Un país herido pero unido

noviembre 6, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La tormenta tropical ETA nos provocó heridas tanto en la población como en el aparato productivo después de constatarse los daños sucedidos en dos días de intensos aguaceros. Hay lecciones de las cuales tenemos que aprender para prepararnos, porque no es consecuente para el país quedarnos lamentando los daños sin levantar la vista para ver hacia el futuro y prepararnos para los próximos eventos meteorológicos que nos habrán de azotar conforme ocurran los ciclos de tormentas de los próximos años.



Por ahora es encomiable la reacción de las autoridades, la disposición de las demás instituciones del país, el ofrecimiento del sector empresarial y de otras organizaciones sociales como la Asociación de medios de comunicación que están coordinado acciones para coadyuvar en un frente común todas las iniciativas que sean necesarias para trabajar en un plan de apoyo, en primer lugar para salvar vidas y prestar auxilio a los miles de compatriotas damnificados y de manera simultánea crear las condiciones para rescatar el aparato productivo del inmenso Valle de Sula que es el que más ha sufrido por las inundaciones.

Como decíamos, hay varias lecciones que debemos tomar de esta experiencia meteorológica, una de ellas es la extraña actitud de ciertas personas que parecieran alegrarse cuando ven que obras importantes resultan dañadas por la naturaleza, como cuando un puente quedó fracturado parcialmente, algo que perjudica a todos por igual pero que a esas personas les provocó alegría y celebración, como si la caída del puente les favoreciera. Ya en otras ocasiones hemos visto esta extraña muestra de desafecto por el país, de personas que destruyen bienes nacionales con un vandalismo degenerado, al tiempo que agreden propiedades privadas, acciones que han tenido lugar en medio de manifestaciones de sectores radicalizados que disfrutan destruyendo obras públicas y privadas.

Cuando el puente de Chamelecón lo arrastraba el Río Ulúa en el video se escucharon gritos de alegría, es la misma clase de gente con mente trasnochada que pareciera tener un clímax especial cuando observan que se destruye algo valioso para el país. Desde luego que esos pequeños reductos que ha cultivado el sectarismo ideológico no representan el pensamiento de la mayoría de los hondureños que quedamos conmovidos al ver la destrucción de cualquier obra que tiene un valor para la vida cultural de nuestro país.

Pero hay una lección que es la más importante de todas, y es la acción positiva de instituciones determinantes para la vida nacional como las Fuerzas Armadas, que en estas últimas 48 horas han desplegado una intensa labor de rescate por los lugares más afectados por las inundaciones. Así hemos visto a los militares socorriendo a personas mayores, niños y personas desvalidas que permanecieron refugiados en lugares altos por más de 24 horas.

Esta vez no debemos esperar que solo sean las autoridades civiles y los militares los que afronten los efectos de la depresión tropical, porque también nos corresponde al resto de los ciudadanos asumir tareas que ayudan a que el país pueda salir adelante. Lo que no procede es asumir una posición pasiva, el horrible papel en que los hondureños esperamos del Estado hasta que nos amarre los cordones de los zapatos. El problema es que a los hondureños nos gusta tener al gobierno hasta en la sopa. No se puede llevar al país hacia la opulencia pensando que el gobierno debe hacerlo todo, hay situaciones como esta en que la musculatura del Estado la fortalecemos todos los ciudadanos, basta solamente con un poco de nuestro apoyo, que al juntarse con el de la mayoría de los hondureños se convierte en un respaldo grandioso que motiva a las autoridades, a las instituciones y a los organismos a trabajar con denuedo y a manejar los recursos con transparencia, porque entre más se involucra la población más se compromete a los sectores oficiales a que hagan bien las cosas y a que empleen con transparencia los recursos para hacer todas las tareas con las manos puras.

Recordamos como si fuera ayer los daños espantosos causados por el Huracán Mitch, la colaboración entregada de los militares mexicanos con los militares hondureños en las labores de limpieza de varios sectores, mientras numerosas personas de brazos cruzados se conformaban con ver aquel trabajo incesante pero sin prestar una pizca de ayuda. Los hondureños somos una nación con virtudes extraordinarias, pero todavía nos falta aportar algo más para sacar adelante a nuestro país cuando sufre por las catástrofes naturales que nos dañan más por lo que hemos dejado de hacer para prepararnos para que estas eventualidades meteorológicas no destruyan el aparato productivo más de lo que su fuerza es capaz de hacer.

A  las tormentas no se les puede domeñar, pero se pueden atenuar y hasta aprovechar su fuerza natural para encausarla en beneficio de las zonas agrícolas que son las que más debemos cuidar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 6 de noviembre 2020.

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