La crisis precisa algo más que optimismo y mentiras

junio 21, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Esta crisis que estamos atravesando en Honduras no se va a salvar solo con optimismo, peor con la sarta de mentiras que llevan y traen, pintadas de todos los colores políticos, porque el gran dilema de Honduras es que aquí todo se politiza, y en tiempos de campaña electoral los políticos juegan con el hambre de miles de compatriotas que no tienen un puesto de trabajo donde devengar un salario para ganarse el sostén de la familia. Ser optimista por naturaleza suma puntos cuando los que creen que para tener una vida más fácil y plena basta llenarse la cabeza de optimismo para ver todo de color rosa en todo momento. Y si bien el optimismo es importante para no caer en la desesperación, pensar que por estar cargado de energía positiva las cosas que están mal van a desaparecer, la realidad es que solo con optimismo la pobreza del país no se va a esfumar, porque todo es asunto de economía, y mientras no hayan fuentes de trabajo que produzcan empleo masivo, seguiremos nadando en la pobreza.



El grave problema de Honduras es que en la politización de las soluciones no solo entran los políticos de la oposición, sino que se juntan los demás sectores que también tienen su interés político. Los profesionales de la economía es el gremio mayormente politizado, donde la mayor parte de las visiones se atascan en lo bizarro, porque cada economista tiene su particular visión y la convierte en una verdad indiscutible; los abogados, constitucionalistas o de otras especialidades tienen una interpretación hermenéutica para darle vuelta a las leyes como si fuera un calcetín, los médicos, hoy están más politizados que nunca, y en varios de ellos ha germinado el virus de la mentira y el encono, dos ingredientes que mezclados en una persona con ese nivel profesional repercuten como el veneno puro. Y los empresarios, peor, al haber caído en una politización sectaria que los engaña para creer que entre uno de sus dirigentes de la cúspide empresarial de la zona norte y del centro, puede estar el Presidente de Honduras.

La crisis sanitaria y económica está pasando una factura muy costosa en contra del bienestar de miles de familias hondureñas que han caído en un profundo bache del que no se podrán recuperar estando desempleados los jefes y otros miembros que con la remuneración salarial atienden los gastos de la casa, pero habiéndose reducido la economía por la pandemia y los dos huracanes, todos los compatriotas desempleados, por ese arte de la política sectaria que se está viendo, han sido arrojados, casi empujados, a que busquen salvar el pellejo dedicándose a actividades ilícitas, que es el refugio que les queda para encontrar ingresos para sobrevivir.

Los que no tengan capacidad para ver esta consecuencia funesta, es porque están ciegos por el sectarismo, o porque teniendo ellos de que vivir no les importa el destino de los que están pasando hambre y miseria por el desempleo. Los que hablan de recuperación económica no se tocan el estómago para mentir, los únicos que pueden pregonar de una recuperación es una minoría privilegiada por la explotación de ciertos negocios, que aunque obtengan excelentes utilidades constituyen la mínima parte de la economía, por lo menos del sector que produce derrama a través del empleo.

¿Qué es lo que trae trabajo y dinero a las familias? Naturalmente que son las grandes inversiones. Los pequeños y medianos negocios es poco lo que pueden producir en estos momentos en que la economía se ha derrumbado, el sector empresarial hondureño aunque se esmere al no tener un mercado activo que demande y compre, no tiene crecimiento por ese círculo vicioso del que un país no puede salir si no hay grandes inversiones que lleguen a establecerse para aprovechar los beneficios y atractivos que se le brinden. Por ese sectarismo malvado que se ha desatado, pueden zozobrar las pocas inversiones que se han atrevido a acogerse al régimen de zonas de desarrollo, mientras Cuba las atrae y les amplía los beneficios, Venezuela está en franca promoción de las zonas de desarrollo y Bukele, silenciosamente está planeando con la nueva relación que ha encontrado en China, una extensa área de zonas de desarrollo.

El rechazo al progreso y el desarrollo ha sido histórico en los hondureños. A finales de los años 70, cuando se anunció la llegada a Honduras del Consorcio de Universidades de la Florida, para modernizar el sistema educativo de nuestro país, entidades como la Escuela Superior del Profesorado, hoy UPN, la UNAH y los colegios magisteriales le hicieron la guerra, haciendo que el Consorcio se marchara a Costa Rica donde desarrolló el mismo plan que le significó a ese país que fuera en gran parte lo que hoy es Costa Rica. En los años 80, la empresa canadiense Stone Container planeaba desarrollar aquí un ambicioso proyecto de aprovechamiento del bosque para industrializarlo de manera racional mediante un sistema de reforestación como se hace en Canadá, pero como aquí todos nos opusimos, la empresa canadiense se marchó y se instaló en Costa Rica, donde se convirtió en una empresa de desarrollo y generadora de riqueza.

Hoy nos está pasando lo mismo con las zonas de desarrollo, con ese enorme anillo de conflictividad social que ha formado un tejido de oposición, al que se suman los diversos sectores pensantes, no pensantes y mal pensantes en contra de Honduras, parece inevitable que fuercen la retirada de los inversionistas o cuando menos, que impidan que otros quieran venir a invertir en nuestro país. Todos esos sectores que se suman a rechazar las ZEDE, actúan como el perro del hortelano, que no arregla ni deja arreglar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 21 de junio de 2021.

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