Una enfermedad a la hondureña

agosto 16, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Pudiera parecer muy extraño que a algunos hondureños les moleste que en los tinglados políticos de vez en cuando los actores usen la cabeza para ponerse de acuerdo en asuntos que son realmente importantes para la vida democrática del país, desde la cual Honduras puede avanzar, construyéndose un futuro, porque no hay forma de que todo camine normalmente si los actores no se ponen de acuerdo. Las reformas electorales que requieren un consenso para proceder a modificar los artículos constitucionales, fue algo que se mantuvo como bandera política desde hace varios años, pero cuando tocó el momento de discutirlas en el seno del Congreso Nacional, los que más demandaban que se diera ese paso como algo fundamental para devolver la tranquilidad a la nación, mediante el escándalo y el vandalismo en el interior del parlamento, dilataron varios meses las deliberaciones.



Esto pareciera ser una enfermedad en ciertos sectores políticos que tienen el antecedente de emplear la presión y el chantaje para exigir que se les complazcan sus caprichosos, algo que no tiene sentido porque al final terminan plegándose a lo que decide la mayoría en el Congreso y las reformas se aprueban de una manera meteórica, restándole importancia a los debates normales que permiten tener el tiempo para hacer todos los señalamientos que sean necesarios.

La enfermedad para provocar el retraso innecesario en la toma de decisiones en todos los órdenes de la vida del país, es un factor que incide en el atraso que tenemos como nación, porque cuando la necedad y la intransigencia se ponen de por medio, las cosas marchan a paso de tortuga o en el peor de los casos, se detienen por pura desidia o por intransigencia. Los trámites en la vida administrativa de Honduras duran más de lo normal, de repente hay tareas fundamentales que requieren de otros actores del sector privado para realizar un proyecto que le repercute a la economía nacional, y como en la empresa privada se trabaja con el factor eficiencia, sobre todo, mortifica la lentitud y la indiferencia con que se hacen los trámites en las oficinas públicas.

Este hábito del atraso, llevado a la vida política, para aprobar asuntos tan importantes como las reformas electorales que deben hacerse a la Constitución, es una enfermedad que los hondureños deberíamos ir erradicando en todos los campos. Hay que superar la conducta del enredo, comenzando por los políticos, pero en general todos los hondureños, entendiendo que si hay un aspecto clave para que podamos avanzar como país, es la determinación de hacer las cosas en su debido tiempo para evitar las carreras, en que los arrebatos no permiten obtener los mejores resultados.

Otra cuestión fundamental, es que una vez que se ha logrado un acuerdo político, que ha costado dilatorias por culpa de los intransigentes, la decisión sobre un aspecto político clave como son las reformas electorales a la Constitución, no debe sufrir ninguna dilatoria más por las críticas de los personajes ácidos que están en contra de todo y que terminan queriendo torpedear el acuerdo. Las reformas electorales aprobadas en el Congreso Nacional en tiempo récord, son verdaderamente claves para nuestra democracia. En estas reformas descansa el fortalecimiento democrático, y los acuerdos que han tomado los partidos políticos en el Congreso Nacional, son de auténtica necesidad nacional, por lo que merecen que los buenos hondureños los celebremos, con la seguridad de que  satisfacen a todos los actores de la política hondureña, que es la plataforma en la que se sostiene nuestra democracia.

Después del 2009, el escenario político de Honduras cambió por completo, el bipartidismo histórico quedó en las páginas de los periódicos y revistas y en los archivos de los medios electrónicos; hoy lo que impera en Honduras es un multipartidismo, que no es tan bueno para la democracia, pero que siendo una nueva realidad, requiere hacer ajustes jurídicos para permitir una participación popular más variada, con herramientas solidas que garanticen que la voluntad expresada por el pueblo en las urnas sea fielmente respetada.

Lo sustantivo de todo esto que decimos, es que haber aprobado las reformas electorales, aunque con el retraso provocado por el sector más intransigente de la política hondureña, le favorece ampliamente al sistema democrático hondureño. Tener más clarificado el escenario político con las reformas electorales aprobadas, puede acabar con los odios y rencores que surgieron con el infortunado evento político del 2009.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 16 de agosto de 2019.

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