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Una derecha valiente

TEGUCIGALPA, HONDURAS

No soy dado a ponerme de ejemplo con mis actuaciones personales en el desempeño profesional, excepto en algunos momentos donde me ha tocado jugar un papel específico en asuntos políticos donde por determinadas circunstancias he participado en mi función como director de medio. Pero esto que me ocurrió el pasado viernes 4 de enero, cuando regresaba de EEUU por el aeropuerto Villeda Morales de SPS no me lo puedo guardar, porque fue una situación que me sorprendió, en la que confieso, quedé profundamente conmovido.

Bajaba del avión y cuando daba los primeros pasos en la manga del aeropuerto sampedrano, un compatriota, compañero de viaje, me aguardó para darme un abrazo bastante cálido y efusivo, con una expresión que por minutos me paralizó. Me dijo, “tu eres un patriota, un verdadero patriota que te preocupas por el país y por nosotros los hondureños”. Por segundos mi capacidad de reacción se bloqueó por la sorpresa. Enrique, el nombre del compatriota, tuvo la gentileza de darme su teléfono y en adelante cambiamos un par de mensajes.

Por lo general, nadie da lecciones de patriotismo en estos tiempos y quien se autoproclame patriota es porque a lo mejor ha teñido con su sangre la bandera hondureña defendiendo los sagrados intereses de la Patria. Pero no siempre un patriota es aquel que pone el pecho para recibir las balas enemigas, porque al país se le defiende con el corazón y con la convicción de que por Honduras vale la pena cualquier sacrificio.

Estamos viviendo tiempos complicados en el escenario de la política, en que algunas personas de todas formas se desviven por llegar al poder para dirigir los destinos del país, buscando un mayor acercamiento a los votantes para ganarse el derecho a gobernar bajo modelos populistas, con la bandera ideológica de la conveniencia al servicio de modelos internacionales, entre los que está el Socialismo del Siglo XXI, con la marca codiciada de establecer regímenes a perpetuidad como el castrismo, el chavismo, el orteguismo, el evo-moralismo y otros más que no han podido sostenerse.

Creo que lo que mi compatriota Enrique me expresó el pasado viernes, cuando apenas bajaba del avión, es una admiración por la valentía de tomar posición, sin esconder mi militancia democrática, que fue la que me llevó a plantarme desde el 2008, a negarme a acompañar el proyecto de la cuarta urna, porque, como se lo expresé personalmente a Mel Zelaya, era algo que no era bueno para Honduras, ni bueno para mi y mi familia, y ni siquiera para él.

Por aquella posición, que Enrique considera fue un acto de valentía, por lo que me dispensa una inmerecida admiración, también me gané la malquerencia de la izquierda, pero obtuve el reconocimiento del sector mayoritario de la población, que es defensor de la causa democrática, aunque los izquierdistas a los demócratas nos endilgan el mote de “derechistas” con lo cual creen que nos ofenden, aunque, si ser demócrata es militar en la derecha, me quedo en esta posición.

El país necesita una derecha valiente, pero no como una militancia momentánea, sino como una posición definitiva, fiel, que no sea disfrazada, una derecha que se fortalezca desde la crítica constructiva, que no se deje influenciar por ninguna otra corriente política que no respete las libertades. La derecha, desde esta reflexión, es la mejor plataforma para defender la democracia, por lo que un partido que se precie de ser defensor de las libertades, pero cuyos líderes actúen como verdaderos populistas, no puede ser una institución democrática.

Esto está pasando últimamente con el Partido Liberal, conducido por una dirigencia guiada por el oportunismo y la codicia de asumir el poder a como de lugar, haciendo migas y alianzas con nuevos sectores que son conducidos con unos desplantes de arrogancia que nada tienen que ver con una conducta democrática.

En tiempos de Modesto Rodas Alvarado, Roberto Suazo Córdova y el período de José Azcona, el Partido Liberal se condujo como una derecha valiente, y en los cuatro años de Carlos Flores, el Partido Liberal hizo un gobierno donde tuvieron cabida todos los pensamientos y se aprovecharon los talentos de otros partidos. Un Partido Liberal secuestrado por la ambición personal que demuestra su actual conductor, que marcha dando bandazos, una vez de la mano de Mel Zelaya y otras veces rogándole a Salvador Nasralla, es como un cuerpo sin alma.

El Partido Liberal nunca fue un partido de izquierda, porque el liberalismo que es plenitud de libertades no comulga ni con el marxismo ni con los populismos que son autoritarios por excelencia. Plantear mis posiciones sin ninguna duda y sin temores, es por lo que mi compatriota don Enrique cree que soy un patriota. Es un honor inmerecido para mi, pero que lo recibí de don Enrique devolviéndole su abrazo con uno más efusivo de mi parte.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 8 de enero de 2019.