Unas elecciones sin precedentes

noviembre 3, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

No se puede negar que las elecciones que se celebran este día en EEUU no tienen precedente, porque, aunque antes hubo políticos quisquillosos y mal educados, ninguno alcanza la talla de malcriadeza que tiene Donald Trump, a quien se le considera justamente como el más zafado de la boca, o el genio de la tergiversación y la mentira como lo han calificado dentro y fuera de EEUU, por su dinámica para desinformar y retractarse cuantas veces tenga que hacerlo por su conveniencia de no dar su brazo a torcer, aunque a conciencia sepa que ha proferido un infundio y o que ha insultado o cuando menos faltado el respeto a otra persona.



Aunque la polarización era ya una situación palmaria en EEUU, la incursión de Donald Trump terminó por elevarla a un nivel extremadamente peligroso y hasta cierto punto inédito, en lo que concuerdan los historiadores de la política de esa gran nación. Si a la polarización política se le agrega la inquietante proliferación de armas en circulación, esta radicalización que cobró vigor con los discursos virulentos de Donald Trump podría desembocar en escenarios de violencia, sobre todo en  caso de que el resultado no sea lo suficientemente contundente para cualquiera de los candidatos. En EEUU se inscriben más de mil aspirantes a la presidencia de la nación, pero el sistema está dado para que siga imperando el bipartidismo, por lo tanto Republicanos y Demócratas seguirán siendo los dos grandes bastiones políticos que se disputarán la conducción de este gran país, no obstante que uno u otro partido gane la dirección del poder, las políticas internas y de exterior de EEUU no tendrán mayores variantes y los cambios en los que el presidente quiera estampar su sello personal serán aquellos que por ley le corresponden.

PERO no hay que olvidar que fue la llegada inesperada de Donald Trump con su extravagante personalidad lo que modificó del todo el escenario político de EEUU, porque hizo que el admirable sistema democrático estadounidense de pronto se viera ensombrecido por las mismas manchas que afectan a los sistemas de otros países subdesarrollados, incluso, aquellos que los políticos norteamericanos llaman en tono despectivo como repúblicas bananeras. Con Trump, el gran país del norte quedó sumido en un enorme bananal del que podrá salir en un tiempo no muy corto, porque Trump ha sembrado una semilla que muchos denominan el trumpismo, que de continuar germinando augura que EEUU quede sumido en un escenario de violencia no diferente a lo que impera en casi toda América Latina.

No son pocos los que piensan que un resultado ajustado en estas elecciones difícilmente podrá ser dirimido con justicia en los tribunales, teniendo Trump el control de la Suprema Corte donde la fortuna le ha sonreído en su período al presentarse la ocasión de elegir a tres magistrados que han salido de su propuesta personal. En cambio otros creen que aunque se presente un resultado sumamente apretado el andamiaje de las instituciones de EEUU podrá resistir los peores escenarios. Apoyándose en las reglas, pero surge la duda si la definición llegara a la Suprema Corte donde Trump ha colocado tres magistrados que han salido del seno del trumpismo, ni más ni menos lo que ocurre en los países latinoamericanos.

Para Trump, la inesperada aparición de la pandemia del COVID-19 ha sido algo con lo que no contaba en su estrategia de reelección y aunque la mayoría de observadores señalan que por los graves resultados en que ha derivado la gestión del virus para la nación americana por la forma en que Trump la ha manejado, ni siquiera eso podría prever con certeza las posibles consecuencias electorales, como creen los demócratas que podría ocurrir.

Aquí en Honduras, muchos dirigentes políticos y observadores nacionales creen que el triunfo de uno u otro candidato será determinante para nuestro país, algo que a mi juicio no es así, porque gane Trump o gane Biden, el tratamiento a países como Honduras ya está contemplado en los planes de política exterior para América Latina que maneja el llamado cuarto piso del Departamento de Estado, que es la dependencia del gobierno de EEUU donde se cocinan todas las recetas que se aplican a estos países que no representan mayor importancia para EEUU. Aquí en Honduras hay una cierta izquierda que bate palmas anticipadas por el triunfo de Biden, pero pierden su tiempo así como demuestran estar desorientados, porque los demócratas por muy progresistas que se consideren, no están alineados con ninguna posición ideológica de la seudo izquierda de América Latina. El progresismo de los demócratas se preocupa por sostener programas de asistencia social en EEUU y apoyar programas similares en los países aliados.

Hay que leer bastante para saber interpretar la visión de la política exterior de EEUU. Por ejemplo, la mayor cantidad de emigrantes expulsados no ocurrieron en este gobierno de Trump, sino en los 8 años de administración demócrata que presidió Barack Obama y el trabajo migratorio lo ejecutó el vice presidente Joe Biden, sin mucho discurso y sin declaraciones. En cambio, a Trump le atribuyen un odio antimigrante por el bullicio de construir un muro fronterizo que resultó más alharaca que realidad.

Esta elección servirá para poner a prueba si EEUU sigue manteniendo una democracia sólida con el respeto escrupuloso a las reglas constitucionales y la alternancia pacífica en el poder. Porque Trump ha anticipado que si el resultado no le favorece es porque ha habido fraude en su contra y tiene un ejército de abogados listos para derrocar la trampa. Ni más ni menos parecido a lo que sucede en las elecciones de estos países latinoamericanos. Esta elección es una prueba de sobrevivencia para un modelo de democracia que hasta ahora era admirado en todo el mundo y que al ser víctima de la polarización ha caído en las garras del sectarismo que no se diferencia al que practican las repúblicas bananeras.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 3 de noviembre de 2020.

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