Confabulación con la pobreza

junio 14, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En primer lugar debo decirle al pueblo hondureño que no me mueve ningún interés, de ninguna clase, así como no conozco de cerca de ni largo a las personas que han decidido invertir en varios puntos de nuestro territorio en zonas de desarrollo. Lo que conozco de estas inversiones es lo que publican los periódicos, especialmente Diario La Prensa, que es el medio que más espacios ha dedicado, en forma balanceada, a informar sobre el desarrollo que tienen las ZEDE que ya se comenzaron a construir en Honduras. Mi posición en favor de este tipo de inversiones nace de mi condición de mediano empresario, que me permite conocer la realidad del desempleo que hay en nuestro país. Porque, somos los empresarios y no los teóricos, los que conocemos en el terreno de los hechos cuál es la verdadera realidad económica en el campo del empleo y el desempleo.



Resulta fácil y muy cómodo elaborar teorías que tocan la fibra del patriotismo para defender la soberanía del territorio nacional, como lo están haciendo muchas personas e instituciones que rechazan las inversiones a través de las zonas especiales de desarrollo, a las que se ha sumado la UNAH, que es la institución privilegiada en el Presupuesto de la República, sustanciado con los impuestos que pagamos los contribuyentes. Todos los que se oponen a este tipo de inversiones hasta ahora son incapaces de sugerir y aportar ideas para atraer el gran capital extranjero, que es el que tiene capacidad para generar empleo masivo en Honduras.

El COHEP ha variado su posición radical, por lo menos, al expresar su presidente Juan Carlos Sikaffy, que no se opone a las ZEDE siempre y cuando el gobierno les ofrezca a los empresarios hondureños un trato igual, lo cual es una condición congruente, porque las reglas fiscales deben ser justas para todos los inversionistas y empresarios. La expansión de la economía y el comercio en el territorio nacional, sea grande, mediana o pequeña, si bien debe permitir crear un espacio en el que las grandes inversiones extranjeras traigan capital para invertir, privilegiadas con obligaciones fiscales, excepcionales, a cambio de generar el beneficio más ansiado por millones de hondureños que son los miles de puestos de trabajo, para que esto no sea una distorsión de las reglas de juego respecto a las empresas hondureñas, grandes, medianas y pequeñas, el Estado no debe propiciar una situación de injusticia en el que el gran capital sea el privilegiado mientras las empresas hondureñas queden garantizando la estabilidad del gobierno con los impuestos. Esta es la parte toral que amerita un gran acuerdo, pero sin oponerse por puro patrioterismo al funcionamiento de las zonas de desarrollo.

La atracción del gran capital extranjero por medio del régimen de zonas especiales de desarrollo es una necesidad apremiante para crear muchos puestos de trabajo, los que se oponen a este régimen de inversión no ofrecen ninguna propuesta para atraer a los grandes inversionistas. La posición expresada por la UNAH es producto de mentalidades que viven encasilladas en la teoría, pocos o quizás ninguna de estas personas han generado un solo puesto de trabajo e ignoran lo que es pagar una planilla de empleados por su propio esfuerzo. Son burócratas acostumbrados a manejar recursos del Estado, en su mayoría son empleados públicos desde antes de que se graduaron, tienen asegurado su salario cada mes y no se preocupan por la masa de compatriotas que hoy anhelan un puesto de trabajo sin encontrarlo.

Lo que la UNAH debería promover internamente es la adopción de un nuevo modelo de profesionales que salgan preparados más para emprender negocios por su cuenta que para orientarse solo a conseguir un empleo en el gobierno o en las diversas empresas. En el plan de reforma universitaria se habló de esta necesidad, pero no se concretó porque los académicos se volvieron amos de la universidad y no quisieron incorporar a delegados del sector empresarial en el Consejo Universitario para que influyeran en el cambio de actitud que es urgente en la UNAH.

El problema en Honduras es que la mayoría de estos sectores se han confabulado con la pobreza, trabajan y opinan hacia esa dirección. Todos quieren seguir viviendo pegados de la teta de la res pública, pero cuando se les habla de abrir la mente para que en Honduras se facilite la inversión del gran capital extranjero para crear muchos puestos de trabajo, sacan la espada del patrioterismo y se muestran como cancerberos rabiosos en la defensa del territorio, que ninguna empresa inversionista va a arrancarlo por pedazos para quedárselo o para llevárselo.

Todos aquellos que se declaran patriotas celosos en la salvaguarda del territorio, con argumentos leguleyos, nunca han creado un puesto de trabajo en su vida, ni les importa la suerte de los compatriotas que sueñan con un empleo regularmente pagado, que les permita tener ingresos para mantener a su familia. Al oponerse a la gran inversión extranjera por medio de las zonas de desarrollo, se confabulan con la pobreza, con lo cual son partidarios de la lumpenización de esos miles de compatriotas que imploran un puesto de trabajo. La suerte de todos estos hondureños está condenada por todos estos sectores que actúan con mentalidad marciana, idealistas que quieren arreglar a Honduras con teorías que no son funcionales ni para ellos mismos, sobre todo una vez que pierdan el empleo o cargo público donde están bien pagados.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 14 de junio de 2021.

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