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Hay vida sin el TPS

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Pese a la ampliación por seis meses, para muchos, la incertidumbre anticipada por la no renovación del TPS para unos 57 mil compatriotas, era una marejada de tragedia; lo toman como una especie de “migrafobia” del actual gobierno de EEUU, y yo creo que el asunto es de preocupación circunstancial para nuestros hondureños y en general para el país. Pero soy de los que piensan que si bien nuestros hermanos tienen motivos para estar preocupados por el cambio de rumbo que les dará la vida al perder el derecho a residir legalmente en aquel gran país, por otro lado, a ellos se les abre una gran puerta en nuestro país, donde el gobierno y las empresas están esperando encontrar en miles de ellos a los nuevos hondureños, que han crecido formándose en un país con disciplina, en un ambiente competitivo, donde hay mayores conocimientos para crecer en todos los campos, por lo tanto, regresarán a Honduras dotados de mayores capacidades, experiencias y conocimientos. Esta es la gran oportunidad de su vida, regresar a su país de origen, donde el solo hecho de decir que traen el ‘expertise’ norteamericano será un carnet de identificación para colocarse en un buen empleo o para emprender su propia iniciativa.

Hasta podemos asegurar que regresarán como los hijos pródigos que un día debieron emprender el viaje a la gran nación, o crecieron allá, hasta adaptarse a la vida norteamericana. Pero, ante la condición de que estaban en otra tierra, donde tienen sus leyes y sus normativas que debemos entender, y sobre todo respetar. No creo que haya que hacer de la terminación del TPS una especie de tragedia a la hondureña, comenzando porque no se producirán deportaciones masivas. EEUU es un país de leyes, y como tal respetuoso de ellas, el trámite de la culminación de un estatus legal requiere el cumplimiento de un protocolo que tardará varios meses, quizás más de los que suponen algunos, y al final los hondureños tendrán tiempo suficiente para planificar la próxima etapa de su vida que es su futuro en Honduras.

Ahora, pensar que aquí no pueden encontrar nada bueno para hacerse de una vida digna y decorosa, sería creer que hay que hacerle un funeral al país y prenderle candelas para enterrarnos todos. Y no es así, aquí estamos 8 millones de hondureños, enfundados en una fe diaria, luchando por aportar nuestro contingente para coadyuvar a la buena marcha del país. El regreso de miles de compatriotas, bien formados, con muchos conocimientos y con un ‘know how’ amplio en varias materias laborales y profesionales, contribuirá a elevar el caudal de recursos humanos que se requieren en distintas áreas, donde hay una carencia notable de recursos con capacidad, que se evidencia cuando las empresas deben traer personal especializado del extranjero.

Llama la atención una campaña muy patriótica y además bonita que viene patrocinando el Banco de Occidente, con el sugestivo nombre de “La Honduras que viene”, en la que se entrevistan a una buena cantidad de jóvenes hondureños que se están formando en universidades y centros politécnicos de diversos países, y que manifiestan su inmenso deseo de regresar al país para aportar su caudal de conocimientos en beneficio del desarrollo de Honduras. El contenido de esta campaña es loable porque en la misma se incita a los nuevos profesionales hondureños que están próximos a egresar de sus carreras en aquellos países, a retornar a la patria, donde su aporte profesional, además de los conocimientos, será un baluarte para hacer de Honduras un mejor país con una pléyade de profesionales que vienen dotados con la mística que impera en los grandes países desarrollados.

Hay que vernos en el espejo oriental, los estudiantes chinos, hindúes, singapures y tailandeses que están estudiando en EEUU, ya no se quedan haciendo vida laboral en la tierra del Tío Sam. Una de las condiciones que les imponen sus países es que regresen a su tierra natal a aportar los conocimientos adquiridos en las mejores universidades del mundo, que están en EEUU. La mayor parte de los estudiantes extranjeros que se están forjando en el gran país del norte, sienten el orgullo de decir que su inmenso deseo es regresar bien formados a su  país. Sienten en el fondo el llamado de su patria, y para ellos vivir seis años estudiando en EEUU no es una prueba de fuego para que al final decidan no quedarse allá.

De los nuestros, quiénes se quedan es porque en el fondo de su sentimiento nunca se anidó el orgullo de ser hondureño. Pero deben saber que Honduras no será siempre un país pobre, se está trabajando para abrir más oportunidades y estas serán mejor aprovechadas por quienes estén aptos para desempeñarse en los diferentes campos con las mejores condiciones.

No vemos porque hacer una tragedia la culminación de un estatus de permanencia legal en EEUU, y no hay que porque reprocharle a las autoridades norteamericanas que cumplan con su deber de velar por los intereses de su país. Cambiemos la visión, cambiemos el chip como dicen nuestros jóvenes, miremos este momento como la gran oportunidad que tenemos, que es contar con miles de compatriotas que llegan con un nivel altamente competitivo en sus respectivos campos, a fortalecer la productividad de nuestro país. Como bien lo dice la campaña del Banco de Occidente, con la reincorporación de estos compatriotas, la Honduras que viene será mucho mejor en todo sentido.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 6 de noviembre de 2017.