Una declaración contra el virus

diciembre 18, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los hondureños no debemos estar alejados de los análisis serios que permiten ver la correcta evolución de la pandemia del COVID-19, un virus contra el cual la ciencia médica del mundo ha montado una verdadera caballería como pocas veces se ha visto. Antes de desembocar en los primeros intentos para llegar a las primeras fórmulas de las vacunas los investigadores médicos se lanzaron a la tarea de elaborar diversos tratamientos que eviten que la persona llegue al estado crítico del cual infortunadamente muchos no se han podido salvar. Trabajar en protocolos para elaborar tratamientos fue el primer escudo defensivo contra el COVID-19, producto de la entrega incesante de equipos médicos de todo el mundo que han puesto en manos de los médicos varios protocolos, unos más eficaces que otros.



Incluso, de aquí hasta que la vacuna sea aplicada a todos los seres humanos que habitamos el planeta, los tratamientos serán un baluarte para reducir la letalidad y en este trabajo hay que destacar la sobresaliente participación de equipos médicos hondureños, que dentro y fuera del país han ofrecido un aporte producto de estudios acertados. Los tratamientos MAIZ y CATRACHO han sido reconocidos e investigados en EEUU y Europa, debido a su eficacia para tratar el virus del COVID-19, contribuyendo a reducir la mortalidad. En estos protocolos ha sobresalido el médico e investigador hondureño Miguel Sierra Hoffman que labora en el departamento de investigación científica de un reconocido hospital de Texas, junto a dos médicos hondureños que radican en SPS, los doctores Oscar Díaz y Fernando Valerio. Los protocolos MAIZ y CATRACHO fueron incluidos en un panel médico celebrado recientemente en Europa, figurando entre los tratamientos exitosos que contribuyen a reducir los indicadores de mortalidad, lo cual debe enorgullecer a sus creadores. Este es un acontecimiento que enorgullece a la ciencia médica hondureña igual que a toda la nación porque ya tenemos que celebrar en el campo de la ciencia y no solo en materia futbolística. Los tres creadores de MAIZ y CATRACHO, los doctores Miguel Sierra Hoffman, Fernando Valerio y Oscar Díaz deben ser honrados por el Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo declarándolos profesionales médicos beneméritos de la Patria, consagrándolos de esta manera por su aporte desinteresado para la eternidad como hondureños que enorgullecen a Honduras.

Recientemente una prestigiosa revista europea especializada en destacar los avances de la ciencia médica alabó la participación del colectivo médico denominado «Solidaridad» por realizar un trabajo importante que puso en su sitio un tratamiento que Donald Trump proclamaba como la panacea salvadora contra el COVID-19. El investigador hondureño Marco Tulio Medina, que encabezó el colectivo, fue citado en la prestigiosa publicación, por el trabajo científico que fue toda una declaración contra los malos procedimientos que se han empleado en el afán de combatir el virus del COVID-19. Cuando médicos hondureños se unen al liderazgo reflexivo científico del mundo significa que la ciencia médica hondureña cabalga y que los médicos que prefieren quedarse rumiando sus descontentos contra los investigadores que se atreven a aportar incurren en la máxima de la inmoralidad que los ubica entre los que no hacen ni dejan que otros hagan.

El avance del COVID-19 requerirá más trabajo de la ciencia médica, que seguramente no se quedará en las cuatro vacunas que están terminando de cuajar hasta lograr el máximo de efectividad en el objetivo de inmunizar a la mayoría de la población mundial, porque como han dicho los virólogos existe una gran posibilidad que el COVID-19 tenga una peligrosa mutación que lo haga derivar a otro virus para el que habrá que crear otra vacuna. Y para no dejarle toda la presión a las vacunas los virólogos han expresado que para frenar la expansión del virus del COVID-19 dependerá mucho que sea menor el número de contagiados, un anhelo que por ahora parece un imposible viendo como las personas salen a la calle sin mascarillas y sin guardar la distancia física respecto a los demás.

En la actual situación importa mucho la responsabilidad personal porque resulta inmoral contagiarse por imprudencia temeraria y después exigir que los médicos y los hospitales le salven la vida, mientras los sanitarios, médicos y enfermeras viven expuestos a una agresiva carga viral, trabajando jornadas extenuantes, siendo cada vez menor el número de médicos y enfermeras debido a que muchos están recluidos por resultar contagiados a pesar de que trabajan con los materiales y los equipos adecuados. Los profesionales que han quedado atendiendo lo hacen por el ejercicio de vocación de servicio y ejemplaridad ciudadana.

Ellos hacen la diferencia en relación con sus colegas que se han quedado en la retaguardia solo criticando a los que trabajan en la primera línea de combate al COVID-19 y además investigando para perfeccionar tratamientos como MAIZ y CATRACHO que son orgullo de la ciencia médica hondureña.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 18 de diciembre 2020.

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