El peligro de ningunear

mayo 3, 2021

Juan Ramón Martínez

Duele decirlo: a Estados Unidos muy poco le interesa América Latina. Solo volvió los ojos al caribe en la década de los veinte, cuando los conflictos políticos, parecían comprometer sus entrenados intereses en el Canal de Panamá. O, cuando en República Dominicana y Granada, los cubanos parecieron afectar el espacio vital de sus intereses. La última vez que mostraron interés fue cuando el Presidente Reagan, se enfrentó con la revolución sandinista que se había alineado con Cuba, la Unión Soviética y Libia. Y, simultáneamente, el riesgo que los salvadoreños, apoyados por Castro, amenazaban con derrotar a los militares cuscatlecos. Para evitarlo, convirtió a Honduras en portaaviones suyo; se establecieron en Palmerola y desde Arenales, en el Paraíso, montaron los campamentos contra revolucionarios que, pese a su probada incompetencia militar, obligaron a los sandinistas a ir a elecciones. Pero, además, Estados Unidos obligó que los soldados hondureños, se tragaran el orgullo herido por la invasión de los salvadoreños en 1969, para que prestaran el territorio nacional y entrenar en él a los soldados del país vecino y que, en algunos momentos, incluso participaran en operaciones de yunque y martillo, para frenar a la guerrilla. Es decir que mientras las cosas están en calma, los Estados Unidos no presta atención a los latinoamericanos. Y que solo lo hace cuando nos inquietamos, nos “portamos mal”; o nos rebelamos, en su contra.



Ahora, en una muestra de sus visiones de corto plazo, los estadounidenses están más interesados en la imposible democracia en Afganistán que en la democracia hondureña, colombiana o boliviana, solo para mencionar algunos ejemplos. Más preocupados por Siria y su régimen, en Libia y su líder que al derribarlo desestabilizaron la zona, que en los problemas de los demócratas en Nicaragua, Honduras o Ecuador. Tal desinterés, sólo es interrumpido cuando las caravanas, — satanizadas por muchos de nosotros–, se convierten en una amenaza al intentar ingresar a su territorio en forma ilegal. Pero la respuesta es torpe. La de Trump, desenfocada. En la actual administración de Biden parcial y sin claridad. Mientras Trump usaba el problema para fortalecer su base electoral, Biden quiere enfrentar el problema de raíz y de forma global –  un paso más inteligente en forma como nos ven los teóricos de la política de Estados Unidos—y contando con la participación voluntaria de los líderes centroamericanos. Pero con todo, cometiendo errores. El primero de ellos es, dividiéndonos. Y por la otra, ninguneando a algunos gobernantes con dificultades legales en Estados Unidos e incluso aceptando que otros, les den con la puerta en las narices. A JOH, lo ignoran e incluso lo asedian, sin tomar en cuenta que ello afectará al pueblo hondureño que no tiene por qué pagar por los errores, faltas o delitos de sus gobernantes. Y a Bukele lo amenazan, sin tomar en cuenta que su base electoral y su arrogancia natural, le puede impulsar a faltarles el respeto y a cometer de consiguientes errores al inclinarse por acciones punitivas. Las quejas de Norma Torres son un ejemplo de esta falta de capacidad para entender la bilateralidad. Porque, aunque “patio trasero”, tenemos derecho a responder. Bukele le respondió animando a sus connacionales y a los latinos, a que no votaran por ella, ejerciendo un derecho simétrico de reacción. Y la misma vicepresidenta, llama solo al Presidente de Guatemala, ignorando a los demás gobernantes, mostrando que está atrapada por sus asesores, cuya comprensión de nosotros los latinos,  no es cosa fácil y replicando el trato que se le da, inercialmente, a las minorías en el territorio estadounidense.

Pero no todos los demócratas piensan igual. Como tampoco todo el gobierno de USA actúa de la misma forma. La izquierda demócrata se ha dado cuenta que, el inventado triángulo norte, es un error, porque olvidan a Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Y en un pragmatismo basado en las realidades que los políticos creen inventar, el Pentágono, apoya al ejército hondureño, porque sabe su importancia en el control del narcotráfico, aunque el Departamento de Estado pase por alto una oleada de antiamericanismo. O que, Rusia y China, se acerquen a Honduras y, asediada, caiga en brazos de quien le respete. Y para Biden perder Honduras, sería como perder la joya de la corona. Sin Honduras y El Salvador – con Nicaragua en contra – la defensa del canal será muy complicada, con los chinos haciendo migas con los panameños, salvadoreños y dominicanos. Y especialmente, ningunear a Honduras, que ha sido la más obediente y dispuesta a la instrumentalización, podría ser el peor error de Biden. No tanto de Zúniga Harris que no es otra cosa que un burócrata, inteligente y hábil, pero sin poder o autonomía para influenciar. Estoy seguro que, a estas horas, todavía no ha hablado con el Canciller Rosales, sobre la recepción que le hicieron en Moscú. Y que aquí, no ha dejado de sorprender.  

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