Necesitamos comenzar por donde debemos empezar

julio 1, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La velocidad a que se están produciendo los cambios en esta primera cuarta parte del siglo XXI es mucho mayor que como ocurrieron en el siglo pasado, y cuando parecía que la pandemia del coronavirus frenaría la marcha transformadora de la creatividad humana, la humanidad ha demostrado que con trabajo, voluntad, dedicación y talento, no hay desafío imposible. Para los hondureños, que podríamos no contar en este escenario por nuestras condiciones que están determinadas por la gran cantidad de limitantes, nadando siempre contra la corriente que es como nos gusta vivir, pareciéramos no entender que estando todavía sumidos en el subdesarrollo, el primer gran paso que todavía no hemos dado es reincorporar a nuestra niñez y a nuestra juventud en el sistema educativo.



Al escuchar a nuestros más distinguidos profesionales, expertos en educación, disertando desde las alturas, hablando en el plano de las aspiraciones de los países desarrollados donde se lamentan estar educando a las nuevas generaciones para un mundo que ya no existe, desde mi modesto punto de vista creo que es incongruente que los hondureños nos traslademos a ese nivel, manejando un discurso demasiado pretencioso, porque en el mundo de la educación con el atraso que tenemos en Honduras es posible que hasta seamos un país inexistente. Como decíamos en un comentario anterior, la ubicación de nuestra UNAH entre las mejores 1,300 universidades del mundo, más pareciera que fue obra de un golpe de suerte, siendo que nuestro principal centro de estudios superiores no tiene fortaleza en el campo de la investigación científica, ha estado inactiva académicamente durante toda la pandemia y anterior a la crisis sanitaria permaneció semiparalizada por sindicalistas y estudiantes inconsecuentes.

Es muy importante vivir poniendo los pies sobre la tierra, es absurdo compararnos con EEUU y los países europeos, donde a pesar de tener sistema educativos de primer nivel se quejan de estar educando a sus nuevas generaciones para un mundo que ya no existe. Nuestro caso es diametralmente distinto, el caso nuestro es que necesitamos comenzar por donde debemos empezar. Nuestras escuelas públicas donde se imparte la educación a la mayor parte de la niñez y juventud hondureña, están cerradas desde marzo del año pasado, y los niños de nuestros municipios y aldeas ya perdieron dos años de instrucción escolar, lo cual es un lucro cesante, es decir una pérdida irrecuperable, frente a la cual las autoridades educativas no han podido encontrar la forma de enfrentar este desafío inédito.

Los europeos y los norteamericanos tienen por qué estar preocupados por el atraso que plantean los expertos de tener un sistema educativo que se ha quedado anquilosado para los nuevos tiempos, a los hondureños lo que nos debe preocupar es cómo reabrir la mayoría de nuestras escuelas públicas que siguen cerradas, mientras los niños de los municipios y aldeas se desfasaron en lo poco que habían aprendido. La preocupación de nuestras autoridades educativas debe orientarse a reabrir las escuelas públicas, pero antes hay otro problema grave: el gobierno debe lanzar un plan de reconstrucción de la inmensa mayoría de los centros escolares del Estado, porque los edificios escolares han estado abandonados, sin mantenimiento, con los servicios sanitarios en mal estado, y sin el vital servicio de agua potable. Reabrir las escuelas en el estado de abandono en que han estado por año y medio sería un atentado a la salud de los escolares y los docentes.

El discurso y la preocupación que deberíamos manejar los hondureños es este: el primer paso que deben dar las autoridades de la Secretaría de Educación es ejecutar un plan de reconstrucción de los centros escolares, acelerar la reparación de las aulas, verificar que las escuelas tengan suficiente agua potable y de manera especial, que los servicios sanitarios de las escuelas estén en condiciones higiénicas. Para que los niños al retornar a las aulas lo hagan en un ambiente digno, y no en las condiciones deplorables por lo antihigiénico con que se manejaban antes de la pandemia. No podemos vivir volando con discursos que quedan a la altura de los europeos y los norteamericanos que indudablemente viven en una dimensión muy desarrollada. Querer equipararnos a ese alto nivel es vivir en el mundo de las ínfulas, aunque, por supuesto que no es malo echar un sueño de ilusión. Y además es bueno saber que en el país hay un pequeño sector de la población infantil y juvenil que tiene acceso a educación de primer nivel en ciertas escuelas privadas, pero se trata de una excepción minoritaria.

Los hondureños necesitamos comenzar por donde debemos empezar, que es reabrir la mayoría de nuestras escuelas públicas, no sin antes proceder con un programa de reconstrucción y reparación de los centros escolares, que en su mayoría es seguro que están en peores condiciones que como estaban antes de la pandemia. De acuerdo con nuestros ilustres expertos en educación en lo que respecta a que no debemos renunciar a llegar algún día al sitial cimero en que se encuentran los sistemas educativos del continente europeo y de Norteamérica. Pero para llegar a esas cumbres educativas altísimas no hay que olvidar que primero tenemos que dar el paso inicial que es reabrir la mayoría de nuestras escuelas que corresponden al sector público, para que la mayor parte de nuestros niños y jóvenes puedan reinsertarse de nuevo en el proceso enseñanza-aprendizaje. Aquí es donde necesitamos comenzar, por donde debemos empezar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 1 de julio de 2021.

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