Una feliz soledad

diciembre 23, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Este año, el cliché romántico de desearnos una Feliz Navidad ha sido eclipsado por el acecho de la pandemia que, como estaba previsto, ha tenido un repunte inquietante en todo el planeta. Cuando se anuncian tres vacunas que ya se han empezado a aplicar en algunos países pareciera que el virus se rebela desafiante porque las personas se confían al creer que la llegada del antídoto exterminará al coronavirus, algo que por lo visto todavía está muy lejos. Por lo tanto, esta Navidad del 2020 por prescripción y advertencia de los virólogos y demás expertos debemos celebrarla en la mayor intimidad familiar posible, casi en un ambiente de soledad, porque eso es lo recomendable desde el punto de vista sanitario.



Desde luego que esto no es lo más grave, ni siquiera puede decirse que es un martirio, porque en nuestra infancia recordamos que nuestros padres nos concentraban a todos los hermanos alrededor de una mesa familiar donde se servían los alimentos navideños tradicionales y ninguno de los hijos podía ausentarse, porque el asunto era serio, el que se levantaba recibía su cuereada. Precedíamos la cena con una oración dedicada a Santa María madre de Dios, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén. Aquel ambiente navideño en la intimidad familiar fue una costumbre que se empezó a esfumar cuando el jefe de familia falleció y los hijos crecimos y empezamos a deambular, unos formando su propia familia y entregándose a sus trabajos y los menores trabajando en los pequeños negocios de la casa y estudiando para sacar una carrera.

Como los tiempos cambiaron nuevas costumbres dominaron la celebración navideña, y las nuevas generaciones que fueron surgiendo ponían toda su ilusión en la llegada de estas fechas para asistir a fiestas desde las primeras horas de la nochebuena, olvidándose de la celebración familiar en las casas. Luego vino la extraña costumbre de acudir a celebraciones navideñas en los salones de los hoteles, fiestas que terminaron de rematar las antiguas convivencias navideñas familiares en la casa. De manera que los que ya frisamos los suficientes años añoramos las antiguas fiestas navideñas en nuestros pueblos natales, donde la Navidad era cuestión de convivencia hogareña entre la familia.

Hoy, en esta Navidad del 2020, la celebración de Navidad en la casa es un imperativo obligatorio para evitar una mayor propagación del COVID-19, todo sea por impedir el colapso de los hospitales, y reducir en todo lo que sea posible el número de contagiados y fallecimiento de personas. Ni siquiera es recomendable el abrazo entre los seres queridos que compartan la convivencia familiar, porque como los expertos lo dicen, aun en la familia puede haber algún miembro asintomático. Pero, no solo por profilaxis es recomendable celebrar esta Navidad en soledad, también es por la necesidad de hacernos a una nueva cultura, como la que practican hace siglos los habitantes de los países orientales, donde las epidemias y pandemias los obligaron a mantener la costumbre del alejamiento en las convivencias, solo con saludos reverenciales, sin abrazos ni besos en la mejilla, por pura prescripción sanitaria.

Vivir en soledad esta navidad no nos debe llevar a la tristeza, ni a la desesperanza, mucho menos lanzarnos al abandono. La mejor convivencia en la Navidad es con la familia, debemos olvidar las restricciones impuestas por razones sanitarias, es posible que esto provoque molestias en algunas personas, pero lo emocional no debe llevarnos a creer que por no estar enfiestados una noche buena se nos terminará el mundo y la vida. La aparición de una nueva cepa en Inglaterra nos confirma que esta pandemia tiende a extenderse por un tiempo no definido y que la rapidez con que se anuncia su propagación es indicativa que no estamos en medio de un juego pandémico, que el peligro por la letalidad que ha demostrado el virus es una amenaza real para la vida humana.

Por la fuerza con que ha resurgido la pandemia en Europa, EEUU y otros países, nos obliga a aceptar lo que para muchos es inaceptable, que es pasar esta Navidad en una soledad familiar que no es mala, que es beneficiosa, porque si bien es cierto que la pasaremos en condición de refugiados, refugiémonos en el santuario de los mejores afectos que son los que encontramos en nuestros seres más queridos que son los de nuestra familia. Y no digamos que este año 2020 ha sido el más infeliz de todos nuestros años, porque con todos los peligros que hemos enfrentado, lo positivo es que hemos recobrado el sentido común para querer más a nuestra familia y apreciar más a nuestros amigos, y procurando ayudar más a quienes necesitan una mano bondadosa en que apoyarse.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 23 de diciembre de 2020.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *