Un manual para la ofensa

septiembre 9, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Yo soy de los que no aplaudo ni celebro los ajustes que los diputados le han hecho al nuevo Código Penal, por presiones de diferentes sectores, especialmente por parte del CPH. Siento por esta vez no estar de acuerdo con mis colegas del Colegio de Periodistas de Honduras, porque sinceramente creo que con este ajuste Honduras no gana, por el contrario, pierde, al tener un testamento penal que no servirá de mucho para frenar la oleada de ofensas y vituperios que han sustituido el discurso honorable, el debate de altura y la crítica respetuosa, por una vituperante chocarrería de insultos, que algunos medios les ha permitido a sus periodistas para ganarse la audiencia de la más baja estofa moral, que es aquella que brinda y le rinde pleitesía al agravio y al denuesto.



Es cierto que ninguna ley no debe tener como fin supremo coartar las más sagrada de las libertades como es la libertad de expresión, pero, el problema es más por el libertinaje que permite el sistema democrático en que vivimos, en que la libertad es confundida con el libertinaje, y cuando no existe una contención legal para evitar este salto peligroso que es pasar de la libertad al libertinaje, lo que ocurre en la práctica en algunos programas radiales y televisivos es una descomposición inmoral de lo más grave, de ofensas, injurias y calumnias, que puede llevar a desenfrenar a las personas desbocadas, que creen que por tener un micrófono y una cámara a su disposición, pueden destrozar el honor de las personas que quieran, y si no hay un detente legal, pronto tendremos en Honduras una carnicería radial y televisiva, porque habiendo solo sanciones de tipo civil, los que se creen dueños de la artillería del micrófono, con anticipación se sentirán impunes, y pronto veremos lo que es destazar la honra de las personas.

Esto es muy peligroso para la estabilidad social y emocional de la sociedad hondureña, porque en los últimos años se creó una especie de linchamiento a través de esta clase de programas, en los que no hubo límites para referirse a ciertas personas que, por haber desempeñado cargos en organismos operadores de justicia, efectuando investigaciones y aportando pruebas sobre hechos determinados, se les sometió a un bombardeo con el propósito de destruirlos moral y socialmente. Un país deja inerme a su sociedad, cuando en aras de ciertas libertades que si bien son esenciales como la libertad de expresión, permite a ciertas personas que se aprovechan para lanzar ataques verbales sin el mínimo de recato, matar a mansalva desde los micrófonos y las cámaras convertidas en cañones, que supuestamente deben estar reservadas para profesionales de la comunicación que se precien ser responsables.

Escuece, como cuando una quemadura produce el dolor más agudo, ver a Honduras convertida en un escenario del manoseo, por medio de la invocación de derechos legítimos, como la libertad de expresión, de la que nos servimos los periodistas que asumimos con el mayor esmero de responsabilidad el oficio de informar e interpretar los acontecimientos de la vida nacional e internacional, sin pretender erigirnos jueces de las acciones de los demás, asumiendo posiciones con el respeto que nos demandan las leyes, sabiendo que en el momento que nos referimos a hechos protagonizados por funcionarios públicos, como respuesta podemos ser demandados. Y en ese momento no nos queda más que comparecer ante la ley y plantear nuestros argumentos del porqué de nuestras críticas. Un periodista que desempeña el oficio correctamente, no tendrá temor de que haya sanciones penales para las injurias y las calumnias, porque en cualquier tribunal es fácil demostrar lo que es una crítica frente a la gravedad de una injuria y una calumnia.

Facilitar que los injuriadores y los calumniadores de oficio se escuden en el hecho de que, después de haber ofendido a las personas con las peores injurias y calumnias, solo serán sancionados por la vía civil, es una salida, un escapismo sensacional para los que han hecho del periodismo una trinchera para vivir de la ofensa encarnizada. Todos los que ejercen el periodismo con ese estilo temerario, o tienen programas de radio y televisión haciendo periodismo de alcantarilla, estarán encantados una vez que el Congreso Nacional decidió despenalizar la injuria y la calumnia.

Por el contrario, a nosotros nos entristece este logro que le atribuyen a la despenalización de la injuria y a la difamación, porque en el fondo es un éxito, pero un éxito flagrante en desmedro del honor y la moralidad de las personas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 9 de septiembre de 2019.