Una depuración con un gran propósito

enero 15, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los buenos propósitos no deben ser simples buenas intenciones, porque aunque lo difícil es concretarlos en hechos realizados, cuando una nación está necesitada de algo urgente, como es la seguridad de las personas y sus bienes, la depuración de la policía era algo que no se podía postergar y quedara en el ideario de los anhelos, que estando en el cúmulo de promesas del gobierno, pudo haber sido otra quimera más, pero que afortunadamente ya no lo es, y hoy lo estamos comprobando después de pasar por una difícil etapa de incertidumbre, que solo pudo ser superada con la decisión del gobierno, que era el que podía iniciar la transformación de la unidad más importante para dar seguridad individual a los hondureños.



Este día ha tomado posesión el nuevo alto mando policial, con el que debe arrancar una nueva era en la policía hondureña, como parte del proceso de depuración y transformación llevado a cabo desde el Gobierno de la República. No es la culminación del proceso depurador de la policía, es apenas un notable avance pero muy significativo, porque esta nueva cúpula ya no surgió de un dedazo sino que es consecuencia de todo un proceso, por momentos escabroso, torpedeado por parte de quienes quieren ver a Honduras en manos de la criminalidad, pero al final, hecho realidad por obra de una voluntad de decisión del gobierno, por el trabajo arriesgado que se echaron sobre su humanidad varios ciudadanos con espíritu heroico que decidieron aceptar el reto arriesgado de depurar el cuerpo policial, y también por la determinación de las autoridades de la Secretaría de Seguridad.

Es bueno y estimulante ver a una nueva cúpula policial que emerge de un proceso de depuración y selección; el último comandante Gral. Félix Villanueva, sale después que sufriera una serie de denuncias periodísticas que lo hicieron ver como parte del problema criminal en que cayó la policía, las que resistió merced a la confianza que le brindaron los miembros de la comisión depuradora, quizás porque esta vio como un mal menor los errores del oficial, mientras que pesó más en su favor su decisión de afrontar los retos para culminar la depuración. Y creemos que la decisión de los depuradores fue atinada, porque precisaba más llegar al día de hoy en que se eligió a los oficiales sometidos a las pruebas de mayor rigor, que atollarse en la mitad del camino, y dejar varado el proceso.

La depuración de la policía hondureña resulta un hecho inédito, y hasta quizás sea algo incomprensible para la mayor parte de nuestra ciudadanía, que pensará, que lo que ha habido es un cambio rutinario, pero no es la misma cosa. Antes hubo errores cruciales cuando les tocó a los presidentes nombrar a los altos mandos policiales, hoy la situación es diametralmente distinta. Estos oficiales fueron analizados a profundidad mediante un proceso riguroso, correspondiendo la parte más delicada en la selección a la comisión depuradora, que ha cumplido un papel altamente positivo en lo que se puede considerar sin duda alguna, una misión histórica.

Al Presidente de la República le cabe la satisfacción de haber tomado la decisión para encarrilar un proceso que culminó con esta primera elección fuera del alcance de la mano peluda o de la mano política. Pero es a los comisionados depuradores a quienes más hay que reconocerles el valor y el riesgo, porque ambas situaciones a la vez, fue lo que les permitió llegar hasta el final. Por eso nos atrevemos a calificar de gran propósito el haberle dado a la sociedad una cúpula policial seleccionada bajo el rigor de un verdadero proceso, donde no debió haber escapado ni una sola pizca de sospecha que pusiera sombra en la conducta de los nuevos jefes del cuerpo policial hondureño.

Sabemos que por más que la conciencia nos indique la bondad de una determinada acción, cuando se dejan cabos sueltos, sin someterlos al rigor de una investigación profunda, puede haber sorpresas desagradables, que al final decepcionan y hace que las personas terminemos perdiendo la fe y la confianza en todo lo que se emprende en el país. Ojalá que los comisionados depuradores, que nos merecen toda credibilidad, no hayan cometido el error del desapercibimiento de posibles hechos oscuros en la trayectoria de los oficiales seleccionados.

Por el valor y el riesgo que asumieron, pensaríamos que no fue así, y que estudiaron cada paso en la vida de estos oficiales y que supieron valorar los hechos virtuosos en su trayectoria policial para llevarlos a coronar su carrera al ponerlos al frente de la más importante autoridad del país, que tiene el delicado deber de cuidar las vidas y los bienes de los hondureños.

Decía Don Quijote de la Mancha a su escudero Sancho, que es más valiosa la virtud y el esfuerzo personal que se lo que se hereda y recibe de los antepasados. Los nuevos altos oficiales, es poco o nada, lo bueno que heredan de los altos mandos anteriores, a ellos les corresponde construir una nueva policía que demuestre voluntad y empeño por ganarse la confianza de la ciudadanía. La nueva policía solo se enquistará en el corazón del pueblo, cuando proceda solo con el bien, y demuestre que no se mezclará  con el mal. Porque como decía don Tomas de Aquino, los actos humanos reconocidos por la humanidad, son los actos morales.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 15 de enero de 2018.

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