¿Por qué vale la pena salvar al liberalismo?

febrero 21, 2017

Nada de lo que está sucediendo en el escenario político hondureño es fortuito, todo lo que está ocurriendo está planeado por sectores coléricos que se han conjuntado para vencer al liberalismo que en la sociedad hondureña está encarnado en los dos grandes partidos históricos: el Partido Liberal y el Partido Nacional. Porque, lo que se dice, que ambos partidos responden a la misma ideología es muy cierto, tanto el P. Liberal como el P. Nacional,  dentro de sus respectivos defectos, pertenecen a  la gran corriente universal del liberalismo, que es la expresión y la práctica genuina de las libertades en todos sus géneros.

A veces la única diferencia entre liberales y nacionalistas son los contornos de sus respectivos colores, rojo para los liberales y azul para los nacionalistas, pero en el fondo ambos son fervientes defensores de las libertades del ser humano, en cambio,  partidos emergentes, como Libre y PAC, son detenidamente populistas, ambos se pierden en la cacofonía de la prédica marxista que se encuentra muy claramente identificada en el juego político, de Mel Zelaya y su militancia, y cuando menos en el PAC, a  Salvador Nasralla, que ya viejo permitió que se le torciera el gallo y para gritar al más puro estilo de los talibanes cuando lanzan su alarido de guerra.



En las administraciones de liberales y nacionalistas siempre hay un notable período de relativa paz y tranquilidad. Y todos podemos enumerar los errores de arrogancia del gobierno, señalar a los políticos corruptos y codiciosos de uno y otro partido, pero no es igual si aquí nos tocara estar bajo la égida de un gobierno autoritario y totalitario, que en su generalidad son gobiernos ineptos, ineficientes, más corruptos que cualquier otro y viven solo  para destrozar la libertad de la ciudadanía, de la empresa privada, mientras que la élite que gobierna se baña de privilegios.

Hay un universo de diferencia entre los gobiernos que practican el liberalismo y los gobiernos autoritarios y totalitarios,  en los gobiernos que se manejan dentro del esquema de las libertades las sociedades son florecientes y abiertas, mientras que en los gobiernos totalitarios impera el autoritarismo en su máxima expresión. El ejemplo más próximo es el de Venezuela, donde el chavismo con un loco llamado Nicolás Maduro,   a la cabeza, tiene a aquel otrora gran país, sumido en el precipicio de la amargura y la miseria.

La historia no cuenta mentiras cuando registra los oprobios del régimen comunista de los Castro en Cuba, tampoco miente sobre la dictadura de Pinochet, que no fue un gobierno democrático porque estuvo regido por un sistema dictatorial militar que hizo muchas cosas buenas pero tantas cosas malas. En los gobiernos enteramente democráticos, como EEUU y los europeos (Inglaterra, Francia y Alemania) los sistemas han sido esencialmente benignos, donde la fuerza del ejemplo es la libertad que garantizan los gobernantes.

El sistema democrático que es la expresión de los gobiernos que están en la orbita  del liberalismo, la redistribución del poder siempre se impone a las tensiones y el reto que admite es que el sistema permite revisiones para acomodar los intereses de la sociedad y la ciudadanía por encima de la clase gobernante y los políticos. Es el pueblo pueblo, el que decide  en las urnas y no  una élite como sucede en los gobiernos totalitarios.

Ahora estamos abocados a un año de elecciones en que los hondureños habremos de decidir el destino de Honduras mediante nuestros votos en  marzo y  noviembre. Dos partidos populistas, Libre y PAC, demuestran su esencia antidemocrática, mientras que Partido Liberal y Partido Nacional siguen disfrutando de la confianza de una inmensa mayoría de los hondureños. Las últimas encuestas, aunque están llenas de defectos e imperfecciones, lo demuestran de manera contundente: el pueblo hondureño prefiere a los dos grandes partidos históricos que son la esencia del liberalismo universal, Partido Liberal y Partido Nacional.

Esto no quiere decir que el electorado debe actuar dándole la espalda a Libre y Pac, como para minimizarlos. No se les pude ignorar porque ambos son capaces de provocarle un daño a la democracia, no tanto como para vencer a los liberales o nacionalistas, que a nuestro criterio, son los que se disputarán  en noviembre el derecho a dirigir los destinos del país.

Al daño que nos referimos es a la cantidad de diputados que pudieran obtener, con lo cual tendrían suficiente para hacer una fuerza destructiva en el parlamento, en perjuicio de la gobernabilidad que se requiere para seguir impulsando el desarrollo de Honduras. Este es el peligro que representan Libre y Pac como alianza, y es que, aunque unidos no podrán ganar la presidencia de la pública, ganando un buen número de diputados en el congreso, tendrán la fuerza necesaria para negarle el progreso a nuestro país. Por eso decimos que vale la pena salvar al liberalismo encarnado en nuestros dos partidos históricos. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 21 de febrero de 2017.

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