Un hombre con destino

abril 4, 2017

Tegucigalpa, Honduras

El reconocimiento que han tenido los tres fiscales de los países del triángulo norte centroamericano en un evento con el fiscal general de EEUU, es una alta valoración al trabajo que han venido realizando, aunque entre ellos sobresale en forma indiscutible el  Fiscal general de nuestro país Oscar Chinchilla, que se ha convertido en un bastión en la lucha que ha emprendido el gobierno hondureño contra el crimen organizado.

Como lo que está sucediendo en esta parte del mundo, comprendida en el pequeño istmo centroamericano, es completamente inédito, los mismos habitantes no atinamos a comprender en toda su dimensión los resultados de una lucha frontal, lo que percibe la ciudadanía es a pura punta de información periodística, alguna muy bien fundada pero  otra terriblemente hilvanada por la mentalidad novelesca de los reporteros que no logran llegar al fondo del asunto, y sus notas  son una hilera de cabos sueltos,  atados en forma desperdigada con datos citados de manera reiterativa y repetitiva. Pero, como en el cuento de “peor es nada” lo que sale en las notas periodísticas da una idea de lo que está pasando en el país,  y justo es decirlo, los periódicos han desempeñado el mejor papel en la delicada tarea informativa que toca asumir a los medios en medio del combate al crimen organizado.



Quizás en esta lucha no es conveniente poner los nombres de los héroes en la punta de la lanza para que todos los ciudadanos los conozcan, porque en esta historia más vale trabajar con perfil bajo que sacando la cabeza; sin embargo el trabajo del fiscal general hondureño está muy a flor de piel y la sociedad intuye quien o quienes son los que se están fajando asumiendo una enorme cuota de riesgo, exponiendo la vida y la de su familia.

Obviamente en primer lugar está el Presidente de la República, porque todas las acciones contra el crimen organizado dependen de una sola voluntad, de una decisión suprema que reside en el titular del poder Ejecutivo. En este, como en otros tantos casos delicados, si no existe la voluntad del Presidente de la República no hay decisión para desarrollar la lucha contra sectores no convencionales en el campo delictivo, que se organizan a manera de sociedades fuera de la Ley con el fin del enriquecimiento ilícito. A este tipo de sociedad es lo que se conoce como crimen organizado, que ha llegado a adquirir tanto poder por la enormes sumas de dinero que logra percibir por diferentes  vías, trátese de narcotráfico, lavado de activos, extorsiones, etc…

Lo que se libra en Honduras,  entre autoridades y organizaciones delictivas,  es una lucha sin cuartel, una especie de guerra no convencional, porque mientras un sector, las autoridades,  operan dentro del marco de la ley, lo que los obliga a respetar los derechos humanos de la persona por muy delincuente que sea, el otro sector, el criminal, tiene la ventaja de arremeter, provocando pánico en la población, mediante la muerte indiscriminada de personas inocentes o no, de diferentes edades, lo que provoca zozobra  e inestabilidad tanto en lo social como en lo económico, porque nada desestabiliza tanto como la violencia criminal.

En esta lucha, surgen las voces disonantes, de  personas que pretendiendo asumir el papel de analistas dentro del marco progresista, critican cada acción del gobierno, asumiendo que cada paso que da la autoridad busca el efecto  mediático, efecto que es consecuencia natural, porque movilizar a 755 criminales a una cárcel más segura  por asunto estratégico,  no es algo que  pueda inventar la autoridad en el pequeño escenario hondureño, se les olvida a los críticos  que un movimiento de ese tamaño que resultó un verdadero operativo de guerra,  tiene que haber sido asesorado por estrategas de alto nivel que han participado en guerras en diferentes partes del mundo. Y si lo aconsejaron que se hiciera en forma masiva fue por algo, no fue un invento local.

En toda esta lucha, que se libra contra la horrible lacra del miedo, que no es un miedo normal como el miedo que se le tiene a una culebra o a una fiera, aparte del Presidente, hay personas con valor admirable como el Fiscal General don Oscar Chinchilla, que no es un personaje muy conocido, porque lo suyo no es andar detrás de las cámaras, lejos de eso, con afeites de apariencia discreta y sencilla, cuando le toca brindar una declaración lo hace sin el ánimo de conseguir protagonismo, porque prefiere desempeñar su papel en el ámbito de la discreción.

Hay personas y personajes con destino, para el caso un futbolista sabe que el suyo es marcar goles  para que su equipo gane y con eso el gana dinero. En cambio un fiscal general es un servidor público que está consciente que su destino no es convertirse en estrella,  aunque sabe perfectamente que a diario está  en la mirilla del peligro, porque igual que contra el Presidente de la República, contra él están dirigidas las malas miradas, de los que saben que el trabajo del Fiscal General es el que pavimenta el camino para que se pueda cumplir el objetivo del gobierno en la lucha contra el crimen organizado.

Entonces si hay un hombre con destino a la par del Presidente de la República, en esta guerra nada convencional, ese es el Fiscal General don Oscar Chinchilla. Cuando don Oscar  termine su trabajo, seremos más de ocho millones de hondureños los que estaremos en deuda por todo el riesgo que ha asumido y sigue asumiendo en procura de hacer de Honduras un país pacífico y  tranquilo. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 4 de abril de 2017.

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