Una ley de rebaño político

mayo 26, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La democracia debe entenderse como el sistema político de control del poder en beneficio de los ciudadanos de un país. Para organizar la convivencia en el marco de la libertad y donde prevalezca la justicia y el pluralismo político como valores superiores, es imperativo un ordenamiento jurídico, entendiéndose por el compendio de leyes que rigen todos los actos del país. Uno de esos estamentos es la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas, que conforme la Constitución de la República es la ley que norma el importantísimo proceso electoral por el que cada cuatro años los hondureños debemos acudir a las urnas a elegir a nuestras principales autoridades y funcionarios: Presidente de la República, diputados al Congreso Nacional y alcaldes municipales.



Debido a que los partidos políticos ya habían convenido desde hace algún tiempo reformar la anterior Ley Electoral, que por tener algunos preceptos rebasados por el tiempo y las condiciones políticas, ameritaba contemplar nuevas disposiciones que garanticen la transparencia en las elecciones, los tres partidos mayoritarios: PN, PL y LIBRE, acordaron consensuar las reformas, algo que se logró en los últimos días. En este proceso fue factor importante la gestión superior del Presidente del Congreso Nacional Mauricio Oliva, quien una vez más demostró su habilidad política para lograr un consenso entre las fuerzas disímiles, PL y LIBRE más el PN. Lograr que los delegados de LIBRE y los liberales sintieran que sus derechos estaban en igualdad con los del PN, fue producto de la capacidad política del presidente del Congreso, Mauricio Oliva, que su buena cantidad de canas habrá aumentado a su cabellera, para sacar adelante la aprobación de la Ley Electoral sin la cual se ponía en riesgo la celebración de las próximas elecciones.

La Ley Electoral bien podría calificarse como una ley de rebaño político, porque la misma tenía que ser de plena aceptación de los tres partidos mayoritarios, por su orden PN, PL y LIBRE no era posible llevarla a cabo con la aprobación de dos, porque el tercero sería una gigante manzana de discordia que hubiera atragantado al proceso electoral. Hay aspectos que son objetados o rechazados por los partidos pequeños, porque estos entienden que la ley viola el principio de igualdad que debe contemplar toda ley, pero esta es una disquisición producto del mal entendimiento del concepto del proceso normativo. Porque en este caso, la Ley Electoral no puede ser una norma que trate a todos los partidos por igual, una cosa es cuando la igualdad se aplica a cada ciudadano, pero tratándose de partidos, estos se miden por el volumen de su membrecía. De ciudadano a partido hay una diferencia que solo puede ser mal interpretada por los desconocedores de la materia jurídica.

Ahora bien, la Ley Electoral como fue aprobada, posiblemente todavía con algunos aspectos que ameritan revisión en el futuro, garantiza que para estas elecciones los partidos tengan la representación proporcionalmente igualitaria en las mesas electorales donde están las urnas receptoras de votos, que según el decir de los activistas de los partidos, es donde hay que defender cada voto para evitar que les hagan el juego de la gallina ciega, cosa que no es exclusiva de Honduras, porque hasta en EEUU se han perdido elecciones en las benditas mesa electorales, y si no recordemos como el candidato demócrata Al Gore perdió las elecciones en el Estado de Florida y de paso perdió la oportunidad de ser Presidente de EEUU. Y en esas mesas electorales, ampliamente dominadas por sus representantes, es que Nicolás Maduro gana una y otra y otra elección en Venezuela.

Esta vez los tres partidos mayoritarios, PN, PL y LIBRE tendrán delegados en cada mesa, en cambio los partidos pequeños tendrán una representación parcial porque como la mesa es de cinco delegados, la Ley manda que los partidos menores se repartan en forma proporcional las dos sillas restantes. El caso del Partido Salvador de Honduras es excepcional, porque este partido aunque está inscrito todavía su participación resulta ser una incógnita, debido a las veleidades de su líder Salvador Nasralla, que cuando dice una cosa dice otra. Y el último cartucho que pareciera no ser el disparo final de Nasralla, es que ahora no está seguro de participar en las elecciones de lo que culpa a la nueva Ley Electoral.

Esta transformación constante de la personalidad del líder del Partido Salvador de Honduras no puede ser el faro o el semáforo que paralice o permita que los demás partidos caminen o se detengan. En este sentido, hay un egocentrismo barato en el líder del PSH, porque él es quien debe entender que en una comunidad política, en la que Nasralla solo es un miembro, debe atenerse a lo que normen las instituciones. En este caso, la Ley Electoral no es un parto individual, es una ley producto de un consenso que lleva muchos meses de debate, en los que han sido más las diferencias y las discordias que los acuerdos, hasta que finalmente, el liderazgo del Presidente de la Cámara, Mauricio Oliva, logró que los tres partidos mayoritarios se encausaran por una misma avenida, que al final los llevó a la aprobación de la Ley, a escasas horas de que se produzca la convocatoria a elecciones.

La Ley Electoral como instrumento ya es un hecho, existe desde el momento en que sea publicada en el diario oficial La Gaceta. Lo que está por verse es si alcanzará su objetivo que es garantizar que las elecciones sean transparentes, que es un trabajo que corresponde a los delegados de las mesas electorales. Por lo pronto, el PN es seguro que tendrá todos sus delegados en todas las mesas, lo que no se sabe es si el PL y Libre tienen suficientes delegados para todas las mesas. Del PSH es casi seguro que no tiene suficientes delegados por el hecho de carecer de estructuras a nivel nacional, mientras que los partidos minoritarios deben acordar cómo se repartirán entre ellos los delegados para ocupar las dos representaciones restantes en cada mesa electoral.

Lo razonable es que todos los partidos, grandes y pequeños, deben analizar a fondo este instrumento legal que ha sido puesto a su alcance por mandato constitucional para elegir en noviembre a un nuevo Presidente de la República, los diputados al Congreso Nacional y los 298 alcaldes municipales. Bien podríamos decir que la nueva Ley Electoral es una ley  de rebaño político, porque se aplica a todos los partidos, grandes y chicos, y todos pueden aprovechar su beneficio para obtener lo mejor que puedan de los electores que logren atraer a su favor, para que les voten en las urnas el próximo 27 de noviembre.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 26 de mayo de 2021.

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