Vacunas y compromiso

agosto 23, 2021

Por: Nery Alexis Gaitán

El clamor popular durante esta terrible pandemia ha sido que el gobierno debe proveer un sistema de salud efectivo que le haga frente al mortal virus. Esa es su obligación, ya la Constitución establece que el Estado es el garante de la salud del pueblo.



No se puede esconder que el sistema de salud hondureño desde hace décadas está colapsado. En nuestros hospitales públicos falta de todo, a veces no hay ni una simple jeringa. Los medicamentos de todo tipo brillan por su ausencia. Aquí los pobres se mueren constantemente en los hospitales a vista y paciencia de todo mundo y el gobierno no hace nada.

Es inaudito, con tantos millones que supuestamente se invierten en salud, que no se hayan construido más hospitales y ampliado la red de servicios médicos en todo el país. La corrupción es el peor mal de los pueblos.

Así, en este estado calamitoso, jamás hemos estado preparados para enfrentar enfermedades, que siempre afectan a los pobres. Así vimos cómo al inicio de esta pandemia el gobierno fue incapaz de manejar apropiadamente la crisis sanitaria. Suplir equipo de bioseguridad costó un mundo, y todavía falta. No digamos instalaciones apropiadas para aislar a los contagiados.

A esto hay que sumarle la corrupción galopante en tiempos de pandemia. La estafa de los hospitales públicos debe ser considerada un crimen de lesa humanidad. Y otros latrocinios en medicamentos y equipo.

Aun con estas condiciones adversas, no se puede negar que en los últimos meses el gobierno se ha mostrado diligente haciendo lo que debe hacer. Ha suplido de equipo y medicamentos en gran medida; aunque algunos triajes se han cerrado por falta de recursos.

Y es que las desgracias nunca vienen solas. A la pandemia hay que agregarle que estamos en un año político y eso ocasiona un gasto oneroso al deteriorado presupuesto nacional. Y los políticos, en su mayoría, no les importa el bienestar del pueblo, sólo la cuota de poder a obtener.

Pero hay actitudes correctas, por ejemplo, los líderes nacionalistas, Tito Asfura y Mauricio Oliva, después de las elecciones internas se pusieron de acuerdo y han evitado confrontarse. Lo que ha traído tranquilidad al escenario político.

Pero la pandemia continúa haciendo estragos y no todo es culpa del gobierno. El pueblo es responsable de que la pandemia se propague. La irresponsabilidad es permanente. Por todos lados vemos personas que no guardan distancia social. Que no usan mascarilla o la usan inapropiadamente.

Andan haciendo vida social como si no existiera la pandemia. Así vemos que pasan abarrotados centros comerciales, lugares de diversión, por todos lados hay grupos de personas en actitudes completamente irresponsables sin guardar las medidas de bioseguridad. El colmo es que no respetan el toque de queda y organizan fiestas hasta altas horas de la noche.

Por ejemplo, la exigencia por las vacunas era una constante, pero ahora que han llegado en cantidades significativas, hay un gran número de hondureños reacios a vacunarse. Y algunos centros de vacunación lucen desolados.

Estas actitudes irresponsables sólo causan dolor y muerte. Mientras el hondureño siga actuando de forma temeraria será muy difícil erradicar la pandemia de nuestro suelo.

Y es que mientras no tengamos claro que debemos trabajar por el bien común, será difícil construir el país próspero que deseamos los buenos hondureños. Es hora de preguntarnos ¿qué estamos haciendo para legarle un mejor destino a nuestras familias?

Urge que, comprometidos con el país, con su sistema democrático; y por ende, con nuestras seres queridos, empecemos a trabajar muy duro para salir adelante como nación.

Y, de paso, exijámosle cuentas a los políticos, que al fin y al cabo son nuestros servidores. Por eso, este próximo noviembre no botemos el voto y elijamos personas honestas y capaces de hacer la diferencia por Honduras.

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