¿Un sicario hondureño?

septiembre 4, 2018

Columna Última línea de Juan Ramón Martínez

 

Honduras



Aunque a Martha Alegría no le gustó mi artículo en que afirmaba que los ataques en contra del Cardenal Rodríguez Maradiaga, eran una expresión de la resistencia en contra de las reformas de la Curia Romana, emprendida por el Papa Francisco, desde el momento en que inició su pontificado, después que los “lobos” del Vaticano, obligaran a Benedicto XVII a renunciar, los hechos han venido a confirmarlo. Ahora, es un ex nuncio en USA, Carlo María Veganó, el que en un panfleto escrito por un periodista italiano de derecha, acusa al Papa Francisco y al Cardenal Rodríguez Maradiaga, de encubrimiento de un ex Cardenal, al que Francisco, le impuso una sanción excepcional: despojarlo de la dignidad de Cardenal. El fin, obligarlo a que renuncie al papado católico. Y de Vicario de Cristo en la tierra.

No soy “vaticanista”. Simple lector de la historia de la Iglesia Católica, a la que me siento ligado emocionalmente, no tanto por los sacerdotes, sino que por las enseñanzas de mi madre, doña Mencha, que me enseñó el camino de Jesucristo, que debía seguir en la vida y más allá. Además, tengo lecturas y conocimientos sobre la organización de la Iglesia. Con Hans Kung y Ratzinger, he aprendido teología. Y aquí, he efectuado una investigación sobre las relaciones de la Iglesia y el Gobierno. Y, en momentos de crisis de esas relaciones, he estado al lado de los obispos. He estado varias veces en Roma y, siempre he visitado la ciudad del Vaticano, en donde, incluso en algunos momentos, he tenido algunos conocidos y saludados, dentro de la curia.

Cuando Alejandro Valladares, un protegido del Cardenal Rodríguez, fue Embajador de Honduras durante más de 25 años ante la Santa Sede, pude conocer el interior del departamento del Papa y acercarme a muchos de sus prelados más mediáticos. Y desde 1974, he tenido la oportunidad de participar en audiencias generales de Paulo VI y Juan Pablo II. Al Papa Francisco no lo he visto; pero por conversaciones con el Cardenal Rodríguez, siento que lo conozco, por lo cual experimento su cercanía, cosa que incluso, no siento con algunos curas hondureños, intoxicados de falsas vanidades.

La curia Romana que busca reformar el Papa Francisco, es una cúpula burocrática de por vida, de forma que, solo la muerte puede excluir a sus miembros. Allí no hay retiro. Y como ha ocurrido en todos los organismos religiosos del mundo, ha terminado por controlar la operación de una religión, a la cual, instrumentalizan para el gozo de sus egos. Por ello, la confrontación de los Papas Juan XXIII, Juan Pablo I, – al que dicen que le “asesinaron” — Benedicto XVII, que renunció, y ahora Francisco, siempre ha tenido un ganador: la Curia Romana, cuya fortaleza el Santo Padre, no ha podido dominar. Y mucho menos, cambiar o transformar. La resistencia que vemos, llega a la intriga, al uso de mentiras y a la descalificación más inhumana, expresión de su vocación para defenderse hasta las últimas consecuencias. Comprendo, lo que hacen en su defensa, justificados en su creencia, que son propietarios de Cristo, de sus instituciones. Y por supuesto de nosotros los feligreses, diseminados por todo el planeta.

Lo que me sorprende, debo confesarlo, son los ataques al Cardenal Rodríguez. Esta bien que por motivos políticos se le censure, especialmente desde las filas de algunos partidos pseudo marxistas que no creen en Dios. Pero lo que no puedo entender es que aquí, entre nosotros, haya un sicario mediático que quiere ensombrecer la dignidad y los prestigios de uno de los hondureños que más nos honra y representa en el exterior, el Cardenal Rodríguez. Y que la declaración la haya dado, no en Honduras, sino que en el exterior. Es decir que quiere que su efecto, sea mas fuerte que si lo hace aquí. Cuando he pedido a Roma el nombre del sicario, para enfrentarlo en la defensa del Cardenal Rodríguez, me han respondido que no conocen el nombre. Pero de todos modos, quiero dejar sentado que me indigna la injusticia, rechazo el chisme y no comulgo con las intrigas. Y mucho menos, cuando se hacen en contra del compatriota que, en términos de prestigio mundial, es el que más nos honra.

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