No estamos en Jauja

junio 16, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Si Honduras fuera un país en bonanza y en prosperidad, donde sobraran las inversiones, donde hubieran empresas boyantes a la vuelta de la esquina de cada ciudad, donde hubieran tantos empleos que los hondureños se dieran el lujo de descartar entre los muchos para escoger el que mejor les pareciera, no habría lugar para ninguna duda ni para rechazar las mejores inversiones que se disputaran a nuestro país como punto de inversión. Pero no estamos en esas condiciones, porque lo que vive Honduras es una situación desesperante por todo lo que ha pasado, por todo lo que no han hecho los gobiernos, por las indecisiones de los políticos, por la falta de liderazgo de instituciones como las universidades que se supone que son faros que deberían alumbrar a la nación para proponer soluciones, y en general porque teniendo una economía muy pequeña, el sector empresarial hondureño no abunda en capacidad para hacer inversiones fuera de serie que generen empleo masivo.



Estamos sumergidos en un debate ultramontano entre los pocos que creemos que el Estado debe abrirle las puertas a las grandes inversiones para propiciar la generación masiva de puestos de trabajo, y los numerosos sectores, que están manifestando una oposición tenaz a que funcionen las zonas especiales de desarrollo, dizque por la violación a la Constitución de la República, que no permite en su articulado que se destartale el territorio hondureño. En tiempos de campaña política es muy fácil apelar al patrioterismo, con los clásicos argumentos de defensa de la soberanía, cuando este aspecto sagrado no está en juego en ningún momento con las inversiones extranjeras, porque los beneficios que el Estado les otorga para invertir no llegan al destartalamiento del territorio nacional.

Se está jugando mucho con las verdades a medias que por lo general son soberbias mentiras, haciéndole creer a la opinión pública que las autoridades están repartiendo el territorio a pedazos, una afirmación tan temeraria como falsa, porque el territorio no es algo volátil que se pueda meter en un maletín o en un furgón para llevárselo a otro lado. Pero, como hay numerosos políticos opositores, muchos profesionales expertos en la teoría, pero que ignoran lo que es crear puestos de trabajo, y hasta organismos internacionales como la ONU que son elefantes blancos, que no ayudan ni dejan que los países pobres tomen sus propias iniciativas para crear mejores condiciones de bienestar para sus habitantes, tenemos a un verdadero aluvión en contra del funcionamiento de las zonas especiales de desarrollo.

Sería bueno que todas estas personas, entre los distintos profesionales y los políticos opositores, hicieran un breve compás para que conozcan y analicen el caso de la Zona de Desarrollo de Mariel en Cuba. Pregunten por qué un gobierno de corte comunista como el de Cuba le abrió las puertas a decenas de grandes empresas que hoy están ampliando sus inversiones en ese país, que si bien no está en el contexto democrático, y sin embargo, cree que sin los grandes inversionistas la gente de Cuba no tendrá posibilidad de tener un puesto de trabajo bien remunerado. Pregúntenle a Bukele en El Salvador ¿por qué está montando las estructuras para la instalación de varias Zonas de Desarrollo?

Es una lástima que en tiempos de campaña política, sean los políticos que en lugar de estar haciendo propuestas para generar empleo masivo, sean los que se opongan de manera cerril a la única posibilidad que se vislumbra en el horizonte para generar empleo masivo. Es muy fácil apelar al encasillamiento tradicional de los teóricos, que se oponen con toda clase de argumentos a las grandes inversiones que son las que tienen capacidad para crear empleo masivo. Hasta ahora ninguna universidad del país ha mostrado un proyecto nacional que tienda a generar empleos para nuestros compatriotas. La UNAH engulle un buen porcentaje del presupuesto nacional, pero jamás el Alma Máter se ha preocupado por proponer un proyecto de desarrollo tendiente a crear empleo masivo para los hondureños; su cuerpo académico está plagado de teóricos que siempre han vivido disfrutando de un buen salario que tienen asegurado merced a que la Universidad es sostenida por una buena cuota del presupuesto de la República, que le es entregada puntualmente por el gobierno.

Es tiempo de llamar las cosas por su nombre, vivimos en un país donde los políticos quieren asumir el poder para vivir de la manera más cómoda, pero al asumir la dirección del país no tienen valor para tomar las decisiones ingentes que ameritan adoptarse para resolver los grandes problemas del país entre los cuales está el desempleo como principal fuente de la pobreza de millones de compatriotas. No habrá forma de reducir la pobreza para miles de compatriotas viviendo en una situación de calamidad nacional por la falta de empleo. Ningún gobierno podrá poner dinero en el bolsillo de los hondureños sin adoptar las decisiones que se deben tomar. La única forma de reducir la pobreza y la miseria es a través de la generación de buenos empleos. Quiera admitirse o no, la industria de la maquila por ahora es la única que le ha metido el hombro al Estado creando empleo masivo, por lo que es ingrato lanzar culpas y reproches a este sector que crea miles de puestos de trabajo.

No sigamos haciendo de Honduras el país de los hablantines y los inútiles, porque ninguno de estos demuestra ni capacidad ni interés por resolver el problema del desempleo, por el contrario, viven agachados solo viendo como torpedean las pocas iniciativas que aparecen como fuentes generadoras de empleo. Si aquí estuviéramos en Jauja, la legendaria región peruana donde había tanta riqueza para toda la gente, no habría necesidad de estar librando un debate desigual, entre unos pocos que sabemos lo difícil y costoso que es sostener una empresa creadora de puestos de trabajo y la multitud que sin hacer nada de su parte, viven solo para oponerse a las grandes inversiones, propiciadoras del empleo masivo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 16 de junio de 2021.

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