Una reforma educativa para mejorar

enero 22, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Sostenemos que los hondureños solo mejoraremos nuestro estado de bienestar en la medida que asumamos con compromiso un mayor interés en el suministro educativo para las presentes y futuras generaciones. Lo más esencial que debe asumir el Estado hondureño, como un fundamento de país, es mejorar el sistema educativo. Por eso reafirmamos que la iniciativa planteada por el gobierno de Hernández Alvarado, al principio de año, de entrarle a fondo a una reforma educativa que tenga como objetivo tener una educación con calidad, amerita el acompañamiento de todos los sectores de la sociedad, pero esencialmente de los medios de comunicación, no para vivir torpeando con críticas sediciosas al sistema, sino para garantizar una transparencia de este proceso de reforma, de manera que los hondureños tengamos un criterio de lo que están haciendo las autoridades educativas.



Una cosa que es cierta es que hay técnicos y no técnicos trabajando en educación, que cuando se les llama para una tarea tan importante como esta, creen que es para hacer la octava maravilla y si no se le da seguimiento al trabajo que hacen, de repente pueden trabajar en una reforma que en lugar de buscar la calidad lo que hagan sirva más bien para hundir la educación, más de lo que está.

A una política educativa le pueden sobrar los prejuicios ideológicos si los técnicos encargados para reformar el sistema, les falta pensamiento pedagógico estratégico, pero les sobren las ideas para imponer un modelo que resulte hostil a ciertos aspectos que son culturales y hasta tradicionales en la idiosincrasia hondureña.

Dejar solos tanto a la Secretaría de Educación como a los miembros de la comisión interventora en la tarea de reformar nuestro sistema educativo, no solo es una irresponsabilidad de la sociedad hondureña, sino un riesgo que nos puede costar el futuro de nuestra niñez que quedaría en manos de un sistema no adecuado que termine de hundir la educación hondureña. En materia de educación, en concreto no debemos admitir ninguna reforma que quede sujeto al criterio particular de una o varias personas. Hay que escuchar y tener las opiniones de los padres de familia, que es un sector clave que debe participar en el proceso educativo de los niños.

En Estados Unidos y Europa, los padres de familia juegan un papel que es superior al de las mismas autoridades en el ámbito pedagógico. En el condado de Dade en el Estado de la Florida, EEUU, los padres de familia tienen tanta o mayor incidencia en la conducción de las escuelas, que los maestros no pueden dar un paso en el manejo educativo si antes los padres de familia no lo aprueban. En Nueva Zelanda, en la década de los 80 pusieron en vigencia este modelo educativo donde los padres, estaban por encima de los maestros y los políticos, en la conducción de la educación. Fue en ese tiempo cuando Nueva Zelanda se convirtió en el líder del ranking educativo del planeta. Cuando los neozelandeses cometieron el error de darles a los maestros la conducción de las escuelas, el sistema decayó y ese país pasó del primero al octavo lugar del ranking educativo mundial.

En Honduras, cada vez que se habla de una iniciativa para reformar la educación, los medios de comunicación nos esmeramos en dar la noticia y después nos olvidamos para dedicarnos por entero a la política, a informar con gran despliegue sobre los hechos criminales y a examinar a fondo el fútbol. Si así como le dedicamos grandes espacios al fútbol, a la política y a los crímenes, nos ocupáramos del tema educativo, obligaríamos a los que trabajan directamente en el tema, a que le informen a la nación los estados reales del sistema educativo.

Este asunto no solo es de conocer cada año los malos resultados que refleja la niñez hondureña después de las pruebas, si queremos asumir un verdadero rol como ciudadanos responsables, debemos acompañar el nuevo proceso de reforma, porque solo de esta forma, es que tendremos oportunidad de desmantelar a tiempo cualquier mal ordenamiento que se le quiera dar a la educación de los niños hondureños.

El gran déficit de Honduras es la ausencia general de pensamiento estratégico en temas fundamentales como la educación. Y la dirigencia magisterial ha vivido ofuscada defendiendo con ardor el tema del estatuto del docente que es fundamentalmente económico, pero cuando se trata del aspecto calidad de la educación, la dirigencia magisterial brilla por su ausencia.

El combustible más potente para impulsar el progreso de Honduras es la educación de nuestros niños y jóvenes. El futuro de Honduras que es lo que nos debe importar, está en la educación.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 22 de enero de 2019.

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