Un maestro abnegado es agente de cambio

septiembre 17, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Un maestro que cumple con abnegación su trabajo educativo en el aula o fuera de ella, es el agente transformador más importante que hay en una sociedad. Y los hay en Honduras, que laboran casi invisibles para la mayoría de los hondureños, que por lo general son los profesores que se sumergen en escuelas improvisadas en los sitios más escondidos, a donde han sido enviados por el sistema educativo a desempeñar una plaza donde no existen las mejores condiciones pedagógicas, pero, como la entrega y el deseo de cumplir su trabajo es muy superior a las adversidades que hay en los sitios remotos donde tener una escuelita es toda una dicha que los hace feliz, estos verdaderos adalides de la educación no arrugan la cara ni se detienen en el cumplimiento de su deber, incluso enfrentando la incomprensión y la ineficiencia de las autoridades educativas que ni siquiera se percatan si los salarios de estos héroes de la educación son despachados a tiempo.



Conocimos estos vericuetos de la educación en los años en que colaboramos como observadores voluntarios del Programa de Educación Comunitaria PROHECO que presidió nuestro amigo y colega Armando Euceda, siendo viceministro de Educación en el gobierno de Carlos Flores, quien tuvo la iniciativa en su gobierno de crear ese afortunado programa que extendió la cobertura educativa a más de 2,500 comunidades donde antes no había escuela ni maestro. Y en el correr de los años pusimos toda nuestra observación periodística en aquellos maestros que son identificados por realizar verdaderas proezas, sobre todo en el área rural, donde han sido captados maestros y maestras realizando su trabajo educativo a lomo de caballo o de mula, o en motocicleta, para llegar no a uno sino a varios destinos a la vez donde hay niños esperando ansiosamente la llegada del maestro ambulante, que es tan feliz como los mismos niños para producir ese maravilloso encuentro donde junto a los niños concretan esa alianza de felicidad que nace cuando se funden en el dúo maravilloso que solo es capaz de producir el proceso enseñanza-aprendizaje.

Antes de la pandemia ya habíamos visto otros momentos que excepcionalmente hacían brotar los desplazamientos de los maestros abnegados con mucho fulgor y brillo, porque los citadinos pensamos que mientras estamos materialmente escondidos en nuestras casas, haciendo cómodamente teletrabajo, los compatriotas en el área rural también estaban escondidos capeando la peste, refugiados en sus casas, pero tan equivocados como faltos de visión social no éramos capaces de comprender que hay personas que arriesgan todo por cumplir con un deber sagrado. Uno de ellos es la labor agrícola, gracias a la cual seguimos recibiendo los productos del campo que son vitales en la mesa para nuestra alimentación. La otra es la educación, que opuesto a lo que sucede en las escuelas públicas o privadas de las ciudades, donde se han suspendido las clases para evitar el contagio de niños y maestros, en el campo hay centenares de escuelas cerradas, pero con el admirable contraste que a cambio de no tener el aula disponible hay muchos maestros impartiendo el pan del saber en sus casas o en las casas de los niños o en patios bajo la sombra de un árbol, llevado no solo las lecciones sino algunos materiales educativos que logran agenciarse y que son de gran utilidad como los libros de lectura y textos de materias elementales en la enseñanza.

En fin, la pandemia puede haber provocado destrozos en el estado social de Honduras, pero lo que no ha podido vencer es el férreo espíritu instructivo de centenares de maestros que no se han echado atrás en el cumplimiento de su deber. Hoy hemos mostrado fotos elocuentes de varios maestros que no se arredran ante la amenaza de la pandemia, que se ponen la mascarilla, tomando sus precauciones y bajo la sombra de los árboles han hecho de un pequeño patio un sitio donde la oscuridad desaparece frente a la iluminación de la enseñanza que estos héroes de la educación se atreven a llevarles a los niños a costa de un sacrificio que escapa de la vista general de la nación.

El preámbulo de esta reflexión es para concitar la voluntad de las más altas autoridades del país: el Poder Ejecutivo y el Congreso Nacional, para rastrear sin necesidad de una lupa a todos estos abnegados maestros, que por convicción están íntimamente ligados al deseo de llevar el pan del saber a los niños que viven en aldeas y caseríos de la zona rural. Algo que conocimos en el propio sitio cuando acompañamos al director de PROHECO a observar el desempeño de los maestros en esos lugares tan apartados donde surgen estudiantes aventajados, alimentados con el deseo de superación, a veces mayor que el de los niños de las ciudades que asisten a las escuelas mejor dotadas del país, y viviendo en un ambiente plagado de comodidades.

Consideramos que para los verdaderos maestros, aquellos que viven embargados por la abnegación de enseñar aún en el ambiente más amenazado como el que vivimos bajo el acecho de la pandemia del COVID-19, no hay mejores ni peores momentos, lo único que cuenta para ellos es el deber al que se adscribieron en el momento de convertirse en heraldos de la educación y la enseñanza, combinado con la necesidad de aprender que manifiestan miles de niños que viven en hogares donde no hay televisión ni internet, pero que por estas carencias no han dejado de intuir que su vida será muy limitada si se quedan al margen de la educación, comprendiendo que sin la enseñanza lo que les depara es una existencia marginada de los avances de la tecnología, la ciencia y la investigación.

Hay datos que demuestran indiscutiblemente que la mayoría de los profesionales que llegan a ocupar los sitiales públicos más encumbrados son estos niños que provienen de la zona rural. Igual que somos la mayoría de los que ocupamos sitiales que procedemos de las ciudades más apartadas de los centros neurálgicos del país. Casi todos hemos sido formados por maestros que tienen la sagrada condición de ser abnegados en el cumplimiento del deber educativo, maestros que durante toda su vida demostraron vivir para la educación, diferentes a otros que viven de la educación.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 17 de septiembre de 2020.

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