Héroes con toda la palabra

abril 26, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando se desarrollaba la parte crucial de la segunda guerra mundial y los aliados necesitaban bombardear las posiciones que dominaban los ejércitos de Hitler, la Real Fuerza Aérea Inglesa, que no alcanzaba el tamaño de la temible Fuerza Aérea Alemana, logró una hazaña increíble, al enfrentarse los osados pilotos ingleses a los aviones alemanes, derribando varios de ellos para conseguir bombardear las posiciones enemigas y evitar que los aviones alemanes hicieran daño a la avanzada de los ejércitos aliados en varias playas. Esa gesta heroica de los pilotos de la Real Fuerza Aérea Inglesa fue elogiada por el primer ministro inglés Winston Churchill, con la siguiente frase que quedó esculpida para la eternidad: «nunca tantos debieron tanto a tan pocos». Churchill se refería de esta manera al beneficio que significó la valiente ofensiva aérea inglesa, que teniendo pocos aviones en comparación con los alemanes, hicieron el daño que debilitó a Alemania para que las fuerzas aliadas penetraran y poder desalojar a los invasores del territorio francés.



Batallas de ese tipo son consideradas verdaderas epifanías, por el impacto universal que les da la connotación de celebrarse con el reconocimiento de festividad, por el éxito alcanzado en beneficio del mundo. Durante esta pandemia en Honduras estamos viendo acciones heroicas de compatriotas que sin hacer mucho ruido se lanzan a la calle a cumplir misiones sanitarias donde arriesgan la vida en un ambiente inconsecuente, nos referimos específicamente a los brigadistas que salen todos los días en pequeños grupos a visitar los vecindarios de las ciudades, donde se han identificado focos de contagio del coronavirus. Los brigadistas van tocando de puerta en puerta, si bien van protegidos con la indumentaria sanitaria, dada la alta contagiosidad de las nuevas cepas pueden ser sujetos de contagio. Se requiere de un valor extraordinario enfrentar esta tarea, que no es altamente remunerada y en que, muchos de estos agentes están trabajando por contrato y varios de ellos reciben el pago con retraso. Sin embargo, estos hombres y mujeres tienen el denominador patriótico que los eleva a un alto nivel para ser considerados héroes.

Cuando estos compatriotas se bajan de los vehículos y pisan tierra de los barrios y colonias donde hay un alto contagio por el COVID-19, saben que ponen pie en territorio peligroso, donde no es fácil guiarse de la manera normal, porque lograr que los incomprensibles vecinos de esos barrios y colonias les abran la puerta para dejarse investigar si tienen algún tipo de síntoma del contagio, cada puerta les resulta una batalla, porque en las nocivas redes sociales individuos que tienen el carácter de perros rabiosos se han dado la tarea de propalar la falsedad que dejarse investigar por los agentes sanitarios es contagiarse de inmediato. Los brigadistas pasan una y otra vez rogando y hasta implorando a los vecinos, advirtiéndoles que una detección a tiempo del virus puede salvarles la vida.

Las campañas perversas por las redes sociales, guiadas por verdaderos monstruos rabiosos que incitan a los habitantes a que no abran la puerta de su casa y que no se dejen examinar por los brigadistas, porque estos a lo que van es a contagiarlos, es un factor multiplicador del contagio del COVID-19, cuando los vecinos mal orientados cierran sus puertas y no permiten que los brigadistas hagan el trabajo de salvamento, y quizás muchos de estos ingenuos ciudadanos que se resisten a ser examinados son los que terminan contagiados perdiendo la batalla contra el coronavirus.

Los brigadistas por su parte, hacen su trabajo, van tocando de puerta en puertas en los barrios y colonias, llevan su equipo de batalla, porque al entrar en terrenos profundamente contagiados van a una primera línea de combate, saben que el COVID-19 está regado en esos sectores, pero no les queda más que penetrar en ellos, solos con su mascarilla y su vestimenta que los protege en gran medida, pero no del todo, porque el virus tiene la particularidad de ser supremamente contagioso y al menor descuido o espacio se cuela en el organismo.

So pena de saber anticipadamente que este trabajo es una actividad de alto riesgo, los hondureños que han aceptado esta tarea saben que se juegan la vida cada día que llegan a un barrio o a una colonia y si de remate se encuentran con la incomprensión de los habitantes, en el cumplimiento del deber pueden pasar más tiempo del debido y entre más horas conviven con el ambiente viral tienen más riesgo de contagio. Por eso decimos que es admirable en todo el sentido de la palabra el valor de los brigadistas, que no son muchos, pero de cuyo trabajo depende salvar muchas vidas y evitar que el COVID-19 crezca en propagación y se extienda de manera incontenible. Los hondureños estamos en deuda con estos heroicos brigadistas.

Tenemos un país donde los hábitos de vida están cargados de malas costumbres, con muchos sectores donde la gente de manera insólita en medio de esta pandemia tan peligrosa no piensa en proteger su bienestar. Citamos un mal ejemplo: todos los domingos frente a la ciudad universitaria, donde hay un espacio amplio de estacionamiento, centenares de jóvenes motociclistas se dan cita para realizar maniobras motociclísticas en horas de la tarde. Si usted pasa podrá observar que todos ellos no usan mascarillas y no guardan la distancia física.

Yo sé que a muchos de los que pasan por allí los domingos por la tarde, les gustaría que les pusieran una mano más dura a estos jóvenes necios que retan al virus sin saber que ellos al regresar a su casa podrían contagiar a sus parientes mayores. Pero este peligro a los histéricos motociclistas pareciera no importarles, señal inequívoca que sus padres, sus abuelos y otros mayores les importa menos de lo que vale un nacatamal.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 26 de abril de 2021.

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