Valen más las opiniones que los hechos

julio 5, 2021

Juan Ramón Martínez

En la Biblia, se dice que “por sus obras los conoceréis”. Sin embargo, en esta civilización de las opiniones, no se imponen los hechos, las cosas que se hacen, las sentencias de los tribunales, sino que las opiniones. Tanto la de los particulares de los que hablan por la radio, la televisión y escriben en los periódicos, como de los políticos nacionales e internacionales que se desprestigian unos hacia los otros, tan solo emitiendo juicios – la mayoría viscerales, apasionados e incluso irracionales – sin tener la obligación moral de aportar pruebas. Porque, si se duda de las obras; o los juicios sobre estas son controvertidos, lo que vale son las pruebas.



El mejor ejemplo de lo que venimos diciendo, lo confirma la lista Engels. Sin prueba alguna, sin el mínimo argumento, solo prevalidos del poder que tienen los altos funcionarios de la potencia de la cual somos países satélites, han preparado una lista en que se califica de corruptos a personas que forman parte de la administración pública, del Congreso y de los partidos políticos. Basándose en las acciones iniciadas en el caso de Honduras por la MACCIH ante los tribunales y en franco irrespeto con estos, algunos de ellos, han sido declarados inocentes por los tribunales nacionales. Un caso, incluso en su fase inicial, el de Bográn de Invest—H, cuando la causa no ha entrado al conocimiento de los jueces, se le señala como culpable, basándose tan solo en la opinión de quienes producen las listas, sin respeto a los hechos; tan solo amparándose en juicios personales, rumores o simple pendencias interpartidarias. Y la mezcla de los delitos tiene una vulgaridad tal que, como si se tratara de una cosa juzgada, se declaran culpables personas sin derecho de defensa o que han sido señaladas, como el caso de la diputada Medina que enfrenta proceso por alteración de un acta en donde actuó de secretaria del Congreso Nacional.

No quiere decir que en la lista no haya personas que se merezcan el escarnio de ver su nombre hundiéndose en el lodo del desprestigio. Claro que sí. La mayoría no son santos impolutos a los que haya que pasear durante las fiestas religiosas cristianas de la resurrección de Jesucristo. Claro que no. Incluso, muchos de los señalados allí, en pleno ejercicio imperial de líderes de los Estados Unidos que desde el Congreso Federal, efectúan listas con las cuales buscan, aparentemente con la intención de ayudarnos, desprestigiar a las personas sobre las cuales hay profundas sospechas que han abusado del dinero público, que han vendido favores y que, incluso han cooperado en acciones de traslado de drogas ilegales por el territorio nacional. El problema es la legitimidad de su elaboración, la utilidad de la misma y su aprovechamiento, para que los hondureños, apliquemos nuestras leyes y condenemos ejemplarmente a los corruptos señalados allí y otros más que anuncian que incluirán en futuras listas. Y  su eficacia.

En lo primero, es decir su utilidad, la respuesta es negativa. No tiene valor alguno ante los tribunales, por la sencilla razón que no está acompañada por las pruebas que los jueces de todas partes exigen. Allí lo que se aprecia son opiniones. Nada más que opiniones. Además, no se apersona por medio de los fiscales, para ser atendidos por los jueces. Por otro lado, una declaración de la embajada en Tegucigalpa es útil para los titulares de los periódicos o para despertar el honor dormido de algunos fiscales, cuya ineficacia es un verdadero escándalo; o para avergonzar a alguno que otro político. Pero jurídicamente más bien lo que muestra es la enorme incompetencia que exhibe la Fiscalía General de la República que más que opiniones, han sido incapaces de aportar pruebas fehacientes para que los señalados en la lista Engels puedan ser enjuiciados en los tribunales de la república. Por ello, como decíamos al principio, lo que lograran actualizando la lista mensualmente es banalizar el mal, volviéndolo tan corriente y común que incluso los honestos terminarán reclamando ser tomados en cuenta e incluidos en las futuras listas que han anunciado que se presentarán en el futuro. Porque más bien darán prestigio.

Entonces, más que las opiniones de los congresistas y legisladores de Estados Unidos, lo que tenemos que hacer es poner a trabajar a nuestros fiscales para que con pruebas, no con opiniones, castiguemos a los corruptos que como una plaga incontrolable ha dominado casi todos los espacios de la sociedad pública y la sociedad civil de Honduras. La lista entonces, debe servir para enjuiciar a los fiscales y para prepararlos para que ellos, con las pruebas en las manos, ayuden a los jueces a detener la corrupción que se ha impuesto en nuestro país. Las listas no son suficientes. Son puras opiniones, sin utilidad alguna.

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