Una segunda vuelta contagiosa

agosto 14, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Como el término de moda es el contagio, no podríamos excluirlo del campo político en el que la imitación de lo malo llega a convertirse en algo consuetudinario y contagioso, porque entre los políticos la costumbre los lleva casi siempre a imitar lo que no es bueno, es decir todo aquello que se ha probado que da malos resultados, que es el caso de la segunda vuelta, porque en los países donde se escoge como una solución de participación democrática termina por producir gobiernos anarquizados, producto de coaliciones urdidas para imponerse en segunda vuelta. Los políticos que se enorgullecen de proponer la segunda vuelta electoral, llamada despectivamente con el sobrenombre de balotaje, solo para derrocar a un partido que gobierna, no se dan cuenta que proponer como salida un gobierno menjurje, que es lo que termina siendo un gobierno resultante de una segunda vuelta electoral, es el daño más grave que se le infiere a la democracia.



Si la segunda vuelta fuera la maravilla del mundo no sería la causante de los entuertos que son casi todos los gobiernos producto de una segunda vuelta, porque en la integración de la fórmula que es una auténtica recogida de los políticos más disímiles entre sí, para sacar una candidatura de coalición para el balotaje, se cuelan los personajes menos indicados para atender los asuntos de Estado. Es una verdadera tontería creer que la segunda vuelta es lo indicado para fortalecer la democracia, cuando es todo lo contrario, y si no remitámonos a las pruebas y veamos los diversos casos europeos o gobiernos suramericanos donde se ha implantado la segunda vuelta electoral.

¿De dónde han sacado el peregrino argumento de que los últimos resultados electorales hondureños han sido victorias muy pobres de los presidentes más recientes y que al no tener el respaldo mayoritario de la población no son genuinos presidentes representativos de la nación? Este es un argumento tirado de los cabellos. ¿Y quién les asegura a quienes piensan con estas «ideotas» que una coalición obtendrá una votación masiva como para duplicar al candidato de un solo partido? Hagamos un ejercicio para encarar este sombrío pensamiento. El censo del PN ha probado que puede sacar un resultado de más de un millón 400 mil electores, mientras el Partido Liberal se ha empobrecido con los últimos dos candidatos que apenas han sacado, 600 mil votos uno y 400 mil el otro, mientras que LIBRE por sí solo no pasa de 400 mil votos. Nasralla con el PAC apenas contó con 400 mil votos de respaldo, aunque otra cosa fue el resultado de su alianza con LIBRE. Esta vez cualquier alianza que se pudiera dar es imposible  que pueda remontar por el doble de votos al millón 400 mil electores que tiene el PN. Pudiera ganar por un margen cerrado, como estuvo a punto de lograrlo la Alianza Nasralla-LIBRE en el 2017, y esa misma situación pudiera repetirse en el 2021, si al PN le tocara enfrentar a una alianza de oposición. Habría otro resultado cerrado, en donde la novedad sería sacar a los nacionalistas del poder a como dé lugar, pero sin que lo logren con una enorme diferencia.

Si el objetivo es sacar a los cachurecos del poder, los opositores, sean liberales, libres, nasrallistas y demás, deben decirlo con claridad, sin poner el argumento tonto que con una alianza en segunda vuelta electoral se conseguirá que las tres cuartas partes de hondureños acudan a las urnas, cuando los resultados de las elecciones, por lo menos las tres últimas, han sido opacadas por el alto nivel de abstencionismo, señal inequívoca que hay un amplio sector de la población que vive desencantada del sistema político y de los políticos hondureños, que es una realidad que los políticos tienen miedo encarar.

Pero si esto fuera un consuelo, ningún gobierno en el mundo es electo por amplias mayorías, lo contrario, en los diversos sistemas últimamente son las minorías las que acuden a votar y a elegir presidentes, diputados y alcaldes. Tampoco esto es para alarmarse, la historia electoral en los diversos países del mundo registra este fenómeno como algo normal, en que por lo general un 30, máximo un 40 por ciento de la población de un país es el que elige a un presidente. Y si no veamos, cuántos estadounidenses acuden a votar cada cuatro años que se elige al presidente de EEUU.

Acostumbramos a poner como el mejor ejemplo democrático del mundo el proceso electoral de EEUU, donde el presidente no es electo por el voto popular masivo de la población sino por los votos de un colegio electoral que es integrado por delegados de los diferentes Estados, de manera que los presidentes estadounidenses no resultan electos por el voto popular, sino por el voto de los delegados del colegio electoral, siendo que la elección en ese país es de tipo federal. El último caso es el triunfo de Donald Trump que sacó tres millones de votos menos que su adversaria Hillary Clinton. Si usted ha visto las elecciones en EEUU, podrá haber notado que no hay afluencias masivas de electores en las urnas, es más, en EEUU no dan feriado el día de las elecciones, acuden a votar las personas con sensibilidad democrática mientras la mayoría se resigna a esperar y ver el resultado por televisión.

Los que andan con la onda de rasgarse las enaguas pregonando la segunda vuelta como la salvación de la democracia, es porque creen que la mayoría de los hondureños somos grandísimos tontos para dejarnos tomar el pelo y no se dan cuenta que los tontos son ellos. Es más, toda esta gente que anda impulsando la segunda vuelta es porque se han contagiado con la tontería, porque la tontería también es contagiosa. Una elección democrática es aquella que se gana por cualquier mayoría que haga la diferencia, sea mínima o sea amplia. Una elección se puede ganar por un voto o por mil votos o por un millón de votos de diferencia. La elección la gana un partido para tener el derecho a gobernar, no es cierto que una elección la gana el pueblo. El papel del pueblo es el de gobernado mientras que los políticos luchan por ser los gobernantes. Es preferible un gobierno de un partido sin importar la mayoría que lo avale, a un gobierno que resulte de un menjurje cruzado de intereses personales que a la hora de asumir el poder se pasará los cuatro años viendo cómo se revientan entre ellos para manejar la torta presupuestaria a su gusto. Porque al final de cuentas amigos, los que aspiran llegar al poder en el fondo lo que ambicionan es manejar el Presupuesto de la República. Y sino pregúntenle a Mel Zelaya porque durante dos años no presentó el Presupuesto al Congreso para su aprobación, prefiriendo manejarlo como si todo el dinero público de los hondureños fuera de su propiedad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 14 de agosto de 2020.

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