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Ecuatoriana presidirá la samble general de la ONU 1

Una victoria pírrica

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La semana pasada se eligió la Presidencia de la Asamblea de la ONU, resultando ganadora la canciller ecuatoriana, producto de la suma de votos de los países que forman el amplio bloque populista que deciden cualquier elección tanto en la OEA como en la ONU, y como lo habíamos anticipado la postulación de la embajadora hondureña Elizabeth Flores Flake, corría con la desventaja de enfrentar una elección donde prevalece la calamidad de aspirar un cargo que se lo reservan las naciones que han caído dominadas por la infección populista.

La señora María Fernanda Espinosa, canciller de Ecuador, alcanzó una victoria pírrica, porque su gobierno recurrió al egoísmo y a la falta de palabra, después que Honduras apoyo a un funcionario ecuatoriano para un cargo internacional, por lo que el gobierno de aquel país en una supuesta reciprocidad se comprometió a no presentar aspirantes a la asamblea de la ONU. Como los populistas son gente sin ninguna palabra, poco duró aquel compromiso y la señora canciller Espinosa en un alarde de cinismo negó que Ecuador se hubiera comprometido con Honduras. Y sucedió lo que se esperaba, que el grupo de países populistas le  dieron el voto para presidir la Asamblea de la ONU.

A las personas que llegan a los cargos de esta forma poco les dura la alegría, porque como dice el refrán las victorias alcanzadas por la puerta trasera son como las malas noticias que producen escozor en lugar de satisfacción. La señora Espinosa ha sido seriamente cuestionada en el Ecuador por varias razones, todas tienen que ver con abusos y excesos, igual que en el pasado sucedió con funcionarios que escalaron altos cargos  en otros organismos, y de allí salieron acusados unos y esposados otros, derechito a prisión.

Habitamos un concierto de países donde existe la hipérbole dramática de que muchos personajes, para bien y para mal, incursionan en la alta diplomacia llenos de manías, que trabajan a fondo para perseguir posiciones no para honrarlas sino para servirse de ellas. Y bajo la denominación de ser progresistas se salen con la suya cuando reciben el voto de las naciones que están regidas por gobiernos de corte populista de izquierda. No hay colectivo más comprometido con la ideología que el que está conformado por gobernantes de tendencia izquierdista, que no respiran otra atmósfera que no sea el populismo.

La embajadora Elizabeth Flores, como representante de una nación democrática que no se ha dejado dominar en ningún momento por el Socialismo del Siglo XXI, tuvo en su contra la paradoja de luchar cuesta arriba contra un conglomerado de delegados que no ocupan el puesto en la ONU para alimentar la democracia, sino para fortalecer una corriente ideológica internacional que batalla por dominar el continente, habiendo sufrido severos tropiezos que de momento desarticulan su propósito expansionista de controlar del todo a la ONU y la OEA. Pero, los populistas no se dan por vencido y vuelven a la carga cuando están de por medio cargos con cierta trascendencia como la presidencia de la asamblea de la ONU.

La experiencia de la embajadora Lizzy Flores no es un fracaso, ni personal ni para el país, porque como lo dijimos hace algunos días, el solo hecho de alejarse del temor para aspirar a un cargo de cierta trascendencia, expuso a Honduras como país dispuesto a asumir un papel protagónico en el concierto internacional de países. La canciller ecuatoriana, para ganar dependió del apoyo de los países que no son amigos de la democracia. Y más pareciera que la señora Espinosa buscó la presidencia de la Asamblea de la ONU para blindarse de las acusaciones que le hacen en Ecuador por actos y acciones reñidas con la ley. El poder y la gloria en estas circunstancias, más que una aspiración, es una salida para escapar de la ley en su país.

En estas circunstancias, la canciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa como en el caso del cisne negro, es la protagonista de algo que no se sabe cómo nació y que tampoco se puede predecir cómo acabará, porque un animal de ese color lo más seguro es que será objeto de persecución por la extrañeza de su plumaje. La señora Espinosa ganó la presidencia de la Asamblea de la ONU, merced al apoyo de sus camaradas, pero ese respaldo no la protegerá en su país si las acusaciones en su contra llegaran a prosperar. Entonces sabrá ella que su triunfo ha sido apenas una victoria pírrica.

No hace mucho un ex alto funcionario de Costa Rica, después de haber alcanzado la Secretaría General de la OEA, terminó por abandonar el cargo para responder con una pena de varios años en la cárcel después de ser sentenciado por los tribunales de su país. El poder y la gloria, cuando se alcanzan por la puerta trasera, vienen precedidos de antemano por malos augurios.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 8 de junio de 2018.