Una alma hondureña de Dios

octubre 14, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los médicos que han venido atendiendo a Sor María Rosa no han dado esperanzas para su recuperación tras varias complicaciones que agravaron la salud de la altamente apreciada religiosa hondureña, que por más de sesenta años se dedicó en alma, vida y corazón a la causa más preciosa y noble como es velar por el futuro de los niños en estado de abandono o de hogares en extrema pobreza. Originaria del municipio de Omoa, Sor María Rosa Leggol vino a Tegucigalpa muy joven, a incorporarse a una orden religiosa, a la cual se entregó para servir a DIOS y a Jesucristo, con una convicción impresionante que le hizo ganarse la admiración de muchas organizaciones en el mundo que vinieron a constatar su obra con la que protegió a miles de niños hondureños, que hoy son profesionales distinguidos con sus hogares establecidos, teniendo a Sor María Rosa como su madre protectora.



Sor María Rosa hizo de la protección a los niños un apostolado, porque como me lo dijera cierta vez, ella también fue una niña que necesitó la mano caritativa que le llegó cuando conoció en Omoa a una hermana franciscana, quien hizo todas las gestiones para traerla a la capital donde además de formarse y trabajar en la obra de DIOS, se convirtió en una excelente enfermera, de las primeras que trabajó en el antiguo hospital La Policlínica de Comayagüela, asistiendo a médicos que desde entonces despuntaban para ser eminentes como el Doctor Enrique Aguilar Paz.

Cuando la agrupación alemana ALDEAS SOS supo de la forma como Sor María Rosa trabajaba ayudando a rescatar a los niños en situación de abandono, la escogió para que con el nombre de Aldeas SOS trabajara con los niños, nada más que los dirigentes alemanes no entendieron la magnitud de la obra de Sor María Rosa, poniéndole como límite que trabajara con un determinado número de niños, condición que Sor María Rosa rechazó, como era de esperarse, porque como se los explicó, ella no podía aceptar que Aldeas SOS le impusiera trabajar solo con un pequeño número de niños, existiendo centenares de pequeños que urgían de una mano protectora. Y sucedió la ruptura inevitable entre Sor María Rosa y Aldeas SOS. Sor María les pidió a los alemanes que siguieran ellos con el proyecto en Honduras, porque era necesario, nada más que con otras personas al frente.

Así fue como Sor María Rosa se separó de Aldeas SOS, pasando a fundar SOCIEDAD AMIGOS DE LOS NIÑOS, con la que habría de proseguir su obra bienhechora con miles de niños, apoyada por empresarios con alma y espíritu caritativo, reconocidos en el ámbito nacional como el recordado don Pedro Atala Simón, don Salomón Kafati, don José Rafael Ferrari y don Manuel Villeda Toledo. Con el apoyo de estos notables hondureños, Sor María Rosa extendió su obra a lugares circunvecinos, construyendo pequeñas ciudades donde les dio cabida a las madres solteras, que sin su apoyo hubieran terminado en las garras de la perdición, arrastrando a hijos sin porvenir.

En Morocelí, Sor María Rosa manejó un proyecto de madres solteras, en el que las mujeres trabajaban en labores agrícolas, mientras sus niños asistían a la escuela de la pequeña villa. De esto estamos hablando hace más de 30 años, en los que Sor María fue un soporte importante para otras obras de gran trascendencia como Teletón, donde era una grandiosa motivadora cocinando los alimentos para un verdadero tropel de voluntarios que se entregaban a las 27 horas de amor más provechosas, en las que el reto era conseguir una meta de recaudación para construir, equipar y mantener los seis centros de rehabilitación que funcionan en Tegucigalpa, SPS, Santa Rosa de Copán, La Esperanza, Choluteca y Catacamas.

En todas estas obras Sor María Rosa se manejó con respeto y afecto, sin desfallecer, aun en las circunstancias más difíciles cuando las mismas autoridades le impedían el ingreso de las donaciones en ropa que recibía de los cooperantes del exterior, como una forma de captar ingresos para mantener la inmensa obra. Un trabajo de incalculables esfuerzos de toda una vida dedicada a rescatar niños, a formarlos junto a sus madres abandonadas, que como en el poema, una vez lloraron un cariño que les dejó arrastrando un niño, o varios, que no sabían cómo mantener hasta que en su vida apareció la figura luminosa de Sor María Rosa.

Hasta que, como a todos los humanos le llegó la época de las enfermedades que diezman más al cuerpo por el desgaste que por el trabajo; estuvimos con ella platicando, acompañados de una comida, de las comidas sencillas hondureñas que elaboraban en su cocina las que un día fueron sus niñas protegidas en sus proyectos. Sobrellevó su enfermedad con una alegría espiritual admirable, esta última vez que la vimos a principio de este año, me dijo que había disfrutado la vida sirviendo especialmente a los niños, por lo cuales nunca perdió la fe en DIOS de verlos convertidos en profesionales de provecho, para ellos y para el país.

A lo largo de su vida Sor María Rosa nunca se dejó vencer por los egoísmos que algunas veces buscaron interponerse en su obra, sin ninguna razón, porque ella era un alma hondureña al servicio de DIOS, que nunca sacó el mínimo de aprovechamiento de su obra, toda estuvo consagrada a los niños y a sus madres abandonadas. Tampoco sucumbió a las divisiones religiosas, su conciencia individual fue eminentemente cristiana para servir a los necesitados. Para ella la única razón de vivir era servir y ayudar. La vida de Sor María Rosa Leggol es un ejemplo de entrega, servicio y amistad, habiendo demostrado en toda su vida que no es necesario ser poderoso para ayudar y servir a quien lo necesita, especialmente a los niños desprotegidos.

Hoy Sor María Rosa se encuentra en espera que el Divino Creador le dé su autorización para partir a la eternidad, con la tranquilidad espiritual que se lleva al sentirse inmensamente satisfecha por haber servido tanto a miles de niños que hoy son profesionales de mucho provecho para sus familias y para Honduras.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 14 de octubre de 2020.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *