China jamás debe invadir Taiwán

julio 19, 2021

Nery Alexis Gaitán

Taiwán es un país soberano e independiente. Así lo debe reconocer toda la comunidad internacional y la ONU. Es lo correcto. Es lo justo. La autodeterminación de los pueblos es un derecho inalienable.
Cuando Chiang Kai-shek abandonó China continental con sus seguidores, formó un país que no estuviera bajo el mando de un régimen autoritario y dictatorial. Ahora Taiwán es un país democrático y un ejemplo para el mundo en lo que a calidad de vida se refiere.



Pero la política expansionista de China continental, bajo el lema de “un país y dos sistemas” no reconoce a Taiwán como un país independiente y solo 15 países del mundo reconocen el territorio como un estado soberano, mientras que China reclama la isla como parte de su dominio y la considera una provincia rebelde. En 2005, el Partido Comunista chino aprobó una ley antisecesión que reivindica su derecho a recurrir a “medidas no pacíficas” contra Taiwán si intenta separarse de China continental. Es obvio que China quiere apropiarse de la prosperidad de que gozan los taiwaneses, ya que tienen un excelente desarrollo económico y tecnológico.

Los sistemas de salud y educación son de una máxima eficiencia y muchos países los toman de ejemplo. Las brigadas médicas y educativas taiwanesas están presente en varios países; también brinda asistencia técnica en diversos rubros. Por lo general, la ayuda de Taiwán es muy significativa. Y, justo es reconocerlo, han aportado en muchos aspectos al mejoramiento de la calidad de vida en el planeta.

La siempre latente invasión de China a Taiwán, más que por cuestiones políticas es por razones económicas. No se puede negar que el comercio taiwanés hacia el continente ronda en un porcentaje del 70% de todo el comercio del país. Pero tal comercio se da en las relaciones establecidas de país a país; e insisto, Taiwán es un país independiente.

Pero, “tras años de hostilidades y tensiones, Taiwán encontró una estrategia que ayuda a su supervivencia nacional en este conflicto tan asimétrico y con la que ha conseguido alejar el fantasma de una invasión china: el llamado “escudo de silicio”. Un “arma” que nadie puede replicar a mediano o largo plazo dado su nivel de complejidad. Una industria clave de la que depende desde la fabricación de aviones de combate hasta paneles solares, pasando por videojuegos o instrumentos médicos”.

Craig Addison, el periodista que acuñó el término, con la publicación de su libro: “El escudo de silicio: la protección de Taiwán contra un ataque de China”, lo explica de esta manera: “Significa que la posición de Taiwán como principal fabricante mundial de chips semiconductores avanzados, actúa como elemento disuasorio de una acción militar de China. El impacto de una guerra en esta parte del mundo sería tan grande que China pagaría un precio muy alto, incluido un daño severo a su propia economía. El gigante asiático, como el resto de la economía mundial, depende de los chips supersofisticados fabricados en Taiwán. Estas pequeñas piezas están elaboradas con semiconductores, es decir, circuitos integrados fabricados generalmente con silicio”.

A ello habría que agregar que los Estados Unidos, embarcado en una nueva guerra fría con China por la hegemonía comercial, no permitirá la invasión de su aliado, que aunque no tienen relaciones diplomáticas establecidas, el apoyo estadounidense ha sido notorio y ha dejado en claro que abogará por Taiwán ante cualquier conflicto.
Recordemos que en la crisis de misiles del estrecho de Taiwán de 1996, Estados Unidos envió dos grupos de portaaviones de guerra para disuadir ejercicios bélicos chinos dirigidos a Taiwán, que incluyeron el disparo de misiles.

Por múltiples razones, China continental debe desistir en sus amenazas de invadir a Taiwán; el precio a pagar sería muy caro. Lo correcto es que respete la soberanía taiwanesa.

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