Una cuaresma muy especial

abril 10, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Esta semana santa ha sido una cuaresma muy especial, sin procesiones y sin liturgias presenciales para la inmensa mayoría de los católicos que todos los años son fieles en las eucaristías y procesiones como el Vía Crucis. Pero también ha sido una semana muy distinta para los católicos y los no católicos, que acostumbran aprovechar el feriado de la semana mayor para regresar a sus lugares de origen a visitar a familiares y amigos y otros para hacer turismo interno. Esta semana santa tan vacías han estado las playas como las iglesias. Las autoridades eclesiásticas suspendieron las procesiones de semana santa que han sido a lo largo de toda la historia, magníficas expresiones de piedad popular que se han mantenido como parte de una cultura importante que embarga de espiritualidad a los feligreses. Los sacerdotes han celebrado sus oficios solos o con muy pocos fieles las diferentes festividades de la cuaresma, algo inédito que nunca se había visto, por lo menos desde que tenemos uso de razón.



Sin embargo, las personas que creemos y que tenemos fe en que existe un gran creador del mundo y del universo, en nuestros hogares nos hemos detenido a presenciar por la televisión diversos programas transmitidos, entre ellos una serie de 14 programas breves que ilustran sobre la huella de Jesús, que nos han hecho recordar nuestra infancia cuando en nuestra ciudad natal Puerto Cortés acudíamos los jueves y viernes santo por obligación a ver la clásica película VIDA PASIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. Si la memoria no nos falla, estuvimos por casi diez años consecutivos viendo la misma película en blanco y negro en los cines Hispano y Miramar. Y cada vez sentíamos la misma reacción de dolor y preocupación cuando mirábamos a los soldados romanos arponeando el cuerpo de Jesucristo. Más tarde, cuando el cine se llenó de color con el modelo Cinemascope, vimos las soberbias creaciones del gran director Cecil B. De Mille «Los Diez Mandamientos» y «La Biblia», todas con argumentaciones alusivas a la vida de Jesucristo.

Hoy la vida ha cambiado, los veloces medios de comunicación con muy raras excepciones se han dedicado estos días enteros a informar sobre el temible coronavirus, con el nuevo carácter global que obliga a los medios, especialmente a la televisión, a detallar en abundancia sobre un acontecimiento sanitario que tiene en ascuas a la población mundial, que ha vivido toda esta cuaresma en cuarentena y en la mayoría de los países bajo el régimen de toque de queda, como medida excepcional que obliga a las personas a quedarse en casa para evitar la propagación del virus.

Pero ni aún en esta situación la Iglesia Católica ha renunciado a seguir dándonos lo que puede ofrecernos a los fieles: que es la salvación de Dios. No se trata solo de conservar una tradición, que en muchas capas sociales se ha ido perdiendo por la escasa educación que los padres dan a sus hijos, la Iglesia nos sigue entregando el misterio de un DIOS que muestra al máximo su omnipotencia, cuando el mundo padece el terrible sufrimiento de la muerte del pecador. Como decía San Bernardo, el DIOS vivo es impasible pero no incompasible, es el DIOS en que creemos, al que nos aferramos en todo momento, en las buenas y en las malas, al que le tenemos toda la fe, por el que acudimos todas las semanas a nuestra Parroquia a escuchar su palabra en la voz de nuestro sacerdote y algunas veces en otras parroquias cuando se trata de eventos especiales, como bodas, fallecimiento de personas queridas, etc.

Hemos aprendido desde que, siendo niños íbamos escuchar en la Iglesia Católica de Puerto Cortés nuestras primeras misas oficiadas por el sacerdote español Jaime Nadal, que el principio de todo buen cristiano para vivir una vida correcta es el temor a DIOS, un culto muy provechoso que nos induce a ser buenas personas en la vida. Esta vez nos ha parecido muy simpático que los sacerdotes se subieran a los vehículos con una imagen venerable, fuera la de Jesucristo o la Virgen María, predicando con altavoces la palabra de DIOS. Cuando vimos las escenas por las filmaciones televisivas que nosotros mismos transmitimos por nuestros medios, nos emocionamos y nos dijimos en nuestro interior: bravo por nuestros sacerdotes, nada ni siquiera una peste tan agresiva puede enterrar la fe, mientras haya sacerdotes llenos de pasión cristiana y de valor, la fe no morirá y los católicos nos mantendremos fieles al ver el santo sacrificio, del altar a la misa, expresado en forma ambulante, lo que tampoco jamás habíamos visto antes.

Pero entre lo más impresionante que vimos esta cuaresma, fue el viaje aéreo que el cardenal Oscar Andrés Rodríguez realizó en helicóptero, acompañando a la Virgen de Suyapa que para los hondureños es la madre de Jesucristo, en un sobrevuelo espectacular por varias ciudades del territorio nacional, donde las poblaciones en forma alborozada salieron a vitorear el paseo aéreo de nuestra Virgen de Suyapa, custodiada por el Cardenal Rodríguez y varios de nuestros sacerdotes.

Esta cuaresma y esta Semana Santa, sin procesiones y sin eucaristías en las iglesias, ha sido una preciosa ocasión para que los católicos tomemos nueva conciencia del don tan grande que nos ha dado la iglesia a nuestro favor: aprender que el cuerpo y la sangre del hijo eterno de Dios es el que nos da el infinito amor del creador del Universo. Esta cuaresma del 2020 marca el comienzo de una nueva época para la humanidad, en que las personas hemos aprendido que frente a la peligrosa pandemia del coronavirus, debemos ser capaces de descubrir la humildad, algo que por infortunio se ha perdido en gran parte de la sociedad. Y especialmente, los que han perdido la fe han dejado escapar la oportunidad de encontrarse con el Dios humilde que nos salva a cada momento.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 10 de abril de 2020.