No hay que temerle al mérito

junio 7, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Una de las debilidades humanas que constituye un campo fértil para el resentimiento es el temor de reconocer el mérito de las personas que han desempeñado una tarea importante, producto de los resquemores que hay en aquellos que se resisten a admitir que un compatriota ha tenido un gran desempeño al frente de una empresa o institución del Estado. Cuando la entonces rectora Ana Belén Castillo me invitó a participar en las jornadas de la reforma universitaria, a comienzos de los años 2000, pude percatarme que aquel evento marcaba un hito histórico en la vida de nuestra Alma Máter, que no se le ha reconocido a la distinguida profesional. En las deliberaciones del grupo en que me tocó participar sugerí que era vital la incorporación de representantes del sector privado en el Consejo Universitario, partiendo de que la Universidad Nacional debería proponerse como meta esencial formar y graduar los profesionales que necesitan las empresas.



Dijimos en aquel momento que las jornadas de la reforma universitaria se quedarían en papel mojado si al frente del Alma Máter no se colocaba a profesionales capaces y de temple para llevar la reforma a una feliz realidad, por eso, cuando surgieron los nombres de políticos para ocupar la Rectoría nos opusimos de manera tenaz hasta impedir que la UNAH siguiera siendo el reducto de un partido político. El día en que mi amigo Armando Euceda, profesor universitario, me llamó para preguntarme mi humilde opinión sobre la postulación de Julieta Castellanos para la Rectoría, no dudé un segundo en responderle que aquella postulación era lo más afortunado que podía ocurrir. Contaba mucho su trayectoria como profesora y su carácter profesional serio, en un momento que la Universidad Nacional era dominada por completo por el sindicato de trabajadores que se había erigido como dueño del campus universitario, por cuya aprobación debía pasar todo lo que concernía a la comunidad universitaria, llegando al extremo de interferir hasta en la vida académica, todo porque varios miembros del sindicato eran profesores en diferentes carreras.

El ingreso de Julieta Castellanos en la dirección de la vida universitaria puso las cosas en su lugar en el Alma Máter, y una de ellas fue hacer que el sindicato no pasara más allá de su ámbito, que era velar por los derechos de los afiliados, cosa que costó mucho que los dirigentes del SITRAUNAH reconocieran, estando acostumbrados a decidir hasta el manejo del presupuesto de la UNAH. Aquella misión no fue fácil, porque nada es más complicado que desterrar el statu quo de una organización que se apodera de una institución de tanto arraigo y tanta importancia en la vida del país como es la UNAH. Y además, porque el SITRAUNAH tenía sus aliados y simpatizantes, por asuntos ideológicos o de simple amistad, que era todo un abanico que respaldaba al sindicato, aún a sabiendas que se volvían cómplices de una organización sindical que entrañaba el mal y el deterioro de la UNAH.

Contra todos ellos la rectora Julieta Castellanos libró una lucha titánica con el respaldo de los sectores conscientes que acuerparon la recuperación del Alma Máter para volverla una verdadera academia universitaria y quitarla de manos sindicales que mantenían atrapada la Universidad Nacional para colmar sus ventajas particulares y las del sindicato. El costo fue enorme para la rectora Castellanos, que desde el primer día sufrió la embestida de aquel sector que se había ensoberbecido actuando con ánimo de dueño de la UNAH, todo porque se le había permitido de parte de las autoridades anteriores, por no querer problemas con el poderoso sindicato.

Fuimos otros sectores de la sociedad los que expusimos a la rectora Castellanos que debía continuar por otro período para seguir impulsando las reformas universitarias, y cuando aceptó asumir el segundo período nos advirtió que se corría el peligro de que los feroces remanentes del SITRAUNAH se sintieran tocados en lo profundo de su ego, hasta con intención de incendiar la ciudad universitaria, y si no concluyó su segundo período fue para contribuir a la tranquilidad de la comunidad universitaria donde aquel grupo radical resurgió destilando odio contra el resto de la sociedad. Sin embargo, la vasta obra académica y material que dejó la rectora Julieta Castellanos es impresionante e incuestionable, está a la vista, por lo que resultaría prolijo describirla.

Cualquier auditoría pública a su gestión de más de 4 años al frente de la UNAH solo serviría para dar un vuelco necesario y preguntarse ¿por qué en el período de Julieta Castellanos se hizo tanta obra material y académica con el mismo presupuesto que ha tenido el Alma Máter? Por eso creemos que al momento de anunciar la Doctora Julieta Castellanos, su retiro definitivo de la vida universitaria, el mejor premio que se le puede dar por el buen trabajo realizado en la UNAH, es hacer relevancia del gran esfuerzo profesional que hizo para dejar a la UNAH ubicada en la ruta de un futuro mejor que corresponde sostener y de ser posible mejorar a las autoridades que la sustituyeron.

Honrar a una profesional hondureña que con capacidad, fervor y entusiasmo acometió la gran tarea de empoderar la reforma universitaria en la UNAH sin duda que honra. Nuestro reconocimiento intenso a la rectora Julieta Castellanos. ¡Deseamos que le vaya bien por los nuevos derroteros que se ha trazado en su vida!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 7 de junio de 2021.

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