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Una causa justa

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los hondureños tenemos muy pocas oportunidades de figurar en los grandes escenarios de la toma de decisiones internacionales, quizás porque siendo un país de dimensión pequeña nos hemos hecho a la idea que nuestro destino es andar de la mano, guiados por los países grandes, que son los tiburones que se tragan toda la figuración en el panorama mundial. Nos avala una historia de sumisión y dependencia, en la que siempre servimos para llevar la segunda de los países que lideran los organismos internacionales. Somos un país instrumento porque no hemos crecido lo suficiente para ganarnos el reconocimiento para asumir el papel de cabeza, en cambio nos acostumbramos a ser cola de los demás.

Esta vez Honduras tiene una gran oportunidad de presidir un evento de extraordinaria importancia como es la 73 Asamblea de la ONU, con nuestra brillante embajadora en aquel gran foro de la humanidad, la Licenciada Elizabeth Flores Flake. La aspiración de nuestra embajadora Lizzy Flores no es de tipo personal sino una aspiración de país, que nos pone en un primer plano del más alto foro del planeta. Sin embargo, tanto para ella como para nuestro país, presidir la próxima Asamblea de la ONU es un verdadero test de hondureñidad, porque a través de nuestra representante trasciende la identidad hondureña en un asunto de alto nivel que significa poner el nombre de la Patria en lo más rancio de la representación mundial como es la ONU.

No le será fácil a nuestra embajadora Lizzy Flores salir avante, porque la Canciller ecuatoriana persigue el mismo propósito, pero en una actitud reprochable que viola la cortesía diplomática, debido a que en el 2015, Honduras respaldó a Ecuador para un cargo en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, habiéndose comprometido Ecuador a respaldar a Honduras en la aspiración de presidir la Asamblea de la ONU. Actuando como una política de oficio, la Canciller ecuatoriana se lanza a la palestra desconociendo el acuerdo de apoyo recíproco que su país pactó con nuestro país en el 2015.

La elección será el 5 de junio próximo y conforme los datos que se tienen, la presidencia de la 73 Asamblea de la ONU será disputada por nuestra embajadora Lizzy Flores y la Canciller ecuatoriana María Fernanda Espinoza. Como resulte la elección, el asunto es que con la sola aspiración de nuestra embajadora en la ONU, Honduras sale del estancamiento diplomático y abandona el espacio de la debilidad buscando el reto. Y pocas veces los representantes hondureños se ponen los guantes, para acaparar la agenda por medio de un protagonismo positivo.

Quienes no entiendan en este momento importancia del papel de la embajadora hondureña en la ONU, Elizabeth Flores Flake, es porque no tienen una idea clara de las cosas verdaderamente importantes donde Honduras está muy pocas veces. Porque pensamos que la única cosa importante para nuestro país es clasificar a un campeonato mundial de fútbol, donde por lo regular asistimos después de clasificaciones azarosas para después ir hacer papelones frente a los grandes equipos del firmamento futbolístico mundial.

Con esta aspiración que a nombre de Honduras se ha planteado la embajadora hondureña Elizabeth Flores, nuestro país planta un cambio de ciclo, saliendo del marco de la humildad y de la sumisión para disputar la presidencia de la 73 Asamblea de la ONU. Esto es jugar en las grandes ligas de la diplomacia mundial, donde los asuntos que se van a ventilar son aquellos en los que está en juego el destino del mundo, en momentos en que hay grandes conflictos y confrontaciones entre las potencias y sus aliados.

Presidir la 73 Asamblea de la ONU no es asunto de ir a calafatear las goteras de una casa vieja, quien presida la asamblea tendrá en sus manos por unos días los grandes acontecimientos de la humanidad que por lo general son los problemas de marca mayor, producto de los grandes interese de las naciones más poderosas del mundo. Por única vez todos estos países pondrían en las manos de una personalidad hondureña sus discrepancias que llevan a la Asamblea de la ONU para no acabar destrozándose por sus ambiciones que muchas veces trascienden al sentido común, pergeñados por sus inmensas ambiciones de imponerse a los países rivales.

Pero ante todo, después de los acuerdos diplomáticos entre Honduras y Ecuador en el 2015, la aspiración de nuestra embajadora Lizzy Flores es una causa justa, lo contrario de la Canciller ecuatoriana que producto de un incumplimiento ha surgido como lo hacen los gavilanes traicioneros, que de la nada surgen proactivos buscando sorprender a la presa.

Esta es la conducta de los populistas que pierden el sentido de la honorabilidad cuando se trata de ganar el protagonismo a toda costa, aún a costa de faltar a la palabra empeñada por su propio país. Pase lo que pase, la embajadora Lizzy Flores, que tiene un fuerte respaldo de varios países, ha cumplido su papel de manera sobresaliente, haciendo que exista una mirada hondureña desde Nueva York abarcando la mayor parte del planeta.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 9 de mayo de 2018.