«Una tierra prometida» de Obama

diciembre 7, 2020

Juan Ramón Martínez

Como se acostumbra en los Estados Unidos, con lectores y políticos más inteligentes que aquí en Honduras, el ex presidente Barack Obama, ha escrito la primera parte de sus memorias. Bajo el título “Una Tierra Prometida” – en la que recuerda la gesta en el desierto de Moisés que nunca logró conocerla– resume lo que significa para un negro una sociedad discriminatoria como la estadounidense, “relata los entresijos de la política domestica y la internacional, y rememora su vida familiar hasta el final de su primer mandato. En la entrevista que La Vanguardia de Barcelona le hace vía electrónica, el reportero le pregunta si Estados Unidos, “sigue siendo una tierra prometida” Él responde: “Mire, cuando buscaba un título para el libro, una de las cosas que me vinieron a la mente es que Moisés nunca llegó a la Tierra prometida. Este tema fue muy importante en los sermones de Martin Luther King, que se refería con frecuencia a los 40 años que nos pasamos vagando por el desierto. Creo que lo que nos enseña esto es que, cada generación debe iniciar su andadura donde lo dejó lo anterior, en nuestro camino hacia una unión aún más perfecta”. Para precisar un poco más el asunto, quitándole optimismo a los procesos, agrega que, “a lo largo de la historia, se ha visto que el el progreso, no siempre avanza en una única dirección. A veces va en un sentido y luego en otro. Hay ocasiones en que damos dos pasos adelante, antes de dar uno hacia atrás. Pero tampoco podemos olvidar los enormes avances que hemos conseguido como país. Nadie duda que, la vida en Estados Unidos hoy, es mejor de lo que era hace 50 o 100 años”.



La interrogante que nos hacemos nosotros, siguiendo esta reflexión de Obama, sí su ascenso en la Casa Blanca, convirtiéndose en el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, en efecto fue un paso adelante y que la aparición de Trump, fue dos pasos hacia atrás. Y que, aunque dio ánimo a los negros, no salieron del espacio de su imaginario victimista, provocando más bien entre la minoría blanca y protestante, especialmente, un actitud negativa para alimentar un racismo anti negro que no habíamos visto desde los conflictos de Alabama en la década de los cincuenta del siglo pasado. Y el periodista español, no desaprovecha la oportunidad. Y Obama, tampoco rehúye la respuesta. “Bien, responde, en primer lugar, nunca creí que la lacra del racismo fuera a acabarse con mi elección. Eso lo tuve claro desde el principio. Nunca me creí que viviésemos en una era post racial. No obstante, pienso, lo que sí hubo durante mi presidencia fue una reacción de ciertas personas que pensaron que yo encarnaba de algún modo la posibilidad que ellos, o el grupo al que pertenecían, perdieran el nivel de vida que habían alcanzado, y lo que les había llevado a este convencimiento, no era algo que yo hubiese dicho, sino el hecho que mi aspecto no era igual al de anteriores presidentes. Mi sola presencia en la Casa Blanca preocupó a mucha gente, en algunos casos de forma explícita y en otras, de forma inconsciente. También hubo quien se dedicó a manipular esos miedos. Si recuerda el fervor que generaban los mítines de Sarah Palin y lo compara con el ánimo de quienes asistían a los mítines de John McCain, notará una gran diferencia. El recurso de políticas identitarias, al discurso xenófobo y a las teorías de la conspiración, ya entonces empezaba a generar redito político. De ahí, pasamos a las teorías alentadas por Donald Trump, que cuestionaba mi lugar de nacimiento, y poco después, a su propia victoria electoral”. Aquí, nosotros, no resistimos la tentación de pensar que la emergencia de Trump, el racismo de su discurso excluyente y su tendencia de desmontar la obra de Obama – especialmente las medidas sanitarias y los programas para apoyar a los inmigrantes—no son, en sus palabras, un paso adelante que desafortunadamente se encargará en dar dos pasos en dirección contraria el derrotado candidato republicano. Pero que la división que creará en el electorado, la violencia contra los negros, la rebelión de estos frente a una policía represiva y violenta, no significa que los estadounidenses, con Moisés o sin su presencia, seguirán en el desierto, esperando por muchas generaciones la llegada a la tierra prometida. Y que, en esa lucha, muchos Moisés, morirán en el esfuerzo por una tierra dura, en la que Dios parece que los deja cada día más solos. Entregados al culto del individualismo que favorece la diferenciación en forma irracional.

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