Una era de aprendizaje

mayo 20, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Con la pandemia hemos comenzado una era de aprendizaje como nunca antes imaginamos que nos tocaría aprender casi todo de nuevo, especialmente los buenos hábitos olvidados que por la mala costumbre del “carrerismo” por andar apresurados por ganarle tiempo al tiempo hemos terminado por caer en una regresión salvaje, en la que olvidamos que vivimos en un mundo lleno de virus y bacterias, que son enemigos mortales que viven en el ambiente. El coronavirus es uno de ellos, nada más que la nueva cepa COVID-19 al decir de dos sabios ganadores del Premio Nobel, es un virus creado, no surgido de una mutación natural. Y sus razones han de tener para hacer sus afirmaciones.



Ahora bien, algo que tendremos que aprender muy bien es a administrar el miedo, que como decíamos ayer, el miedo es saludable porque la única certeza que tenemos es la del riesgo de contraer el virus que tiene predilección por los pulmones y una vez en ellos produce daño en otros órganos vitales como el corazón y el cerebro, nada menos.

Afortunadamente, la ciencia médica está trabajando en forma ardua con la fijación de grandes objetivos, en primer lugar, determinar los tratamientos efectivos para curar a la persona contagiada. La vacuna que es eminentemente preventiva, según los expertos, tardará mucho más tiempo del que estimaron en un principio. Y creemos que, en ese orden, primero los tratamientos y después la vacuna, es que correrá la evolución del control del COVID-19. Hay varios intentos de los médicos buscando llegar a un tratamiento efectivo, según sea cada caso, igual como ocurrió en los tiempos en que los médicos se lanzaron a la carrera de encontrar la cura de enfermedades como la tuberculosis, la fiebre amarilla, la lepra y otras enfermedades que en su tiempo eran incurables hasta que los médicos dedicados a la investigación lanzaron el “eureka”, el clásico grito con el que anunciaban haber encontrado la forma de combatir el mal.

Hay dos protocolos en el tapete de la ciencia que están tras el objetivo de tratar el COVID-19 y lo bueno es que ambos son hondureños, el primero es el llamado SOLIDARIDAD en el que trabaja el eminente médico investigador Salvador Moncada, secundado por su discípulo Marco Tulio Medina, y el segundo se conoce como MAIZ CATRACHO, liderado por el médico hondureño Miguel Sierra Hoffman, director de investigación médica de la Universidad Texas A & M, que trabaja con una concepción agresiva que busca impedir que el virus crezca dentro del organismo para invadir desde los pulmones otros órganos vitales. Sierra Hoffman ha hecho equipo con dos médicos sampedranos que están en el propio frente de batalla, es decir, en los hospitales atendiendo pacientes contagiados. Sierra Hoffman junto a los doctores Fernando Valerio y Oscar Díaz, sostienen que con el protocolo MAIZ CATRACHO han logrado reducir los índices de mortalidad, tanto en Texas como en SPS. El gobierno al conocer los resultados del protocolo MAIZ CATRACHO parece estar convencido que es necesario ponerlo en práctica en los hospitales, centros médicos y demás instalaciones que han sido preparadas como hospitales alternos por si llegara el momento de que el nivel de contagiados sea mayor que la capacidad de respuesta instalada en el sistema de salud.

Lo ideal es que no haya celos entre los sectores médicos, porque lo que se necesita es tener una capacidad de respuesta efectiva con los tratamientos que beneficie a los contagiados. Uno de los errores fatales de la OMS, puesto en evidencia por los médicos italianos que luchaban y siguen luchando por salvar vidas es que los tecnócratas de este organismo prohibieron en un principio el uso de los antinflamatorios y anticoagulantes en el tratamiento a los contagiados. Cuando los médicos italianos practicaron centenares de autopsias descubrieron la verdadera razón que estaba llevando a la muerte a los contagiados y fue cuando comenzaron a aplicar los antinflamatorios y anticoagulantes a miles de contagiados con el resultado impresionante de recuperarlos en pocos días. Es natural que en aquellos pacientes en situaciones de extrema vulnerabilidad pesaron otras razones que agravaron su condición para no poder salir avante y recuperarse.

En las crisis de salud puede haber éxitos y fracasos, lo importante es que haya médicos hondureños aplicados en el campo de la investigación médica, aportando sus experiencias y conocimientos para encontrar el o los tratamientos efectivos para curar a los contagiados. Igual que en otras enfermedades, hubo tratamientos iniciales que no fueron tan efectivos en la cura pero que fueron superados por otros que tuvieron un éxito certero.

Lo triste seria que los médicos de otras partes del mundo fueran los que se llevaran las palmas por sus resultados, mientras los médicos hondureños brillaran en el mundo de la incompetencia, solo esperando que las soluciones y las curas nos vengan de afuera con la etiqueta internacional, mientras los enfermos a pecho descubierto aguardaran por el milagro o el ataúd.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 20 de mayo de 2020.

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