Una rémora en la pandemia

julio 28, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando escuchamos los comentarios de los dirigentes del COHEP refiriéndose a la recuperación de la economía, nos preguntamos de dónde obtienen los datos tan positivos que hablan de una recuperación de la economía, que todavía está muy lejos, porque, si no lo saben los señores del COHEP, cada día están cerrando más empresas por lo que cada vez es mayor el número de personas desempleadas. El problema laboral por el desempleo en Honduras no está en el sector público, sino en el sector privado, porque los empleados públicos no solo conservan sus puestos sino que se dan el lujo de exigir los pagos al día, piden incrementos de salarios por el alto costo de vida y exigen los privilegios que obtienen en los contratos colectivos de trabajo.



Es en el sector empresarial, sobre todo en el pequeño y mediano, donde se está librando la batalla por sobrevivir y muchos negocios ya se rindieron y han cerrado operaciones, porque, por la caída de las ventas, el pago de salarios, pagos de servicios públicos y los diferentes  impuestos, son pocas las empresas que obtienen rendimiento en este tiempo para atender todas las obligaciones. Y cada vez se va reduciendo la brecha entre la posibilidad de sobrevivir y el crecimiento, porque la economía en términos generales se ha reducido. Es lógico que con pocas ventas a las empresas se les va achicando el espacio y los gerentes, por muy creativos que sean y por muchos esfuerzos que hacen, se ven acorralados por todos lados, por lo que hablar de una recuperación económica en estos momentos es utópico y hasta irresponsable, porque pensarán los empleados que si los del COHEP dicen que las cosas ya están bien los dueños y gerentes de las empresas están escondiendo las ganancias.

Hay negocios que para poder medio sobrevivir han tenido que bajar los precios de los productos y reducir tarifas de los servicios que venden, empleando la filosofía popular que «es mejor del lobo un pelo a tener nada», pero cuando una empresa reduce sus tarifas o baja los precios sus ingresos y su capacidad merman considerablemente. En los negocios de la publicidad que es el caso de los medios de comunicación, al nomas comenzar la pandemia hubo una notable deserción de anunciantes por las precauciones que tomaron los empresarios, para garantizar la sobrevivencia de sus negocios, lo cual fue una medida comprensible. En varios países europeos, los gobiernos acudieron con planes de apoyo para que los medios de comunicación se mantuvieran, sabiendo la importante función que cumplen para sostener la democracia de un país.

Ha pasado año y medio desde que el coronavirus empezó a causar los primeros estragos en Honduras y en el mundo y en medio de un sube y baja de los contagios la economía no da muestras de recuperación como quisieran los empresarios. Muchas empresas, por la precariedad en que continúan por la situación crítica, apenas  empiezan a pagar el décimo cuarto salario, en cambio, en el sector gubernamental donde hay una elefantiásica cantidad de empleados, ya se pagaron los aguinaldos de junio, lo cual es visto con cierta envidia por los empleados del sector privado que no les queda otra que seguir esperando que sus patronos obtengan recursos, como sea, para empezar a disfrutar el pago del 14 salario.

En esta situación crítica, cada vez más hipertrofiada, no corresponde que los dirigentes de los organismos empresariales ofrezcan declaraciones triunfalistas como si hubiéramos pasado este profundo Niágara que ha sido el COVID-19, porque cuando estamos a cinco meses para finalizar este año, y sin poder ver todavía la luz al otro lado del túnel, se completarán dos años de pérdida constante en los que los pequeños y medianos empresarios han tenido que empeñar sus bienes y apelar a las bondades crediticias del sistema financiero hondureño para obtener recursos y continuar en la lucha sin tener claridad en que momento habrá una mejoría en el mercado.

El problema en Honduras es que las malas noticias se han ido conectando una tras otra, el año pasado en plena pandemia tuvimos el azote de dos huracanes consecutivos, una especie de olimpiada trágica en que si no era el coronavirus, eran dos fenómenos naturales los que nos terminaron de partir el espinazo. Por eso también confunde la posición terca y absurda de sectores profesionales y organizaciones de la sociedad civil que rechazan las pocas inversiones extranjeras que se aventuran a invertir en nuestro país, como si en Honduras estuviéramos nadando en medio de una abundancia de puestos de trabajo.

De un modo u otro, los pequeños y medianos empresarios y aún muchas empresas que son empleadores de planillas de 200 o más empleados, se sienten víctimas de la indiferencia del Estado, cuando el gobierno les exige el cumplimiento tributario al día, sin tomar en consideración la situación desastrosa, so pena de aplicarles los costosos recargos por demora del cumplimiento tributario, aumentando la crisis de las empresas. Y las empresas son el convoy que transporta los recursos con los que se alimenta el gobierno, pero este pareciera ignorar que la mayoría de ellas, en esta crisis no están en una situación ventajosa. El país entero sigue arrastrando el peso de una crisis descontrolada que ha hecho que muchas empresas ya no sean competitivas porque la rémora de las cargas no les permite recuperarse en detrimento de sus propietarios y empleados.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy  miércoles 28 de julio de 2021.

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