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Un proceso histórico

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En un país como Honduras donde casi todo lo que se ha hecho es producto de la improvisación, por lo general las cosas se hacen “al chilazo” que en buen castellano significa que, como casi todo se hace con la regla del cortoplacismo, casi nada es producto de la planeación. La idea generalizada en nuestro país es decir que necesitamos las cosas “para ayer” y en esto los hondureños somos másteres de la improvisación que es el arma letal que doblega a cualquier país, y para ser francos, Honduras se ha soportado en pie bajo los efectos de una hechura que nos caracteriza por ser una nación de artistas en la improvisación.

Por eso, hablar de un proceso de depuración de la policía es algo envidiable entre nosotros mismos porque a los hondureños nos parece que todo es imposible cuando hay que someter los proyectos al rigor de un proceso. Hace dos años comenzó el proceso de depuración de la policía en medio de la incredulidad natural que hay en un país donde vivimos la cultura de la chapuza, y ¿quién iba a pensar que el proceso de depuración policial resistiría el peso de dos años?, que se han hecho largos, aunque a decir verdad es todavía muy poco tiempo para pensar que ya tenemos la policía ideal.

El proceso de depuración de la policía al cabo de dos años ha logrado mejorar la constitución del cuerpo policial, gracias a que la comisión, integrada por tres ciudadanos valientes que han expuesto su seguridad y la de su familia, en medio de los embates de la crítica cizañosa de los sectores de izquierda y de compatriotas ingenuos, que no tienen idea siquiera del trabajo que ha significado depurar a la policía. Es un proceso que se ha llevado a cabo como toda una catarsis, que si la comparamos con otras misiones arriesgadas, depurar una policía es casi igual a soportar los efectos de una bomba nuclear que termina con vidas humanas y con obras de piedra.

Quién iba a decir que tres hondureños de trayectoria modesta, un pastor evangélico, un dirigente de sociedad civil y una abogada experimentad solo en la función pública, serían los tres ciudadanos responsables que cargarían con el peso de una cruz, como era sacar la corrupción de la policía, donde miles de sus miembros se habían enrolado en actividades delictivas, poniendo el aparato policial al servicio de los grupos criminales. A duras penas, del tronco policial se rescataban unas cuantas ramas, porque el resto había doblado las rodillas al prestarse a los tejemanejes alrededor de las agrupaciones dedicadas a las actividades ilícitas.

Contra la idea generalizada de que no había por donde entrarle a la depuración policial, fue fundamental la decisión política del mandatario hondureño Hernández Alvarado, de acabar con los grupos policiales corruptos, algo que requería de un proceso no de corto tiempo, y en el que, el mismo gobernante exponía el pellejo junto a los comisionados depuradores. Y al cabo de dos años, gobernante y depuradores han sido capaces de salir vivos, aunque seriamente amenazados de ser víctimas de los grupos que han resultado tocados.

Ha sido toda una catarsis este proceso, que ha significado desafiar a la Ley de Murphy, que dentro de las posibilidades manda que todo lo que puede salir mal, saldrá mal. Para el caso, en la administración de Mel Zelaya fueron incorporados a la policía más de tres mil hombres, sin someterlos a los exámenes de rigor que requiere un aspirante a policía. Eso explica porqué al cabo del corto tiempo la policía estaba gravemente contaminada con las fuerzas antisociales a las que debe enfrentarse en procura del orden público.

Por supuesto que el proceso de depuración no ha sido perfecto, ha tenido sus pequeñas fallas, pero estas no empañan el resultado obtenido ni el valor y la energía de los depuradores, que tuvieron que renunciar a la libertad personal, igual que sus familias, sabiendo que al aceptar esa misión, asumían una nueva realidad para sus vidas, de manera que quedarían marcados por el resto de sus vidas por una serie de personas que al ser separados de la policía se convirtieron en sus arteros enemigos, de ellos y sus familiares.

No podría exagerarse pensando que tenemos hoy una policía perfecta, lo que se ha logrado es una nueva policía, que no es fruto de la casualidad ni de la improvisación sino de un proceso de depuración. Todavía en el tronco policial se perciben algunas pocas ramas corroídas, que la continuación del proceso se encargará de cortarlas del todo para que no contaminen al tronco nuevo. Porque el proceso depurador debe continuar, queda todavía mucho por hacer, lo que no debe hacer el gobierno es volver al quietismo anacrónico de creer que al estar en mejor condición la policía, es suficiente para conformarse.

Pero lo que si estamos percibiendo como ciudadanos es que, lo que antes era sinónimo de desconfianza, poco a poco, a fuerza de movimiento y de acciones que demuestran que los agentes policiales de hoy están trabajando del lado del bien, hace que la ciudadanía se de cuenta que la presencia de un policía por lo menos ya no despierta temor. Por eso nos atrevemos a decir que este proceso de depuración policial ha sido toda una catarsis atrevida, porque depurar una policía contaminada, no es cosa de soplar botellas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 11 de abril de 2018.