienen intereses que defender, al tiempo que tienen bajo
la manga, algo que ofrecer a cambio.



Creo que conviene aceptar – para los expertos desconocidos que tenemos en el diseño de este
tipo de políticas – que somos satélites de Estados Unidos; que nos movemos en el interior de sus
políticas y que, aunque nos dé vergüenza, somos su patio trasero, en donde votan sus aguas
servidas y los desperdicios que sobran de sus mesas generosas. Y que ellos, tienen en su condición
de imperio que lucha por defender su condición de tal, intereses bien definidos que siendo fruto
de sus visiones interiores defienden en sus relaciones con sus adversarios, amigos, aliados o
sirvientes, como es el caso nuestro. Y que, en el manejo de esas visiones interiores, hay tres
núcleos organizativos que tener en cuenta: la Casa Blanca y el Departamento de Estado, la DEA y
el departamento de justicia, y el Congreso, integrado por la Cámara Baja o de Representantes y el
Senado. Y hay que aceptar que por el hecho te atravesar situaciones desafortunadas, algunas
evidentemente delictivas, los intereses del Congreso y la Justicia, están alineados en contra de
Honduras, lo que obliga al Departamento de Estado y el Pentágono a manejarse con cautela con
nuestro país, evitando hasta donde sea posible mostrarse confiados, amistosos y colaborativos. Si
comparamos la actitud de los Estados Unidos en la década de los ochenta del siglo pasado, con la
de ahora, hay un abismo de diferencias. Entonces, había más respeto. Ahora se nota cierto enfado
y desconsideración. Mientras antes nos abrumaron de apoyos, promesas y donaciones, ocupando
a cambio nuestro territorio, ahora discretamente nos evitan, nos dejan que nos coman los buitres
que buscan carroña en los países pobres, mientras siguen usando nuestro territorio para proteger
la cantidad y la calidad de la cocaína que necesitan para satisfacer la demanda de su población
adicta de estas drogas.

Entonces, conviene un análisis de los que tenemos y ellos necesitan, para compararlo con lo suyo y
la posibilidad de complacernos mutuamente. Por supuesto, sin olvidar que estamos en una
posición comprometida con la justicia de los Estados Unidos, por la deficiencia de nuestro sistema
local, la corrupción de la policía y algunos políticos, vinculados con las altas esferas del poder. Ellos
necesitan de nuestra cooperación. Honduras es clave porque somos la autopista de la droga que
les ingresa a su país. Tenemos la base militar de Palmerola que necesitan para proteger al canal
de Panamá y contamos con la fuerza militar y policial que una vez depurada, puede hacer, bajo
protocolos acordados, las tareas de contención correspondientes.

Si entendemos que una política exterior tiene como punto de partida la búsqueda de intereses
diversos pero complementarios en la acción de los países contratantes, podemos dar el primer
paso a la negociación en que se cede; y a cambio, se consigue lo que satisface los intereses
nacionales. Sabiendo que no se puede ceder, de lo que si es factible. Seguir como hasta ahora, en
que vamos a pedir a 4.000 millones de dólares para nuestra reconstrucción, a cambio de no saber
que lo que pagaremos en la protección de los intereses de Estados Unidos, es una ingenuidad. No
se puede negociar desde una postura de inferioridad. Es necesario, mantener incluso como ficción
diplomática, que se trata de dos estados iguales que, vía la negociación, se hacen mutuos favores
e intercambian recursos, protegiendo en la medida de lo posible, los intereses de cada uno de los
estados contratantes. Las negociaciones de los ochenta del siglo pasado, fueron equivocadas. Los
resultados que obtuvimos, solo fueron de corto plazo. Pero en comparación de las que exhibe el
país actualmente, aquellas son una muestra de donde aprender. Pero para ello se necesita los
mejores talentos del país, para de ese modo, imaginar una nueva política y exterior y, por
supuesto de hábiles negociadores. Ellos tienen a su Ricardo Zúniga Harris. ¿Y nosotros, a quien
tenemos? A nadie.

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