Una ola de desconfianza

agosto 4, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Pocas veces hemos visto una ola de desconfianza desatada sobre una compra de Estado como la que ha habido en torno a la adquisición de los siete hospitales para atender a los hondureños contagiados por el coronavirus. ¿Qué hay razón más que suficiente? Por supuesto que hay más de una, pero la saña con que ha sido manejada está fuera del marco común del rigor periodístico, y no todo el celo que se le ha puesto a esta operación comercial responde a una genuina preocupación por la salud de los hondureños. Es cierto que esta compra desde un principio fue mal orientada por los responsables de INVEST-H, porque la misma pudo haber sido tramitada en EEUU y cualquier otro país menos distante, por más que la industria turca esté muy acreditada en el ramo de la construcción de hospitales.



Pero hay algo que el público no llega a comprender, porque hay muchas cosas que se dicen entre medias verdades y medias mentiras, siendo que ha sido una tradición en Honduras que cuando hay negocios de Estado se mezcla una cadena donde cada eslabón actúa por el interés propio de participar en el negocio y los interesados no se tocan el hígado para disparar sin contemplaciones cuando sienten que se les ha dejado sin un pedazo de la torta.

Es bueno aclarar que la compra de los hospitales móviles ha estado salpicada de dudas inyectadas por empresarios interesados, pero uno puede darse cuenta que los que decían que estos hospitales ni siquiera se habían ordenado era porque respondían al interés de quedarse con el negocio para la empresa que representan. Y vieron que hundir en el desprestigio tanto a los que contrataron como a los contratados, era la mejor estrategia a seguir para desbaratar la compra, reorientaron el objetivo, a eso se debe que cuando ya se habían embarcado los primeros dos hospitales y eran transportados rumbo a nuestro país, se cambió la decoración del ataque diciendo que lo que venía en los barcos eran cascarones vacíos, afirmación que quedó desvirtuada cuando fueron desembarcados 78 contenedores que contenían las estructuras que ya se están armando para dar vida a los primeros dos hospitales, sin que hasta el momento alguien pueda decir que el equipo médico de los 78 contenedores era un espejismo.

Los que buscaron sembrar la duda lo consiguieron y con creces, porque los efectos de desconfianza pronto pasaron a estadios mayores cuando se puso al descubierto que si bien los hospitales fueron ordenados y pagados por adelantado, de nuevo la artillería de acusaciones se hizo sentir y esta vez por la supuesta sobrevaloración de los equipos, que según documentos que se han presentado, dejan una suma cuantiosa que flota fuera del precio normal, que sin ser un genio de alto coeficiente se entiende que es para el pago de una comisión sumamente alta para el intermediario, porque en todas estas operaciones hay un representante que intermedia la compra. Aquí en Honduras hay muchos proveedores que representan a las empresas e industrias que se dedican a fabricar estructuras especiales como son los hospitales móviles.

Es indudable que el intermediario en esta operación se ganó una comisión muy alta, sin que pueda decirse que sea una estafa porque cuando hay acuerdos entre las partes todo es aceptado en los términos del comercio que es regulado por el Derecho Mercantil. El caso es que, esta compra se pudo haber efectuado en términos que no resultaran tan onerosos para el Estado hondureño, que es la víctima en esta compra. Y porque la misma cantidad de obras se pudo haber construido en un término de tiempo razonable a un precio no tan costoso. La responsabilidad de INVEST-H es evidente, estamos seguros que el Ministerio Público y el Tribunal Superior de Cuentas establecerán las responsabilidades y sus respectivas penas, de eso no nos cabe duda, habiéndose ventilado como se ha hecho este caso con la profusión de publicaciones a cual más enconada en los diferentes medios.

El caso es que no vaya a creer el respetable público que el destape que se hizo y con el ensañamiento a matar, no fue por amor a la salud de los hondureños, en el fondo el castigo de dirigir las baterías de la vindicta pública con toda la pólvora que se ha usado, fue para advertirles a los que hacen estas compras, que antes de hacer las próximas mejor cuenten con la asesoría de los proveedores y representantes de firmas que tenemos aquí y que se dedican al negocio de representar e intermediar. Quizás por todo lo que ha ocurrido ningún funcionario quedará convidado a tener tanta iniciativa para hacer una compra en forma tan urgente para ganarse alguna parte de la comisión. Comisión que a estas alturas le ha costado sangre al ex director de INVEST-H y mucha vergüenza a sus familiares, que es el peor de los castigos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 4 de agosto de 2020.

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