Cambios en Washington y respuestas

enero 25, 2021

Juan Ramón Martínez

Biden, está recomponiendo lo que hizo mal su antecesor Donald Trump. Busca recuperar la imagen de la nación que dirige, para así, reconquistar el liderazgo que ha manejado desde principios del siglo pasado. Empezó por humanizar el trato hacia los inmigrantes que, en la forma que sea, se encuentren desde el 1 de enero recién pasado, en territorio de los Estados Unidos. Además, ha paralizado la construcción del muro en la frontera con México y emitido resoluciones para que, el tratamiento que se dé a los migrantes ilegales, recupere la dignidad y la compasión que han recibido en los últimos años. Al extremo que ha determinado suspender en los próximos días la expulsión de los compatriotas del llamado “Triángulo Norte”, por mientras, encuentran soluciones o alternativas, temporales o definitivas.



Por supuesto, se trata de ideas de los demócratas más sensibles que le acompañan en un gobierno difícil y complicado. Por lo que, es urgente que los centroamericanos – que vivimos de las remesas especialmente – pensemos, diseñemos y compartamos una política exterior, con el gobierno de los Estados Unidos. Tradicionalmente la política exterior nuestra, es muy poco propositiva. Por ello, no tenemos una política exterior que presentar — para su discusión — a los encargados de la política hacia nosotros. El carácter hondureño es el de la pasividad. Esperando siempre que el primer paso, lo dé el otro, sin tomarnos la responsabilidad de proponer algo, imaginándonos incapaces de pensar siquiera, sobre la forma de defender los intereses nacionales, por medio de unos objetivos concretos que, preservar, vía acuerdos, negociaciones o compromisos.

La política exterior de una nación, es la prolongación de su política interior. Por ello, la política exterior es casi siempre pluri partidaria, porque representa el interés de todos. De forma que, frente a aliados o no, hacemos entender qué buscamos, qué ofrecemos y en qué puntos, nuestras posturas son innegociables. Muy poco hemos hecho en este sentido. Carecemos de una política exterior definida y respaldada, por todas las fuerzas políticas, sociales y económicas de la sociedad hondureña. Más bien, en algunos momentos, damos la impresión que no tenemos objetivos nacionales, por lo que, carecemos de un discurso exterior. Y cuando nos encontramos con potencias que, si lo tienen, como es el caso de Estados Unidos, no sabemos qué defender, qué proponer y qué acuerdos buscar. En los pocos momentos en que ha parecido que tenemos unos intereses expresados en una política exterior definida, damos la impresión que queremos quedar bien con quien negociamos, sin tener claro, qué es lo que buscamos pactar con los otros y defender lo nuestro, lo fundamental, lo que garantice la existencia, el honor y la dignidad de Honduras.

Un par de ejemplos históricos, pueden servir para reconocer lo mal que hacemos las cosas. En la década de los ochenta del siglo pasado, le entregamos todo lo que pedían los Estados Unidos, a cambio de migajas, regalos que, para ellos eran necesarios en la guerra que libraban en contra de los sandinistas y en la defensa de los gobernantes salvadoreños acosados por los guerrilleros del FMNL. Fuimos sus portaviones. Pusimos nuestros soldados bajo sus estrategias, entregamos parte de nuestro territorio. Y, recibimos equipos que, al paso del tiempo, cuando queremos darles mantenimiento, Estados Unidos no nos lo permite. El caso de los F-5 es un ejemplo singular. La falla fue que, el gobierno de Honduras, se puso al servicio de los Estados Unidos, sin firmar un tratado que no diera garantías que, terminado el conflicto, estarían comprometidos en ayudarnos, sin dejarnos desamparados, librados a la suerte de quienes tienen limitados recursos, como ocurre actualmente.

El otro ejemplo es el TLC con Estados Unidos y Canadá. Firmamos, con los ojos vendados, pasando por alto nuestras debilidades estructurales y las fallas de una economía imperfecta. Ahora, los granos básicos que producen nuestros compatriotas, sin subsidios y sin apoyo tecnológico, no pueden competir con los producidos en Estados Unidos. A partir de este año, los granos básicos de Estados Unidos, son más baratos que los producidos en Honduras. Los agricultores nacionales, dejaron esos cultivos, entregándose en brazos de la pobreza, invadiendo las congestionadas y desordenadas ciudades. O formando caravanas para pretender ingresar ilegalmente a los Estados Unidos, después que hemos convertido a Honduras en tercer país, que en vez de proteger lo suyo, se coloca al servicio de los Estados Unidos. A cambio de nada. Como si Honduras no tuviera intereses nacionales que defender; ni objetivos que negociar, con su principal aliado.

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