Una fuga fantasiosa

mayo 16, 2017

Tegucigalpa, Honduras

La fuga de 18 o más prisioneros, pertenecientes a la pandilla 18 es de lo más fantasioso que hemos escuchado, y quizás hasta presentido, porque con el repiqueteo noticioso de que pronto la penitenciaría de Támara sería desalojada con el traslado de una parte de su población a la cárcel de la Tolva en Morocelí, era previsible que los reclusos de la penitenciaría nacional, alertados de lo rigurosas que son las nuevas prisiones, buscarían escaparse para no caer en un sistema caracterizado por las restricciones que establecen verdaderas prisiones como El Pozo y La Tolva.



La penitenciaría Nacional de Támara no es que sea tan débil y vulnerable como se le ha hecho aparecer, la fragilidad ha radicado más en el aspecto moral del contingente humano asignado para la operación de custodia permanente de los detenidos. La implicación del cuerpo policial con las organizaciones delictivas fracturó por completo todas las actividades encomendadas a este cuerpo, entre ellas las que tienen que ver con el manejo de los centros penales. No de otra forma se explica que las celdas de las cárceles, prisiones y penitenciaría nacional, se convirtieran en verdaderas aulas donde los delincuentes transmitían a los demás detenidos los métodos más sofisticados para delinquir. De allí el nombre muy bien apostillado a las principales prisiones de “universidades del crímen” porque el preso recién llegado terminaba de afinar sus conocimientos delictivos, para ensanchar la actividad criminal dentro y fuera de la prisión.

No debe asombrarnos que el ámbito de las libertades internas que ha venido imperando en las distintas prisiones, comenzando por la penitenciaría nacional, fuera el factor detonante para que los grupos delictivos constituidos por los delincuentes capturados se multiplicaran con creces en el interior penitenciario. El peor escenario del sistema penitenciario ha sido entonces la permisividad que las autoridades de los centros penales han obsequiado a los grupos delictivos organizados dentro de las prisiones. Pero, en el análisis se puede pecar cuando se cree que una fuga como la del jueves anterior, que no tuvo ningún ribete espectacular porque el escapismo que se efectuó sin el mayor sigilo de los fugados, solo pudo darse por el cuantioso soborno millonario, del que hablan los periódicos, a los ejecutivos que administraban la penitenciaría nacional.

Esta situación del soborno puede ser que corresponda a una parte de la hipótesis general para explicar la fuga, pero no hay que descartar que los ejecutivos de la penitenciaría pudieran haber sido extorsionados por los reos fugados, mediante amenazas de eliminar a sus familiares más cercanos, como esposas, hijos, padres y otros parientes. El método más usual de intimidación de los grupos pandilleros es la extorsión criminal de advertirles a los demás que si no acceden a una determinada petición el costo es eliminar a sus familiares más queridos.

Ninguna cárcel abre sus portones por arte magia para darle salida a tanto elemento delictivo, como pasó el jueves anterior en la PN de Támara, donde lo que hubo no fue una fuga fantástica sino más bien una fuga fantasiosa, porque muchas personas han tejido sus elucubraciones particulares tratando de dar una visión personal de lo que pudo haber ocurrido y que no es realmente lo que ocurrió.

En lo particular creemos que no hay que descartar la extorsión, porque dos personas al frente de una penitenciaría son muy débiles y frágiles frente a los miles de reclusos de la talla más peligrosa como los que se escaparon. Esta fue una fuga bien planificada, porque de acuerdo a ciertas versiones los fugados eran cabezas claves de pandillas, líderes en el ambiente criminal que para consumar su escape por el portón principal han debido contar no solo con la aquiescencia de los responsables de la penitenciaría, sino del resto de la población de la cárcel, que se ocupó de mantener un clima de “calma chicha” para dar la impresión que en la PN todo era tranquilidad. Es decir, en un aparente clima de normalidad, nadie notaría una fuga tan transparente como la de salir de la manera más campante, por el portón principal, como si los fugados fueran simples visitantes que habían cumplido una visita de rutina.

Lo que si se puede anticipar es que, en la medida que el Estado a través de las autoridades toma control de las prisiones, como ya lo está haciendo al trasladar a núcleos criminales peligrosos, a prisiones que tienen un mayor margen de seguridad como El Pozo y La Tolva, se está desarticulando a las redes criminales, lo cual derivará muy pronto en una reducción de los hechos delictivos. Esto es un proceso que toma tiempo, pero es indudable que es un gran avance para recobrar la tranquilidad social en Honduras. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 16 de mayo de 2017.

 

 

 

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