La pedagogía de la deslealtad

junio 8, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La visita de la vicepresidenta Kamala Harris a Guatemala no responde a la arquitectura de la lealtad con que una potencia debe tratar a sus aliados, su venida solo fue para descartar y no anunciar soluciones a los problemas que causan la emigración desde los países del triángulo norte, y como si no bastara, vino a advertirnos con mano dura que lo mejor es que los paisanos no se atrevan a cruzar la frontera en forma ilegal. Si bien lo dicho por la señora Harris es el derecho de su gobierno y su país, la historia entre EEUU y sus aliados centroamericanos ha estado marcada por la dependencia, por cierto vergonzosa, porque ya es hora que nuestros países hagan lo necesario para salir de esa dependencia que abochorna. Pero, en el caso de Honduras, la realidad es que no hemos podido superar las condiciones de pobreza, que solo es imputable a la clase política que nos ha gobernado, más sin embargo, en la relación Honduras-EEUU, nuestro país le ha estado aportando mucho más que dinero a EEUU: nos hemos convertido en un traspatio que les cuida las espaldas para frenar el tráfico de drogas desde Suramérica, nuestro territorio le sirve de base militar para cumplir sus estrategias defensivas y toda nuestra política exterior está sumisa al servicio de la causa política de EEUU. Nuestros gobiernos no sacan un pie del plato si EEUU no da la señal, porque nuestra relación está más que identificada con EEUU.



Pero, ojo, los tiempos cambian, y muchas veces las circunstancias que suceden en países vecinos pueden tener un reflejo incidental en otro país; para el caso, si Mel Zelaya se hubiera salido con la suya en el 2009, hoy seríamos un satélite del chavismo, antinorteamericano. ¿Qué será de nuestra política exterior si llegara a ganar Xiomara Castro? ¿Cómo actuará Yani Rosenthal? y ¿cuál será el rumbo que pondría Salvador Nasralla? Tito Asfura no deja dudas, porque su personalidad está bien definida respecto a EEUU.

La forma como la señora Kamala Harris pronunció su discurso, diciéndole a los centroamericanos «no vengan a EEUU» es la expresión de la mano dura que aplican los demócratas, que no tiene contemplación alguna con los inmigrantes ilegales. Un mensaje así era previsible, lo que no era previsible era ver tanta deslealtad de EEUU hacia sus pequeños aliados centroamericanos. En cambio, la señora Harris no habló absolutamente nada sobre los posibles acuerdos que ella habría logrado con varias empresas grandes de EEUU, como lo hizo trascender hace un par de semanas. En ese encuentro, según dijo en su momento la señora Kamala Harris, varias empresas grandes le prometieron a su gobierno venir a los países del triángulo norte a invertir capital para generar empleo.

No ponemos en duda la voluntad ni la intención del gobierno del presidente Biden en este sentido, pero las empresas estadounidenses son tan fuertes que no responden a los intereses políticos de ningún gobierno. Las empresas norteamericanas vienen a invertir cuando les conviene, y no porque se los pida un gobierno de su país. Que vengan más empresas de EEUU a invertir en Honduras no es porque así lo quiera su gobierno, dependerá que atractivos encuentren y que beneficios le ofrezcan los gobiernos centroamericanos. Al no existir ambas cosas, las pragmáticas empresas de EEUU no se mueven en esta dirección.

La relación histórica entre EEUU y Honduras así ha funcionado. Las empresas estadounidenses actúan con cautela comercial, sin importarles que gobierno esté al frente de un país. Hoy, el presidente salvadoreño Bukele mantiene distancia con el gobierno de EEUU, pero no hará lo mismo con las empresas norteamericanas, a esas les guiña el ojo y les ofrece las mejores condiciones. Una cosa es la visión política del gobierno de EEUU y otra muy distinta es el interés comercial de las empresas que actúan bajo su propia bandera, que es la de hacer negocio.

No vamos a cerrar los ojos ante la realidad, el gobierno de EEUU hace y hará lo propio para evitar como pueda la inmigración ilegal hacia su territorio, ese es su derecho y su obligación. De lo que hablamos es de la obligación moral que tiene con sus pequeños aliados que se desviven por cuidarle las espaldas, convirtiéndose en traspatio para combatir el tráfico de estupefacientes desde Venezuela y Colombia. En esta lucha los hondureños perdemos por todos lados, sobre todo porque EEUU ningunea todo el esfuerzo de las autoridades hondureñas y de paso, en la medida que el bloqueo al narcotráfico tiene éxito, todo el producto alucinógeno que no puede pasar a EEUU, se queda circulando como mercancía de venta y consumo en territorio hondureño. A eso se debe la infinidad de hechos criminales que se han convertido en  el quehacer del día.

Lo que queremos señalar es la falta de correspondencia del gobierno de EEUU con Honduras. Se nos exige todo, pero a cambio, todo lo que recibimos son reproches y todo lo que se nos ofrece son contribuciones abstractas enfocadas contra la corrupción, algo que se ha convertido en un cliché con el que encubren el abandono en que han dejado a Honduras y demás países del triángulo. Y por si no lo saben, por esa razón es que Bukele ha buscado el apoyo del gigante asiático. No tiene sentido preguntarse de quién es la culpa: ¿del que abandona o del abandonado?

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 8 de junio de 2021.

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