Un pacto fiscal

julio 23, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS



La historia de la humanidad está llena de pactos que se han suscrito porque han sido indispensables para lograr la estabilidad de las sociedades y de los países. Hay pactos de caballeros, pactos de sangre, pactos de arrepentimiento, pactos de familia, pactos de compradores, pactos de no agresión, pactos de no pedir, pactos de preferencia, pactos de sobrevivencia, pactos matrimoniales, pactos políticos y pactos sociales. Entre estos últimos está el pacto fiscal.

Un pacto en esencia es un acuerdo y sobretodo, un pacto fiscal, es un acuerdo de nación entre los distintos sectores, con el objetivo de definir el monto, origen y destino de los recursos que percibe el Estado, para poder atender todas las funciones y obligaciones que establece la Constitución de la República. Según la CEPAL, organismo regional que se especializa en la economía de América Latina, un pacto fiscal debe fomentar una cultura de gestión pública, mediante la consolidación de criterios de eficiencia en la administración de los recursos.

Hay muchos como diversos criterios al momento de idealizar un pacto fiscal, según sea la óptica política con que se observe la situación de un país. Para Honduras en estos momentos, en nuestra forma de pensar, un pacto fiscal debe ser un acuerdo de nación entre la mayoría posible de los sectores de la sociedad, para lograr la estabilidad del proceso nacional y la marcha progresiva que necesita Honduras. Hace ratos que Honduras requiere de un pacto fiscal, pero es hasta ahora por el apremio de la exigencia de los transportistas, que el gobierno ha convocado a una buena cantidad de sectores para iniciar lo que en un principio podría ser un acuerdo sectorial, que podría culminar en un verdadero pacto social.

Los empresarios del transporte han lanzado el anzuelo de pescar para ver qué consiguen, sin embargo, no es asunto de bajar el costo de los combustibles para favorecer al pueblo, porque ellos, bobos no son, saben a la perfección que el presupuesto nacional se sustenta en gran parte por los impuestos y tributos de toda clase que percibe el gobierno, y que si los dejara de percibir tendría que dejar desatendidas muchas tareas sociales en salud, educación e inversiones de diversa índole. Al final, una tarascada al impuesto de los combustibles es más el daño social que causaría a la población, que los mínimos beneficios que se llevaría el sector transporte.

El acuerdo sectorial que ha comenzado el gobierno, si se quiere que sea algo serio, debe hacerse como un compromiso de trabajo formado por las distintas fuerzas políticas y sociales con el acompañamiento inductor de organismos especializados, a fin de establecer un diálogo dinámico que permita darle un tratamiento efectivo y sustentado a los problemas más importantes de la realidad hondureña, que datan desde hace mucho tiempo, y para los cuales no se han logrado las soluciones vitales.

Hay cinco aspectos que ameritan ser tratados en un pacto fiscal: 1) la seguridad pública para lograr la meta de la convivencia ciudadana, 2) establecer las reglas para el crecimiento económico, desarrollo social y finanzas públicas, 3) educación para la productividad, 4) fortalecimiento del sistema democrático para lograr la tolerancia, y 5) desarrollo de un sistema de salud pública digna e integral. Esta es la agenda convincente, en la que los actores participantes asuman el compromiso ciudadano de que, lo importante desde el primer momento es el bienestar general  de los hondureños. La tarea en un pacto fiscal no es para fijar la inversión para el beneficio de un determinado sector; el pacto fiscal lo que busca es la correcta y justa inversión del presupuesto nacional, de una manera racional para que la tarea del gobierno como administrador de los recursos del Estado hondureño se haga con una metodología de trabajo, con criterios y políticas bien definidas, estableciendo los mecanismos de avance para el tratamiento de los problemas de país.

Los problemas del país no se arreglan mochando impuestos que son esenciales para cuadrar el presupuesto nacional. En cambio, si a través del acuerdo sectorial se pudiera llegar a un pacto fiscal, se produciría en Honduras la primera interacción constructiva con la participación de los distintos actores nacionales, con la ventaja que al suscribir el pacto fiscal, con la participación ciudadana de diversos sectores se garantizaría la consistencia de lo que se acuerde.

Dejar de pagar impuestos no es la solución, porque si se hiciera, el Estado hondureño se vendría a pique. Un famoso clásico anglosajón, Daniel Defoe, dijo que en el mundo solo hay dos cosas ciertas: la muerte y los impuestos, que aunque no queramos hay que pagarlos porque no queda otro remedio, aunque los gobiernos deben ser prudentes en el manejo tributario, procurando que los impuestos no estrangulen a los contribuyentes.  Porque los impuestos draconianos terminan por llevar al fracaso a las empresas, igual que en la moraleja del cuento de matar a la gallina de los huevos de oro.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 23 de julio de 2018.

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