Una hondureña comprometida

noviembre 22, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando uno oye o lee que más de 87 mil niños hondureños encontraron la oportunidad de su vida al recibir el apoyo de la mano bondadosa y protectora de Sor María Rosa, quienes tienen memoria corta o son recién venidos al país, podrían creer que es algo exagerado. Pero si se detienen a medio escudriñar la historia de esta monja abnegada, no se sorprenderán, cuando vean que Sor María Rosa viene trabajando desde 1966 con los niños y madres solteras, en una tarea patriótica que nadie, jamás, se había echado sobre la espalda.



Le nació en el alma desde que, en su lejana Omoa, y tras haber sufrido muy temprano la pérdida de sus padres, descubrió que en su alma, la divina providencia la orientó en el propósito de servir. El Dr. Enrique Aguilar Cerrato nos ha contado que Sor María perteneció a la primera horneada de enfermeras del Hospital La Policlínica. Allí puso su mano curativa e inspiradora en miles de personas, para que recuperaran la salud. Pero, al caminar por las calles de Tegucigalpa y Comayaguela, se conmovió al ver a centenares de niños que deambulaban como pequeñas almas desorientadas, sin ir a la escuela, sin tener que comer, durmiendo en las aceras y en las bancas de los parques. Ver aquel drama infantil le desagarró el alma a Sor María Rosa, que no es persona de ver el mal y quedarse de brazos cruzados.

De esta visión de pobreza y miseria infantil le nació a Sor María Rosa, la urgente necesidad de trabajar por darle un porvenir a estos niños, y así comenzó para ella una larga carrera que hoy tiene más de 50 años de entrega y padecimiento, porque también ayudar a los niños y a los necesitados, implica el riego de caer víctima de la incomprensión, manifestada en la maledicencia de personas de todos los niveles que padecen la enfermedad patológica de los celos infecundos.

La cultura que hay en cierto sector de la humanidad, de no hacer y oponerse a que personas de gran voluntad hagan el bien a quien necesitan la solidaridad, es el valladar contra el que Sor María Rosa ha tenido que luchar desde que comenzó su larga jornada de beneficio a los niños y madres solteras, afortunadamente esta parte solo corresponde al pequeño sector de las malas personas, porque su trabajo ha tenido un amplio reconocimiento de la inmensa mayoría de los hondureños, que sin hacer consenso porque no hay necesidad de buscarlo, aprecian el trabajo humanitario de Sor María.

En lo particular, que conocemos a fondo el espíritu humanitario de Sor María Rosa, lo podemos atestiguar en estos últimos 30 años, en que hemos compartido la mesa directiva de Teleton, donde junto a otros distinguidos compatriotas, acompañamos a don José Rafael Ferrari en la maravillosa obra de amor que trabaja por la rehabilitación de más de 600 mil  hondureños que padecen algún tipo de discapacidad física.

Cuando la organización alemana que coordina las Aldeas SOS le puso límite a Sor María para atender solo a un determinado número de niños, la monja hondureña les dijo que no podía trabajar para un pequeño número de infantes cuando en el país había una infinidad de pequeños necesitados de una mano protectora. Sor María Rosa entregó a los alemanes las Aldeas SOS y fundó la ‘Sociedad Amigos de los Niños’, donde ha realizado su mayor obra, en la que 87 mil niños han sido beneficiados para convertirse en personas de bien, en su mayoría profesionales de mucho valor para nuestro país.

Por eso, cuando Sor María Rosa celebra sus 91 años de vida, nos parece que es justo otorgarle más que un simple voto de reconocimiento, una ubicación especial en el marco histórico declarándola como una hondureña verdaderamente comprometida con la niñez necesitada de apoyo y oportunidades. Porque ambas cosas han encontrado en el apoyo de Sor María Rosa, estos 87 mil niños, que hoy consideran a la monja como su verdadera madre, y ella muy complacida a sus 91 años, espera seguir gozando del beneplácito divino para disfrutar de salud y lucidez, para continuar con su deseo social de generosidad, derramándola entre miles de niños más, que siguen recibiendo la protección de los programas de esta monja hondureña, profundamente comprometida con los niños que han nacido en medio de la carencia, pero que gracias a Sor María Rosa, podrán convertirse en ciudadanos de bien.

DIOS conserve sana a Sor María Rosa, su obra de bondad debe continuar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 22 de noviembre de 2017.

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