Un gran desafío

octubre 30, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El Feriado Morazánico autorizado por el gobierno, como una necesidad para reactivar la economía en procura de recuperar empleos, va más allá del disfrute vacacional porque el propósito no es que todo mundo vaya a descomponer el poco avance que se ha logrado en la gestión del coronavirus. Hay dos necesidades apremiantes: la primera es porque la economía ya está colapsada con más de seis meses de encierro y limitaciones y la reapertura del turismo es una puerta que abre múltiples oportunidades de trabajo y posibilita la recuperación de pequeños y medianos empresarios que no podrían continuar manteniendo sus empresas si el rubro turístico continúa inactivo por la cuarentena. La segunda es que, el encierro ha provocado complicaciones en la salud mental y emocional de miles de personas, que después de seis meses necesitan airearse y tener momentos de solaz y esparcimiento saludable.



El feriado es un gran desafío para todos, pero ante el caos estructural que ha creado la pandemia, después de escuchar a los virólogos del mundo que son expertos en el tratamiento que debemos dar la situación actual, coincidimos en que seguir en el confinamiento permanente es extraviarnos en un modelo que no será sostenible con la economía cerrada. Según los expertos, los de verdad, los que están en los laboratorios más calificados del mundo, la gestión del COVID-19 no debe hacerse pensando en un confinamiento permanente. Lo que procede es que las personas, guiados por su conciencia, prosigamos la vida querer vivir como antes, cuando no teníamos noción de lo que era una pandemia.

A estas alturas, cuando la ciudadanía debe saber que la pandemia no es asunto de juego, pero de la cual podemos defendernos si cumplimos las medidas de bioseguridad para no contagiarnos cuando salimos a algún lugar, el Feriado Morazánico es el primer desafío que se nos presenta a los hondureños para probarnos que podemos sacar toda la fuerza de voluntad en este momento difícil, para empezar a adaptarnos a una nueva era que requiere que seamos cuidadosos y actuar con disciplina cumpliendo las medidas biosanitarias.

Uno de los principales defectos que los hondureños tenemos como sociedad es que vivimos una vida dispersa y alejada del rigor, por el hecho de no haber padecido nunca una crisis de graves repercusiones como estar en medio de una guerra mundial, o estremecidos por terremotos frecuentes, lo cual nos mantuvo en la comodidad de creer que seríamos privilegiados por la eternidad, para no preocuparnos de estar sujetos a protocolos de vida como les ha sucedido a los europeos, a los asiáticos y norteamericanos. Quizás a eso se ha debido que vivamos como una nación de personas acomodadas por no haber sufrido las inclemencias graves que les ha tocado a otros países.

Estamos acostumbrado a una dispersión de competencias que surgen de todos los sectores, por el clima de libertinaje democrático en el que cada sector político quiere dar pautas sin preocuparse de conocer la realidad que vivimos como país subdesarrollado. El hecho de que el gobierno asuma un riesgo al intentar reactivar la economía por la vía del turismo es porque no hay otras puertas para recuperar empleos, en momentos dramáticos en que, por el cierre de empresas que ha dejado el confinamiento hay centenares de miles de hondureños que no tienen de que vivir por no tener un trabajo. Lo contrario sucede con los políticos, que en su mayoría viven tranquilos y cómodos de los salarios que perciben en sus cargos, salarios que proceden de fondos del Estado. Desde esa posición tranquila es una irresponsabilidad pedirle al gobierno que mantenga cerradas las trancas para que nadie salga, porque mientras ellos perciben recursos de sus cargos la gente que vive de su propia iniciativa se ahoga en los confinamientos extensos.

La realidad, sin desconocer los ribetes de peligro, es que la pandemia seguirá por más tiempo y peor nos irá si los hondureños no aprendemos a defendernos de ella. Y la forma de hacerlo no es viviendo encerrados, es aprendiendo a convivir con ella, como lo están haciendo las personas en otros países, en los cuales la gran falla que los ha llevado a una nueva oleada del virus es haber concedido demasiada libertad para que las personas vayan a bares, cantinas y otros sitios donde se forman aglomeraciones humanas.

La pandemia no permite las libertades que disfrutábamos antes, pero si las personas se protegen con las medidas elementales de bioseguridad procurando evitar el contagio, pronto los hondureños podremos sentirnos orgullosos de haber logrado iniciar una era de disciplina que al tiempo que nos permita disfrutar de necesidades humanas como el esparcimiento turístico, nos vuelva ciudadanos conscientes de que podemos vivir sin los excesos y los desbarajustes que son los extremos peligrosos para contraer el contagio. Con todo lo que han dicho los que quisieran que todo en Honduras salga mal en esta pandemia, la parte sanitaria ha sido lo mejor que ha funcionado en Honduras pese a la presión inicial que parecía que nos llevaría a perder el control en medio de una explosión viral que colapsaría nuestros hospitales.

El trabajo de los triajes y el desempeño del equipo sanitario lograron poner una contención al coronavirus, que no fue la erradicación del COVID-19, pero esa respuesta sanitaria evitó que el problema se convirtiera en una tragedia. Ahora nos toca a los hondureños demostrar que podemos crear una cultura de disciplina mediante el apego a las medidas biosanitarias. Hay que enfrentar el desafío, los hondureños tenemos que probarnos, no podemos vivir encerrados todo el tiempo, a las personas que ya decidieron salir a reencontrarse con la naturaleza les recordamos que no es tan difícil ser disciplinado. Les recomendamos escoger los sitios donde no haya aglomeraciones humanas, y tenemos centenares de lugares donde pueden disfrutar el feriado en contacto con la naturaleza.

Si logramos pasar este feriado sin mayores niveles de contagio, será el principio de la victoria sobre el coronavirus, pero para lograrlo debemos salir conscientes que el objetivo en este feriado no es buscar el virus entregándose al desenfreno y a la locura de ir a bares o discotecas que son sitios encerrados. Hay que buscar la amplitud, donde haya espacios suficientes para respirar aire puro. Nuestro organismo lo necesita y Honduras nos agradecerá este comportamiento saludable. Que este feriado nos pruebe a los hondureños, de que somos capaces de salir avante en este desafío.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 30 de octubre de 2020.

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