El síndrome Tegucigalpa

septiembre 29, 2022

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando los periodistas nos reuníamos en el Jardín de Italia, la histórica cafetería de Tegucigalpa, cierta vez mientras compartíamos en una mesa varios reporteros de emisoras y periódicos, alguien pregunto por curiosidad de donde éramos, de que ciudad proveníamos. Unos eran de San Pedro Sula, Puerto Cortes, Comayagua, Juticalpa, Choluteca, Trujillo, La Ceiba, Olanchito y Tela. Ninguno había nacido en Tegucigalpa. Aquella mixtura que vimos en nuestra mesa de cafetín en el desaparecido Jardín de Italia, reflejaba que la mayoría de personas que viven en Tegucigalpa ha venido de otros lugares para intentar mejorar sus vidas o en busca de hacer una carrera universitaria. Todos coincidimos esa vez que la integración en Tegucigalpa no era difícil, todos nos sentíamos cómodos en la capital por lo que ninguno dudaba que veníamos a echar raíces y a fincarnos aquí por el resto de nuestra vida.



Eso es Tegucigalpa, una metrópoli cosmopolita, una ciudad desprejuiciada que tanto abría sus brazos para recibirnos a los que veníamos de la costa norte, como a los que venían de occidente, de la zona sur, o de la región oriental. Todavía en los años 60, Tegucigalpa era pequeña, una ciudad donde casi todos nos conocíamos, sin embargo, aunque no pasamos por el incordio de la envidia y el localismo que tienen otras ciudades, desde que llegamos supimos que Tegucigalpa era exigente, había que trabajar mucho más que en los lugares de donde veníamos. La vida era más rápida que en la costa norte, y con el bolsillo vacío la vida era cruel. El transporte era barato, los taxis cobraban 30 centavos por la carrera, por lo que se les denominaba treinteros. Vivir en un ‘boarding house’, compartiendo una habitación de solteros solo costaba 100 lempiras al mes con desayuno. En medio de la pujanza que ha alcanzado la capital los alquileres se han disparado y la vida se ha encarecido en la capital.

Sin embargo, Tegucigalpa hoy ya no es una pequeña ciudad, es toda una urbe modernizada, las huellas que han dejado los alcaldes, cada cual con su sello, la transformaron, unos más que otros. Como cuando se van levantando las capas de las cebollas, cada alcalde hizo lo suyo en su periodo, aunque fue el último alcalde, Nasry Asfura, el que le dio a la capital un impulso extraordinario que hoy la coloca entre las capitales modernas del continente. Afloran sus debilidades más que todo por su geografía que la hace una ciudad vulnerable, pero aun las ciudades que se supone fueron planeadas con todo el rigor del urbanismo sucumben ante las fuerzas de la naturaleza, que no respetan ni a las murallas.

Hoy Tegucigalpa está encabezada por un nuevo alcalde, el señor Jorge Aldana, que le está tocando lidiar en su primer año con los embates naturales y con el hecho de estar dedicado más a la planeación y a la gestión de recursos que a la ejecución y solución de los problemas, situación que les acontece a todos los alcaldes en su primer año, que es de aprendizaje. Ese periodo es de aguante, porque la población espera como es natural que el nuevo alcalde supere las acciones del alcalde anterior y aunque ese podría ser el pensamiento del alcalde Aldana, sabe que para cerrar las operaciones crediticias, las instituciones financieras requieren manejar un papeleo que ocupa de varios meses.

Además, al alcalde Aldana no le ayuda que desde el mismo gobierno le disparen dardos con mala intención y hasta quieran quebrarle el tronco a puros hachazos; sin embargo, Aldana no es empleado de Casa Presidencial, es un funcionario electo por la ciudadanía de la capital, tan electo como Xiomara Castro y los designados. El alcalde Aldana debe comprender que en jerarquía es la primera autoridad de la capital, nadie puede removerlo o quitarlo del cargo porque constitucionalmente su periodo es de cuatro años, igual que la Presidenta de la Republica.

Una vez que el alcalde solvente las operaciones crediticias debe poner toda su maquinaria en una operación masiva de reparación de calles, que en su mayoría están destrozadas, impidiendo la circulación normal, y provocando danos a los vehículos que en tiempo de lluvias sufren averías de reparación costosa. La alcaldía de Aldana debe atender el grave problema ambiental que crea la incultura de la ciudadanía que llena de basura los cuatro puntos cardinales Tegucigalpa. La capital hierve de basura por donde se transite, eso es porque nuestra gente no entiende que la ciudad será cada día más sucia si quienes viven en ella no tienen conciencia que una ciudad no es limpia ni aseada porque haya centenares de carros recolectores de basura, sino porque quienes la habitamos tengamos el buen juicio de no ensuciarla, depositando la basura en el sitio asignado.

El hecho de ser una ciudad de geografía frágil y que cada vez más áreas se hundan con sus infraestructuras habitacionales, obliga a la alcaldía a ser más estricta en la concesión de permisos de construcción. La condición geográfica especial de Tegucigalpa amerita un debate profesional en el campo de la ingeniería y la arquitectura, que indique si todos esos condominios que se han construido y se siguen construyendo, aunque den un tono modernista, constituyen una amenaza para la ciudad capital. El reto para el alcalde Aldana no solo es reparar las calles y procurar que Tegucigalpa no sea una ciudad ensuciada por sus habitantes, es enfrentar el desafío que en algún tiempo nos podría llevar a lamentar tragedias de mayor magnitud, cuando no solo se hundan las viviendas, sino algunos de los pequeños rascacielos que se han levantado desafiando las leyes naturales de los componentes del suelo de la capital, que según el recordado ingeniero Armando Sierra Morazán, en su mayor extensión es tierra que en tiempo de verano es dura como el acero, pero que apenas le entran unas gotas agua se convierte en una especie de chocolate.

En fin, el reto del alcalde Aldana no es chicha. Tiene a su cargo una ciudad con grandes desafíos que requieren soluciones imaginativas. Los que no nacimos aquí, posiblemente la queremos mucho más que los nativos de la ciudad, es por el “síndrome Tegucigalpa”, que hace que los foráneos nos sintamos tan queridos y unidos a la capital como si aquí hubiéramos nacido. ¡Felicidades a nuestra querida capital en su nuevo aniversario!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 29 de septiembre de 2022.

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