Un gran paso en medio del miedo

agosto 25, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Aunque sea difícil admitirlo, el miedo se ha asentado entre nosotros en la medida que vemos el número de personas fallecidas a causa de la pandemia del COVID-19. A pesar de eso, todavía hay una inmensa cantidad de hondureños que parecieran no tenerle miedo al coronavirus, ni siquiera por el miedo justificable por el riesgo de muerte, porque hoy más que nunca, no obstante las vacunas, esa posibilidad está creciendo. El miedo ha crecido y no por suposiciones sino por las cifras de fallecidos que son confirmadas por familiares y autoridades. La excusa de que un simple catarro puede matar a una persona ya no blinda la incredulidad de aquellos que se hacían los valientes ante la pandemia, cuando ven que parientes y amigos de su entorno han caído postrados por el COVID-19 y algunos de ellos han perdido la batalla por conservar la vida.



Sin embargo, está probado que el miedo es un aliado conveniente en estas circunstancias, porque en la medida que las personas se cuidan son menos proclives a contagiarse, porque el miedo ayuda a extremar la prudencia, y la prudencia en estos tiempos es sinónimo de usar la mascarilla, guardar la distancia y mantener las manos lavadas higiénicamente. En medio del pico más alto que ha alcanzado la pandemia, estamos a punto de dar el gran paso que es la reapertura de las aulas escolares, en forma gradual, como lo están haciendo la mayoría de los países. La UNESCO, que es el organismo de las Naciones Unidas que vela por la educación, ha lanzado la excitativa a todos los países para que abran las escuelas y procedan con las clases presenciales, convencidos de que, como la inmensa mayoría de la población mundial asiste a las escuelas públicas donde hay poca conectividad de internet, la educación virtual no es una solución, de allí que se hace imprescindible la reapertura de las aulas.

Este es un paso que debe darse amparados en el miedo, que obligará a padres de familia y maestros a tomar todas las precauciones para evitar contagios en el aula y fuera de ella, pero es inevitable, porque de lo contrario nos exponemos como país a sufrir un rezago del que no podremos recuperarnos, mientras los países del área centroamericana, tomando las suficientes medidas de precaución contra el COVID-19, ya reactivaron las clases. Si nos agobia pensar que nuestros niños o maestros pueden contagiarse por un descuido y luego se le echa la culpa a las autoridades educativas, la queja no debe dirigirse a ellos sino a los mismos padres y maestros por no hacer todo lo pertinente a guardar las precauciones y la prudencia que debe tomarse, porque somos los mayores los más conscientes de lo que debe hacerse para prevenir el contagio.

Después de año y medio de permanecer cerradas escuelas y colegios públicos, todavía no es posible cuantificar cuantos miles de niños y jóvenes se han quedo sin la instrucción educativa. ¿En qué posición quedamos respecto al resto de países del istmo, del continente y del mundo? Todavía no es posible hacer un cálculo respecto al rezago que se acumula al atraso grande que tiene Honduras, pero si continuamos privilegiando debatir los asuntos políticos, por encima de todo, de seguir zambullidos en el futbol y en cambio le restamos importancia a la falta de educación escolar que no ha estado recibiendo la inmensa mayoría de nuestros niños a causa de la pandemia, es porque estamos conformes de seguir condenados a permanecer en el ranking de países miserables del planeta como clasificaba Frank Phanon a los países que están en los niveles por debajo de la pobreza, por falta de educación.

No nos podemos quedar callados y convertirnos en cómplices de los dirigentes magisteriales que rechazan el reinicio de la actividad escolar en el tiempo más difícil de la pandemia, aunque teniendo en cuenta que frente a la evolución de la pandemia en Honduras y demás países, la decisión de reabrir las aulas en forma gradual en forma presencial solo es una reapertura parcial. Pero igual que están haciendo en los demás países, la esperanza es que en la medida que avance el proceso de vacunación masiva por parte de las autoridades de salud, y guardando siempre las medidas biosanitarias, es cuestión de meses para reabrir la mayor parte de las aulas del sistema educativo público.

Cuando se cumpla el objetivo de la vacunación masiva y se tenga vacunada por lo menos un 70 por ciento de la población hondureña, es cuando será posible tener el mismo porcentaje de escuelas reabiertas a la actividad escolar.

Por ahora se ha dado el primer gran paso en firme, recordando que toda prudencia que se tome en las aulas es poca. Por este gran paso no debe haber ni agitación ni propaganda por parte de la dirigencia magisterial, que en la pandemia no dio muestras de tener un ápice de preocupación por el cierre de las aulas y por la suerte de la niñez hondureña que se quedó sin instrucción educativa.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 25 de agosto de 2021.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *