Vergüenza para un gran partido

octubre 28, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El Partido Liberal no se merece el baldón de lodo con el que sus mismos dirigentes lo han embarrado siendo que es una noble institución que ha sido baluarte en la defensa de la institucionalidad y de nuestra democracia. A lo largo de la historia hubo dirigentes liberales que cometieron errores graves, que pesaron más contra ellos mismos, pero que lastimaron el orgullo del liberalismo, sin embargo, ninguno comparado con la desafortunada propuesta que el actual presidente del CCE, Luis Zelaya, acompañado de varios dirigentes de este organismo, le hicieran a las FFAA.



Tener la osadía de ir al cuartel general del Estado Mayor, sin duda que no era para hablar del Feriado Morazánico o para solicitar una brigada médico-militar, o para partir un pastel para celebrar el nacimiento del Gral. Morazán; los dirigentes liberales fueron a la principal sede militar porque llevaban algo fijo en mente, que, en estos momentos en que los opositores se han metido entre ceja y ceja sacar de la Presidencia a JOH, es un delirio que rebota en la mente de Luis Zelaya, Salvador Nasralla y Mel Zelaya.

Los políticos no suelen acudir a los cuarteles, salvo en casos de emergencia nacional, cuando ha ameritado dejar a un lado las diferencias y Honduras ha reclamado la unidad nacional de todos. Que nosotros recordemos, en la guerra del 69 y cuando nos ha azotado un desastre natural, es que civiles y militares se han fundido por encima de las fronteras que existen entre ambos órdenes para prestar el mayor concurso posible a labores de unidad, reconstrucción, apoyo y rescate.

Pero, cuando el clima se acalora, y surgen las confrontaciones políticas, tanto civiles como militares son cautelosos y evitan mezclarse entre unos y otros para evitar confusiones que pueden degenerar en escándalos que inciden en la estabilidad política del país. En épocas pasadas, fue la debilidad de algunos políticos la que los llevó a visitar el cuartel general para pedir la mediación de las Fuerzas Armadas, lo cual era un reconocimiento expreso para que los militares actuaran como árbitros de los líos que armaban entre ellos, que por sí mismos no podían resolver. La historia recogió el capítulo vergonzoso cuando el entonces Presidente Suazo Córdova, en un intento de propiciar un golpe técnico para extender su mandato a seis años, provocó que el Presidente del Congreso Nacional llamara al Jefe de las FFAA para que respaldara al parlamento en la inaudita intentona de Suazo Córdova, que fue lo que contuvo a Suazo para hacerlo desistir de aquel despropósito.

En 1976, cuando el entonces Jefe de Estado, Gral. Melgar Castro, buscaba constitucionalizarse, imitando al Gral. López Arellano, usando un organismo suplantador del parlamento hondureño denominado Consejo Asesor del Jefe de Estado, las FFAA tomaron la decisión de destituir a Melgar Castro y sustituirlo en el mando supremo del país con un triunvirato integrado por el Gral. Policarpo Paz García, Jefe del Ejército, el Cnel. Domingo Álvarez, Comandante de la FAH y el Cnel. Amílcar Zelaya, Jefe de la Fuerza de Seguridad Pública, como se le conocía a la policía. Esa decisión fue histórica por dos elementos fundamentales: primero, porque los militares acordaron replegarse a sus cuarteles y alejarse de la vida pública, lo que han cumplido hasta ahora. Y segundo, porque excitaron a los políticos a que retomaran la conducción de la vida pública y fijaron la fecha para que se instalara una Asamblea Nacional Constituyente que tendría la responsabilidad de redactar la nueva Constitución de la República, por la que habría normarse la vida del país.

Excepto por los dos Golpes de Estado, de 1963 y 1972, encabezados por el Gral. López Arellano, los militares han observado una conducta respetuosa con los políticos, de manera que después de ambas incursiones en la vida pública como lo prometieron en 1977, se replegaron en sus cuarteles, se dedicaron a modernizar la institución, la dotaron de valiosas herramientas que les permitiera capacitar a las nuevas generaciones de oficiales tanto en lo militar como en lo académico, sin abandonar la promesa de cumplir el papel que la Constitución de la República de 1982 les estableció para salvaguardar la soberanía e integridad territorial, mantenerse apolíticos y obedientes al mando civil. Lo que pasó en el 2009, cuando las FFAA se resistieron a acompañar a Mel Zelaya a concretar su despropósito denominado «Cuarta Urna», no fue una desobediencia al poder civil, fue el acatamiento a una orden emanada del Poder Judicial atendiendo por ley una petición del Ministerio Público para capturar a Mel Zelaya por violar la Constitución de la República.

Los políticos hondureños deberían sentirse avergonzados por estos comportamientos bochornosos a lo largo de todos estos años, que afortunadamente han sido reparados a tiempo por los militares, que han demostrado más cordura y patriotismo que los políticos. En el 2009, los militares pudieron quedarse gobernando, pero cumplida la orden que les fue girada por el Poder Judicial, una vez capturado Mel Zelaya exigieron a los políticos que asumieran su papel y tomaran la conducción del país.

Las FFAA han reiterado en varias ocasiones a los políticos que no los involucren en los problemas que surgen en la vida institucional en diferentes procesos electorales, recomendación que parecen no haber escuchado Luis Zelaya y compañeros del Concejo Central Ejecutivo, que en día pasados llegaron hasta el aposento principal de los militares en el cuartel general del Estado Mayor Conjunto, con la insensata propuesta de que los militares procedieran a separar a JOH de la Presidencia de la República.

Revelada por el Gral. Ponce Fonseca, la infausta propuesta de derrocar a JOH, planteada por los dirigentes liberales del Central Ejecutivo, no es creíble el desmentido de Luis Zelaya Medrano, porque, como es lógico suponer, no había otras razones de peso que llevara a los liberales al cuartel general del Estado Mayor Conjunto, que no fuera la persistencia en que se ha manejado Luis Zelaya, haciendo comparsa con Nasralla y Mel Zelaya, para forzar la salida de JOH de la Presidencia. A falta de calor popular a sus convocatorias para lograr este cometido, Luis Zelaya y otros dirigentes del CCE, sin reparar en el error mayúsculo que su descabellada iniciativa significaba para el PL, y sin medir las consecuencias contra ellos mismos, propusieron al alto mando militar la separación de JOH de la Presidencial, que conforme a la Constitución es una propuesta de Golpe de Estado.

De nuevo, los militares demostraron tener la cordura en su sitio, rechazando prestarse a facilitarle a los políticos ambiciosos el acceso al poder mediante la más inconstitucional de las salidas políticas que es un Golpe de Estado. El intento de Luis Zelaya por desmentir al Gral. Ponce Fonseca, no tiene cabida en la ciudadanía hondureña. Porque, por lógica elemental, los hondureños se preguntarán, ¿qué razón o motivo tuvo Luis Zelaya para ir al cuartel general de las FFAA? No fueron a felicitar a los soldados en su día, ni a departir con los militares el aniversario de Morazán. Llevaban un propósito grueso, el mismo que los llevó a EEUU a pedir la ayuda de políticos estadounidenses para que intercedan a forzar la separación de JOH de la Presidencia de la República. y el solo hecho de plantear a los militares este tipo de solución, es proponer un Golpe de Estado.

Nunca antes la mente de dirigentes liberales se prostituyó a tan bajo nivel; algunos cometieron errores, pero ningún desacierto se compara con esta atrocidad política de Luis Zelaya que constituye una vergüenza irreparable para el Partido Liberal, la institución política de mayor arraigo en un gran sector de la población hondureña que ha de sentirse ultrajada por este comportamiento que desde todo punto de vista es reprochable.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 28 de octubre de 2019.