El Salvador libra exitosamente una guerra psicológica en contra de Honduras

junio 14, 2021

Juan Ramón Martínez

En términos convencionales, se trata de una situación de desesperación, frente a la pandemia y su primera solución, la vacunación, en la que los alcaldes apelan a la sensibilidad y la buena voluntad del Presidente de El Salvador que, generosamente responde, con mayor responsabilidad que el gobernante hondureño y les da respuestas inmediatas. Primero fueron siete los alcaldes, capitaneados por Amable de Jesús Hernández. Después, los líderes y alcaldes de las Islas de la Bahía. El ministro de Salud de El Salvador en forma inmediata atendió la petición. Le siguió el alcalde de Choluteca Quintín Soriano. Y ahora, son los alcaldes hondureños de los municipios aledaños al golfo de Fonseca, los que hacen la misma petición. Y que, sin duda, el presidente Bukele les dará inmediata respuesta, lo que indica que se trata de algo decidido: todo lo que pidan los hondureños se les dará inmediata atención. Quintín Soriano, –por su militancia católica– cree incluso que se trata de una generosa operación cristiana, en la que el hermano que tiene atiende al que sufre y pide. Un moderno samaritano que se detiene de sus faenas para atender al desamparado que sufre de sus heridas, herido en el camino, víctima además de la indiferencia de los muchos caminantes que han pasado por su lado.



Todo esto parece perfecto, espontáneo y angelical. Por lo que no puede ser verdad. Demasiado bonito. Se trata de algo orquestado, con lo cual se buscan claros objetivos geopolíticos, entre los cuales se pretende: 1. modificar los temores hondureños frente a las pretensiones salvadoreñas con respecto a la Bahía de la Unión que no logró en su segundo intento en la Haya, cuando pidió revisión de la sentencia que favorece a Honduras y protege los hechos históricos. 2. Ver en la actitud del presidente Bukele a un amigo a quien se le debe brindar respeto y confianza, y 3. Disponer anímicamente a la población hondureña para que, cuando llegue el momento, vean a los salvadoreños como sus salvadores. Es decir que, de acuerdo con nuestras observaciones, se trata de una exitosa operación psicológica en la que se logra aumentar la brecha entre el pueblo hondureño y sus gobernantes; y se hace creer a la misma que los salvadoreños, gracias a Bukele y el apoyo de China continental, los hondureños tendrán soluciones inmediatas a sus preocupaciones sanitarias, posponiendo sus intereses en términos de operaciones económicas en el Pacifico y la delimitación de la bocana que permite como ordenara la Corte Internacional de Justicia, que las embarcaciones hondureñas puedan faenar en aguas continentales e internacionales del Océano Pacifico.

Esta acción psicológica, bien pensada y extraordinariamente ejecutada, cuenta con el respaldo de probablemente una organización creada por los enemigos del actual régimen que, posiblemente desde Nicaragua y bajo la dirección inteligente de una ex funcionaria nacional, dan las órdenes, mueven las piezas y cuentan en lo externo propiamente dicho, con el apoyo de China Continental que provee las vacunas y contribuye con el aparato logístico salvadoreño que, de esta manera luce, operativamente hablando, con una eficiencia que pone en ridículo al que tiene a Honduras arrinconada y sin que saber hacer, para atender a su población. Pero no solo se trata de hacer quedar mal al gobierno hondureño, mostrando la ineficiencia de su sistema sanitario y confirmar que su gobernante no tiene interés real por su pueblo, del que, se ha alejado en los últimos tiempos, sino que además –y posiblemente esto es lo más importante de la operación psicológica– demostrar que Estados Unidos es un mal aliado. El que, frente a la crisis de la pandemia y la necesidad de vacunar a la población, no atiende a los hondureños, sino que los ve de lado, apenas preocupado porque no intenten irse ilegalmente hacia su frontera sur especialmente.

El éxito de la operación psicológica es tal que, Estados Unidos, ha tardado en reaccionar. Y solo en la cumbre del G—7 ofreció junto a otros países, donar mil millones de vacunas para los países pobres. Pero en el caso de Honduras, para cuando ello ocurra, China habrá demostrado que es la mejor amiga de Centroamérica. Y que, Honduras no debe preocuparse porque el gobierno de El Salvador, lo que busca es que las fuerzas nacionalistas hondureñas, no abriguen temores por sus planes que le permitan facilitar la circulación de los buques por la Bahía de la Unión, sin que los marineros hondureños, hagan otro gesto más que cuadrarse y saludar militarmente a los barcos militares salvadoreños y chinos que la circulen. Todo un éxito para los enemigos potenciales de Honduras. Y una muestra del fracaso de Honduras que no ha podido frenar los efectos sobre su población que está dispuesta a ceder soberanía, a cambio de atención médica ahora y de carácter estructural después. La suerte está echada y los dioses favorecen los intereses de China y El Salvador.

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